DE PALMA

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DE PALMA. 2015. 110´. Color.

Dirección: Noah Baumbach y Jake Paltrow; Guión: Noah Baumbach y Jake Paltrow; Dirección de fotografía: Jake Paltrow;  Montaje: Matt Mayer y Lauren Minnerath; Música: Miscelánea. Piezas compuestas por Bernard Herrmann, Pino Donaggio, Ennio Morricone, etc.; Producción: Noah Baumbach y Jake Paltrow, para Boxmotion-Empire Ward (EE.UU.).

Intérpretes:  Brian De Palma.

Sinopsis: El director Brian De Palma repasa su trayectoria cinematográfica.

Quienes me conocen, o quienes me leen con cierta frecuencia, saben que para mí el cine es una de las cosas verdaderamente importantes de la existencia, que entre los seres a quienes admiro se encuentran diversos cineastas, y que uno de ellos es Brian De Palma. En su filmografía hay verdaderas joyas, e incluso sus películas menos distinguidas poseen para mí un indudable interés. Leí hace tiempo el libro De Palma por De Palma, en el que el director de Nueva Jersey hablaba con una lucidez poco frecuente de su cine, y del de los demás. Por todo ello, un documental en el que este director  continuaba la tarea divulgativa emprendida en ese libro es para mí una obra de visionado obligatorio, y he de decir que no me ha decepcionado en absoluto.

El formato no puede ser más simple, pues el documental no es más que una extensa entrevista a De Palma, en la que el director repasa toda su obra mientras se van intercalando escenas de sus películas, y de aquellas obras ajenas que le marcaron (cómo no, las primeras imágenes insertadas pertenecen a Vértigo…). No hay problema: escuchar a Brian De Palma hablar de cine, y poder repasar su obra junto a él, es una gozada. Noah Baumbach y Jake Paltrow, directores, sobre todo el primero, de interesante trayectoria, sólo necesitan que De Palma (a quien hay que agradecerle su franqueza a la hora de mencionar sus fuentes de inspiración) explique su cine para hacer un documental de lo más interesante. Dado el pertinaz enfrentamiento entre De Palma y una parte no precisamente pequeña de la crítica cinematográfica, el hecho de que Baumbach sea hijo de dos personas dedicadas a esa profesión no deja de resultar curioso… quizá sea la forma que ha encontrado este hombre de redimirse de su pecado original, porque lo cierto es que incluso muchas de las mejores películas de Brian De Palma (Vestida para matar, El precio del poder, Atrapado por su pasado) recibieron en su momento un buen número de críticas feroces, que dicen bastante más de quienes las escribieron que del director, pero que en ocasiones llegaron a condicionar la acogida popular de esas obras (maestras, a mi entender). Como el propio entrevistado se encarga de repetir, nunca terminó de encajar en el sistema de producción de los grandes estudios, y de hecho, a excepción de la fallida Beeman el Magnífico, sus diez primeros films, muchos de ellos claramente experimentales, fueron financiados de manera independiente. De ellos, los dos últimos (Hermanas y El fantasma del Paraíso) le situaron de lleno entre lo más interesante del panorama cinematográfico de los brillantes años 70, junto a sus amigos Scorsese, Coppola o Spielberg. El rotundo éxito de Carrie marcó el primer gran punto álgido de una trayectoria que siempre se ha movido, en cuanto a la acogida de sus obras, como una montaña rusa de pronunciados altibajos. De Palma habla de sus éxitos y sus fracasos, de lo que pretendía conseguir con cada una de sus películas y de lo cerca o lejos que se quedó, en cada caso, de su objetivo.  Teniendo en cuenta que se trata de un autor maltratado, que no oculta su decepción por la tibia respuesta a algunas de sus obras más queridas, como Corazones de hierro, Snake eyes o Atrapado por su pasado (“no puedo hacer una película mejor que ésta”, recuerda haber pensado De Palma al no recibir, en el pase de la película en el festival de Berlín, la entusiasta ovación esperada), también hay espacio para la autocrítica (por ejemplo, por no haber hecho una adaptación más dura de La hoguera de las vanidades, tal vez el gran fiasco de su carrera), para la diversión, al recordar anécdotas de sus rodajes, como las perrerías que le hizo Sean Penn a Michael J. Fox en la filmación de Corazones de hierro, y para la reflexión, como cuando el director, que se trasladó a Europa después de otro fracaso, Misión a Marte, explica que a él, como a la práctica totalidad de los directores de cine, no se le recordará por las películas realizadas después de cumplir los 60 años de edad, sino por las hechas en las tres décadas anteriores. De hecho, el análisis de los cuatro últimos largometrajes del director (entre los que se encuentra un film que me gusta mucho, Femme fatale) apenas ocupa diez minutos de este documental, cuyo aparente minimalismo (en abierto contraste con el estilo del entrevistado, cineasta excesivo y siempre barroco en lo visual) no empaña su calidad: pongan un micrófono y una cámara a Brian De Palma, permítanle hablar de su arte, y obtendrán una gran lección de cine.

 

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