MACBETH

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MACBETH. 2015. 112´. Color.

Dirección: Justin Kurzel; Guión: Todd Louiso, Michael Lesslie y Jacob Koskoff, basado en la obra de teatro de William Shakespeare; Director de fotografía: Adam Arkapaw;  Montaje: Chris Dickens; Música: Jed Kurzel;  Dirección artística: Nick Dent (Supervisión); Diseño de producción: Fiona Crombie; Vestuario: Jacqueline Durran; Producción: Laura Hastings-Smith, Iain Canning y Emile Sherman, para See Saw Film-Film4-Studio Canal (Reino Unido-Francia).

Intérpretes: Michael Fassbender (Macbeth); Marion Cotillard (Lady Macbeth); Paddy Considine (Banquo); David Thewlis (Duncan); Jack Reynor (Malcolm); Sean Harris (Macduff); David Hayman (Lennox); Elizabeth Debicki (Lady Macduff); Ross Anderson (Rosse); Seylan Baxter (Bruja vieja); Kayla Fallon (Bruja joven); Amber Rissmann (Niña bruja); Lynn Kennedy (Bruja de mediana edad); Scot Greenan (Joven soldado); Brian Nickels (Cawdor); Lochlann Harris, Maurice Roëves, Rebecca Benson, Gerard Miller.

Sinopsis: Unas brujas le dicen a Macbeth, un noble escocés, que está destinado a ser rey de su país. Desde ese momento, se siente tentado a hacer realidad la profecía asesinando al rey Duncan, a quien siempre sirvió con lealtad.

Transcurrido casi medio siglo desde que Macbeth, la famosa tragedia de Shakespeare, diera lugar a una adaptación cinematográfica de verdadera relevancia (la realizada por Roman Polanski en 1971), el australiano Justin Kurzel se puso a los mandos de lo que pretendía ser la modernización canónica del clásico. Para ello, se sirvió de un renombrado reparto, tuvo a su disposición los más sofisticados medios técnicos y, por fin, consiguió una versión imperfecta, pero meritoria, que en general satisfizo a la crítica pero dejó algo más divididos a los espectadores.

Macbeth es la tragedia de la ambición desmedida, el drama de un hombre al que su obsesión por conseguir el poder transforma de valeroso y leal guerrero en sanguinario tirano. Cuando la idea del regicidio aparece en su mente, Macbeth es capaz de ver la atrocidad que se dispone a cometer, y duda, pero la influencia de su intrigante esposa le otorga las fuerzas que necesita para llevar a cabo el crimen que le dará, previa huida de los hijos del monarca asesinado, la corona que tanto ansía. El libreto de esta nueva versión respeta el espíritu de la obra, e intenta humanizar a la pareja protagonista sin caer en el edulcoramiento. En ellos se solapan la sed de sangre y la culpa: no dudan en ordenar los asesinatos de todas aquellas personas susceptibles de constituir una amenaza presente o futura para su posición, sin reparar en la edad o el sexo de sus víctimas, pero se saben, a la vez, condenados.

El Macbeth de Kurzel es visualmente fascinante: en el trabajo de Adam Arkapaw, tenebrista y arriesgado, existe verdadera poesía. No es difícil percibir las huellas de las más célebres adaptaciones anteriores de Macbeth, en especial de la mejor que se ha hecho, que no es otra que Trono de sangre, de Akira Kurosawa. Es ahí donde está lo mejor de la película. La labor de montaje, la partitura musical y el evidente empeño del director en seguir el camino trazado por 300 a la hora de filmar las numerosas escenas bélicas, son más discutibles. El ritmo narrativo, que no pocos consideran premioso, me parece acertado: son los dejes efectistas del director al abordar la épica lo que menos me convence. Macbeth no puede ser otra cosa que oscura y violenta, ni debe emitir otro mensaje que el que nos dice que la ambición desmedida es causa de ruina para personas y pueblos. En esto, Kurzel ni engaña, ni yerra. Es el afán de restarle clasicismo a la propuesta visual lo que, en ocasiones, le pierde, e impide que el film sea redondo.

Que Michael Fassbender es un actor impresionante, sin duda uno de los mejores de esta época, es algo sabido. Su nivel es tan alto que esta película será recordada por ser el Macbeth de Fassbender. Tan alta es la calidad de su interpretación. Para dar vida a Lady Macbeth se recurrió a una gran actriz, Marion Cotillard, que sin embargo no consigue llegar al nivel de excelencia del protagonista masculino. En general, la labor del reparto es notable: Paddy Considine, David Thewlis, Jack Reynor o David Hayman no son nombres que suenen demasiado al gran público, pero vaya si saben actuar. La que sí puede alcanzar la fama, y no sería nada injusto, es Elizabeth Debicki, a la que vi en la magnífica miniserie El infiltrado. 

Notable adaptación de una de las grandes tragedias shakespearianas, que contiene frases tan brillantes como la que cito a continuación: “Para engañar al mundo, hay que ser como el mundo”… la versión de Kurzel se resiente de ciertos tics modernos (en lo visual: la película es muy fiel al texto de la obra adaptada), pero en lo estético y lo interpretativo está a la altura de los mejores Macbeths que se hayan visto en el cine.

 

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