MELODÍAS DE SIEMPRE

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Mi segundo acto en el Festival de Jazz de Barcelona me llevó hasta la Sala Barts, donde tuve ocasión de ver a uno de los grandes guitarristas a quienes no había visto actuar en directo, Bill Frisell, quizá el intérprete de sonido más intrínsecamente norteamericano de todas las estrellas de las seis cuerdas. Músico cien por cien ecléctico, al que hay que seguir porque su discografía es extensa, diversa y de mucha calidad, Frisell se presentó en Barcelona, ciudad en la que tengo la impresión de que cada vez hay más gente zumbada, para presentar su nuevo disco, When you wish upon a star, viaje al pasado en busca de melodías memorables del cine y la televisión.

Se dice que Bill Frisell nunca ha tocado una nota más de las necesarias. Ciertamente, su estilo es sobrio, lejos de las exhibiciones pirotécnicas que caracterizan a los héroes de la guitarra (y que a mí tanto me gustan, que conste). Basa su toque en la precisión milimétrica y en  la multitud de efectos de sonido que utiliza, los cuales otorgan matices de todos los colores a una música de gran riqueza armónica, que invita a diversas escuchas relajadas pero que, quizá, resulta algo fría en directo. Al lado del guitarrista, su nuevo cuarteto de gira, formado por Thomas Morgan al contrabajo, Rudy Royston a la batería y una cantante, Petra Haden, que es la hija de un genio, tiene una bonita voz (aunque, a mi parecer, de las que acarician pero no arañan), pero anoche parecía lastrada por un pequeño constipado propio de la época. El concierto, de marcado tono intimista (aunque faltó el violín, cuyo sonido marca todo el disco), empezó con Moon river, alcanzó su primer punto álgido con la suite dedicada a los temas principales de Hasta que llegó su hora (Morricone forever), y sonó siempre impecable, pero falto de inspiración. When you wish upon a star quedó algo deslucida por los problemas vocales de Haden, aunque acto seguido la banda brindó una versión de You only live twice que elevó el listón a la cotas de excelencia esperables, que sólo se dieron a ratos. Bien, pero no sobresaliente. Me quedé con la impresión de que Bill Frisell y los suyos, en una noche más redonda y con ese material, son capaces de dar más de sí.

La versión grabada del clásico bondiano:

Muchos años atrás, Frisell ya interpretaba a su estilo otras canciones míticas:

 

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