AL LÍMITE

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BRINGING OUT THE DEAD. 1999. 123´. Color. 

Dirección: Martin Scorsese; Guión: Paul Schrader, basado en la novela de Joe Connelly; Director de fotografía: Robert Richardson;  Montaje: Thelma Schoonmaker; Música: Elmer Bernstein; Diseño de producción: Dante Ferretti; Dirección artística: Robert Guerra; Producción: Scott Rudin y Barbara De Fina, para De Fina/Cappa- Touchstone Pictures-Paramount Pictures (EE.UU.).

Intérpretes: Nicolas Cage (Frank Pierce); Patricia Arquette (Mary Baker); John Goodman (Larry); Ving Rhames (Marcus); Tom Sizemore (Tom Wolls); Marc Anthony (Noel); Mary Beth Hurt (Enfermera Constance); Cliff Curtis (Cy Coates); Néstor Serrano (Dr. Hazmat); Aida Turturro (Enfermera Crupp); Sonja Sohn (Kanita); Cynthia Roman (Rose); Afemo Omilami (Criss); Cullen Oliver Johnson (Mr. Burke); Arthur Nascarella, Martin Scorsese, Queen Latifah, Julyana Soelistyo, Phyllis Somerville, Larry Fessenden, John Heffernan, Charlene Hunter.

Sinopsis: Frank es conductor de ambulancias, y trabaja de noche en uno de los barrios más deprimidos de Nueva York. Su rutina diaria le lleva a convivir constantemente con la muerte, lo que le lleva a una crisis por llevar varios meses seguidos intentando salvar a personas que luego no consiguen sobrevivir.

Para reponerse del fracaso comercial y artístico que supuso Kundun, Martin Scorsese regresó a sus orígenes con Al límite, una película que en muchísimos aspectos remite a una de las obras mayores del director neoyorquino, Taxi driver. Como sucedía en aquel mítico film, en Al límite nos encontramos con un ser humano que cada noche, al volante (en este caso, de una ambulancia), se enfrenta cara a cara con lo más degradado de la existencia urbana mientras trata de encontrar su propia redención.  El Nueva York más decadente, un conductor que busca una salida noche tras noche, el guión de Paul Schrader… no obstante, las similitudes con Taxi driver no hicieron que Al límite repitiera el éxito de su predecesora. De hecho, no pocos cinéfilos (entre quienes me incluyo) la consideran una de las películas más injustamente minusvaloradas de la trayectoria de Scorsese.

En pocos oficios se necesita tanto estómago como en el de conductor de ambulancias. A Frank Pierce le gustaba ese trabajo pero, después de unos meses de mala racha, en los que todas las personas que recoge acaban muriéndose, sus demonios empiezan a aparecer en forma de hastío, insomnio y whisky, o con el rostro de Rose, una joven sin techo a la que no consiguió, quizá por impericia, rescatar de la muerte. En mitad de su naufragio, del frenético ir y venir por calles abandonadas a su suerte de cada noche, Frank encuentra en Mary Burke, la hija de un paciente en coma, la posibilidad de redención que tanto ansía, porque él es un hombre solo, perdido, del todo superado por el choque entre la visión diaria de lo más trágico de la existencia y lo poco que un solo hombre puede hacer para ponerle remedio. Frank patrulla casi siempre en el barrio en el que creció, atiborrado de putas, adictos a drogas cada vez más destructivas, personas sin hogar, locos, alcohólicos e individuos que reúnen varias de las características mencionadas. El tipo de atención médica a la que estos seres olvidados pueden acceder es fácil de imaginar: auténticos hospitales de campaña, escasos de personal y de medios técnicos, en los que uno puede pasarse horas desangrándose en el pasillo sin que nadie le atienda. Que es a lo que vamos por aquí, todo hay que decirlo. Quienes trabajan en mitad de ese caos lo sobrellevan como pueden, cada cual a su manera, ya sea marcando distancias entre ellos y su entorno, buscando cobijo en la religión, sumergiéndose con entusiasmo en la locura o, como hace Frank, intentando aportar luz a la negrura que le rodea.

Al límite es a la vez adrenalínica y reflexiva, con diversas incursiones en el humor negro que uno agradece porque, nos pongamos como nos pongamos, la vida es tragicómica. Schrader recupera esa inspiración que por momentos parecía perdida y crea un libreto en el que no falta ni sobra nada: los personajes están muy bien definidos, se expresan con esa ingeniosa naturalidad que sólo existe en las películas de alto nivel e incluso la voz en off del protagonista es más enriquecedora que redundante. Se retrata a la perfección el contraste entre el frenetismo de la velocidad, las sirenas y los primeros auxilios con el vacío entre servicio y servicio. Además, se incluye una alusión explícita a la eutanasia, que tal vez sea la primera en el cine comercial norteamericano, y la historia de amor, al contrario de lo que suele suceder en esa industria, no chirría.

Podría resumir los comentarios sobre la técnica del film con dos palabras: Martin Scorsese. La fotografía (del gran Robert Richardson), el montaje y la dirección artística responden a las altas expectativas que siempre genera una obra dirigida por uno de los mejores cineastas del último medio siglo (como poco). Por supuesto, la banda sonora es una enciclopedia musical, en la que brillan nombres como los de Van Morrison, Frank Sinatra y The Clash. Los virtuosos movimientos de cámara, que llaman especialmente la atención en la escena del accidente de ambulancia, no son gratuitos, pues están diseñados para reflejar mejor el mundo de la noche en los barrios pobres o el frenesí de los hospitales colapsados.

Y sí, Nicolas Cage está realmente bien, siendo ésta una de las mejores interpretaciones de su singular carrera, pues consigue que la simbiosis entre actor y personaje sea perfecta. Patricia Arquette, actriz de moda en aquellos años, nunca me ha acabado de convencer, pero a las órdenes de Scorsese da lo mejor de sí misma, sin llegar al nivel de Cage, ni de secundarios de lujo como John Goodman, Ving Rhames o un desquiciadísimo Tom Sizemore. Mencionar el buen trabajo de Cliff Curtis como estiloso narcotraficante, y la presencia del cantante Marc Anthony en un papel que oscila entre lo pintoresco y lo patético.

¿Un Scorsese menor? No estoy en absoluto de acuerdo. Prefiero hablar de una película mayor, cuya falta de éxito hay que buscarla en su temática: Al límite hace que el espectador observe con atención todo aquello que en la vida real prefiere no observar: los barrios marginales, la desigualdad social, la impotencia del ser humano, lo crueles que pueden ser las grandes ciudades, la enfermedad, el vacío existencial, la muerte…

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