LLANTO POR UN BANDIDO

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LLANTO POR UN BANDIDO. 1964. 100´. Color.

Dirección: Carlos Saura; Guión: Mario Camus y Carlos Saura; Dirección de fotografía: Juan Julio Baena; Montaje: Pedro del Rey;  Música: Carlo Rustichelli; Decorados: Enrique Alarcón; Producción: José Luis Dibildos, para Ágata Films- Atlantica Cinematografica Produzione Films-Méditerranée Cinéma (España-Italia-Francia).

Intérpretes: Francisco Rabal (José María Hinojosa, El Tempranillo); Lea Massari (María); Philippe Leroy (Pedro Sánchez); Lino Ventura (El Lutos); Manuel Zarzo (Sotillo); Fernando Sánchez Polack (Antonio); Antonio Prieto (El Lero); José Manuel Martín (El Tuerto); Agustín González (Capitán Valdés); Venancio Muro (Jiménez); Rafael Romero (El Gitano); Silvia Solar, Luis Buñuel, Antonio Buero Vallejo, Gabriele Tinti, José Calvo.

Sinopsis: José María Hinojosa se une a una partida de bandoleros, liderada con mano de hierro por El Lutos. Tras un duelo a muerte, José María se convierte en el nuevo líder de la banda, y consigue ser el dueño de Sierra Morena y extender su influencia por toda Andalucía, donde tiene lugar el enfrentamiento entre las tropas del rey Fernando VII y los liberales.

Llanto por un bandido es una película que ha quedado empequeñecida por figurar entre el exitoso debut en el largometraje de Carlos Saura, Los golfos, y la obra maestra del director aragonés, La caza. El propio Saura ha expresado más de una vez su poco apego hacia este film que, sin ser uno de los mejores de su filmografía, sí posee elementos de interés más que suficientes para ser rescatado del olvido.

Vaya por delante que me interesa el tema del bandolerismo en la convulsa España del siglo XIX, y que considero que el cine español no le ha dado a este tema la importancia que merece. En muchos casos, los bandoleros se lanzaron al monte para huir de la miseria imperante en Andalucía; no pocos de ellos fueron asesinos despiadados, pero otros impartieron a su manera una justicia social que, en aquellas tierras, era del todo inexistente. Llanto por un bandido, cuyas influencias cinematográficas se hallan mucho más en el western que en otros géneros en principio más cercanos, recrea las andanzas de José María El Tempranillo, todavía muy recordadas pese a que han pasado casi dos siglos desde el fallecimiento, a los 28 años de edad, de este bandolero cordobés. El film se inicia cuando José María se echa al monte y se enrola en la partida de El Lutos, un asesino cuyo liderazgo se basa más en el miedo que en el carisma. El guión, coescrito por el director junto a otro destacado cineasta aragonés, Mario Camus, sigue de forma cronológica los hechos más destacados de la corta vida de El Tempranillo, cuyo poder al sur de Despeñaperros empequeñeció al del propio rey Fernando VII y traspasó las fronteras españolas: Merimée se hizo eco de ello y acuñó una frase que se hizo famosa (“en España gobierna el rey Fernando, pero en Sierra Morena manda El Tempranillo”), y fue retratado por artistas extranjeros, como (en una escena que puede verse en la película) el pintor inglés John Frederick Lewis.

Por lo demás, Llanto por un bandido sigue los cánones literarios y estéticos del western clásico, y destaca por la buena calidad de sus tomas exteriores (desde sus inicios, Saura es un gran creador de imágenes), en las que con frecuencia se utilizan los planos generales para mostrar la lucha del hombre en un entorno natural hostil. Especialmente bella es la escena del duelo entre José María y El Lutos, clarísimo homenaje al cuadro de Goya Duelo a garrotazos. No es que las secuencias de acción sean el punto más fuerte de Saura como director, pero las varias que hay en Llanto por un bandido están resueltas con solvencia. El film refleja también las disputas entre las tropas leales al rey más nefasto que ha tenido España en toda su historia (y ya es decir) con los rebeldes liberales. Muchos bandoleros de más edad que El Tempranillo fueron importantes en la restauración de este monarca tras la Guerra de la Independencia, pero, al igual que sucedió con las mejores mentes de este país, todos ellos se sintieron traicionados cuando, recuperado el trono, El Rey Felón impuso el absolutismo y la represión. Dominador de su mundo, El Tempranillo quiso mantenerse al margen de las luchas políticas pese a simpatizar con los liberales, y terminó por aceptar el perdón real a cambio de abandonar la lucha en la sierra. No le sirvió de mucho. Curiosamente, Fernando VII y el bandolero más famoso de su reinado murieron el mismo año, aunque sin duda es el fuera de la ley quien merece mejor recuerdo en la memoria popular. El film, en el que también merece destacarse la música de Carlo Rustichelli, es ameno a la par que descriptivo, y no es que sea un gran western, pero sí bastante mejor que la gran mayoría de films de este género que inundaron las pantallas europeas después del éxito de Por un puñado de dólares. 

Como ocurre siempre con las coproducciones, el reparto es internacional, y eso, en un film de temática tan española, hace que no todos los intérpretes extranjeros encajen como debieran. Al frente del reparto encontramos a un gran actor, Francisco Rabal, que pese a ser mayor para el papel, da perfectamente el perfil de un bandolero andaluz. Lea Massari, que interpreta a la esposa del Tempranillo, es una buena actriz que aquí se ve algo limitada por un rol algo tópico, y Philippe Leroy, uno de los actores franceses más prolíficos, me parece algo fuera de sitio en su papel de liberal que se une a los bandidos. Dentro de la parte política del film, me parece mejor el trabajo de Agustín González, que en apenas dos pinceladas compone a un perfecto militar liberal, en el fondo un ser ingenuo que cree que la justicia de su causa será suficiente para darle la victoria. Quien sí es más que adecuado para dar vida a un bandido de modos tiránicos es el gran Lino Ventura, tipo duro donde los haya. Buenas son también las interpretaciones de los actores que forman la banda de El Tempranillo, en especial las de Manolo Zarzo y Fernando Sánchez Polack. Por último, destacar los cameos de Luis Buñuel (que hace de verdugo en la primera escena del film) y del dramaturgo Antonio Buero Vallejo, ambos amigos personales de Saura.

Estimable film que aborda con buen estilo un aspecto importante de la historia de España, Llanto por un bandido no es la película que el bandolerismo merece, pero sí un logrado intento.

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