FURTIVOS

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FURTIVOS. 1975. 81´. Color.

Dirección: José Luis Borau; Guión: Manuel Gutiérrez Aragón y José Luis Borau; Dirección de fotografía: Luis Cuadrado; Montaje: Ana Romero Marchent; Música: Vainica Doble; Decorados: Elisa Ruiz; Producción: José Luis Borau, para El Imán Cine y Televisión  (España)

Intérpretes: Lola Gaos (Martina); Ovidi Montllor (Ángel); Alicia Sánchez (Milagros); Ismael Merlo (Cura); José Luis Borau (Gobernador); Felipe Solano (El Cuqui); José Luis Heredia (Secretario); Erasmo Pascual (Armero); José Riesgo (Salvita); Beni Deus (Gonzalo); Antonio Gamero (Guarda); Simón Arriaga, Francisco Ortuño.

Sinopsis: Ángel vive de la caza furtiva en un pueblo de la sierra. Un día, al ir a la ciudad, conoce a Milagros, una joven que se ha escapado de un colegio de monjas. Ángel se enamora de ella, pese a saber que es la amante de un prófugo de la justicia, y la lleva a la casa que comparte con su madre, un ser despótico.

Furtivos es la más aclamada, y también la más popular de las películas filmadas por José Luis Borau. Violento retrato de la España rural, y a la vez parábola de la sociedad del tardofranquismo, el film triunfó en el festival de San Sebastián y todavía permanece como uno de los títulos imprescindibles del cine español.

Borau, que escribió la película mano a mano con el director de Habla, mudita, Manuel Gutiérrez Aragón, enfrenta a la España vieja, simbolizada por Martina, y el país nuevo, moderno y liberado que estaba (y en ciertos aspectos, todavía lo está) por venir, en este caso representado por Milagros. Entre estas dos mujeres está Ángel, que encarna al pueblo español. Más allá de la simbología, Furtivos es una película áspera, cuya crudeza impactó al público de la época y sigue haciéndolo hoy. La literatura española ha producido excelentes obras que reflejan las duras condiciones de vida de la España interior, y no pocas de las obras mayores de la cinematografía hispana se han inspirado en ella. Furtivos no se centra en la vida de los campesinos, la de los jornaleros y los señoritos, sino que sitúa su campo de acción en otro terreno ideal para mostrar el abismo entre ricos y pobres: la caza.

Ángel, llamado El Alimañero, ha hecho de la caza ilegal su modo de vida, y sus habilidades en el monte le convierten en la compañía más apreciada en las cacerías organizadas por su hermano de leche, que es ni más ni menos que el Gobernador Civil de la provincia. Hombre apocado y de pocas palabras, Ángel vive bajo el yugo de su madre, Martina, una mujer tiránica y desalmada, servil con los poderosos y cruel con los débiles. Este estado de cosas cambia cuando aparece en escena Milagros, una muchacha de mirada franca y sexo fácil que se encuentra con Ángel cuando éste va a buscar provisiones a la ciudad. Milagros es la amante de El Cuqui, un criminal de poca monta que huye de la policía, pero no tiene reparos en acostarse con Ángel, ni en aceptar la oferta que éste le hace para irse a vivir con él. La nueva situación es asumida por Martina como un verdadero desafío a su dominio absoluto, que queda plasmado cuando es echada a empujones por su hijo de la cama que ocupa: un verdadero asalto al poder, que no será asumido por la despojada con resignación, sino con rabia e intrigas. Dos circunstancias ayudan a Martina: que Milagros se ha fugado de un colegio religioso “del que sólo se sale casada o monja”, y que el amante de la joven aparece en el pueblo con la intención de llevársela con él.

Furtivos es un drama sin concesiones, en el que la violencia, muchas veces soterrada pero que con frecuencia se hace explícita, es lo que marca las relaciones entre los personajes. Los poderosos viven su cuento cinegético de trofeos y caldereta, pero quienes sufren los rigores de la vida en el monte sólo saben de supervivencia pura y dura, de opresión, de represión y de sangre. Borau, cuyas inclinaciones progresistas están claras, no cae en ese defecto tan pijoprogre que es la idealización de los pobres: reparte a diestro y siniestro y no hace prisioneros. Filmada con la misma hosquedad con la que se comportan sus protagonistas, la película destaca por su excelente labor de montaje, por el verismo de las situaciones y los diálogos, y por ser capaz de poseer diversos niveles de lectura sin caer en lo discursivo. Lo único que me chirría es la música de Vainica Doble, que le da un toque moderno al conjunto que, más que sintonizar, desentona con la narración.

Hay que hablar de Lola Gaos, que en Furtivos ofrece una interpretación majestuosa, convirtiéndose en una de las mejores brujas malas (sí, en el fondo, lo que nos está explicando Borau es un cuento) que he visto en el cine. Capaz de transmitir la falsa vulnerabilidad propia de los seres verdaderamente perversos, Gaos es la Martina perfecta, y me atrevo a decir que, sin ella, la película tendría mucho menos sentido. Suya es una frase de esas que se quedan: “Pues hazlo pronto, jodío”. El resto del reparto no brilla a la misma altura, aunque no deja de cumplir: a Ovidi Montllor le ayuda la simplicidad de su personaje; Alicia Sánchez, que es una buena actriz, es quien se lleva la segunda mejor nota del reparto, junto al siempre acertado Ismael Merlo, aquí en el papel de un sacerdote incapaz de ofrecer soluciones a los problemas terrenales. Por último, mencionar la breve presencia de ese secundario de lujo que fue Antonio Gamero.

Furtivos es, se mire por donde se mire, una gran película. Muy de su país y muy de su tiempo, pero con las suficientes virtudes como para trascender a ambos. La mejor de Borau, sin duda, y una de las más importantes obras del cine español.

 

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