MI QUERIDA SEÑORITA

MI QUERIDA SEÑORITA. 1971. 80´. Color.

Dirección: Jaime de Armiñán; Guión: Jaime de Armiñán y José Luis Borau; Dirección de fotografía: Luis Cuadrado; Montaje: Ana Mª Romero Marchent;  Música: Rafael Ferro; Decorados: José Massagué; Producción: Luis Megino, para El Imán Cine y Televisión, S.A.- Impala-In Cine (España).

Intérpretes: José Luis López Vázquez (Adela Castro/Juan); Julieta Serrano (Isabelita); Antonio Ferrandis (Santiago); Enrique Ávila (Padre José María); Lola Gaos (Tía Chus); Chus Lampreave (Sobrina); Mónica Randall (Feli); José Luis Borau (Médico); Cristina Suriani, Ana Suriani, Manolo Otero, María de la Riva, Luis Barbero.

Sinopsis: Adela es una solterona de provincias a la que un antiguo amigo viudo ofrece matrimonio. Ante ciertas peculiaridades físicas y psicológicas que posee, decide consultar a un médico.

Cineasta surgido de la televisión y consagrado guionista,  Jaime de Armiñán consiguió prestigio con su tercer largometraje, Mi querida señorita, un sensible drama sobre la identidad sexual que llegó a ser nominado al Oscar en la categoría de mejor película extranjera. Existe consenso al afirmar que, junto a El nido, Mi querida señorita es la obra maestra de su director.

En la filmografía de  Jaime de Armiñán abundan los amores que se salen  de los arquetipos. Sin duda, Mi querida señorita es una de las mejores aportaciones del cine español a esta temática, tanto por la dificultad para abordarla en la época en que se estrenó, como por la sensibilidad y delicadeza con la que se trata. Adela es una solterona de provincias, de las de misa, mantilla y peineta, que esconde un secreto que lo es incluso para sí misma, incapaz de ver más allá de los inequívocos signos exteriores. La visita a un médico de Zaragoza (interpretado por un director tan personal e interesante como José Luis Borau, también coguionista y mano derecha de Armiñán en este proyecto), le descubre la verdad: en realidad es un hombre. Con 43 años, su vida empieza de nuevo, y parte a Madrid, donde se reencuentra con Isabelita, su antigua sirvienta, hacia quien ya sentía atracción como mujer.

Rodada con  tanta sobriedad como buen gusto, virtudes que se extienden a la puesta en escena, los encuadres y la música, Mi querida señorita fue un film que, desde su sencillez, rompió moldes en el cine español, más dado a la comedia insustancial y a los chistes sobre sarasas que al respeto a la diferencia. La película se erige en reflejo, y a la vez en punta de lanza, de los cambios que se estaban produciendo en España durante el tardofranquismo, época en la que las señoras de bien, las Adelas Castro sin dobleces, decían que se estaba confundiendo libertad con libertinaje, y los honrados padres de familia tenían que disimular su regocijo ante el menor volumen de tela en las faldas. En Mi querida señorita se habla de que lo antiguo, en todas sus formas, se está quedando atrás (sólo hay que ver la relación entre el muy chapado a la antigua Santiago, enamorado de Adela, y sus hijas adolescentes), y de que la realidad nunca es tan sencilla como nos la tratan de vender. El guión de Armiñán y Borau, en parte obligado por la censura, es un modelo de sugerencia: nos queda claro que las rabietas de Adela ante los devaneos sentimentales de su sirvienta no son más que celos; que los personajes en teoría marginales, como la prostituta Feli, son tratados con mucho mayor cariño que los carpetovetónicos, como la tía y la sobrina que regentan la pensión madrileña en la que Juan se hospeda al llegar a la capital; que Isabelita sabe más de lo que aparenta sobre su nuevo novio; que, en definitiva, la película nos enseña que mucho peor que ser diferente es fingir no serlo. Y hay respeto: en el confesionario, al cura le cuesta reprimir la risa cuando Adela le confiesa que se afeita, pero el párroco tiene la sensibilidad suficiente como para ponerla en el verdadero camino de la salvación en lugar de limitarse a juzgarla.

Es imposible hablar de las cualidades de esta película sin decir que Mi querida señorita es uno de los monumentos interpretativos que José Luis López Vázquez dio al cine español. Muy hombre como mujer y muy mujer como hombre, el actor madrileño hace aquí el que tal vez sea su mejor trabajo dramático, lo que es mucho decir, aprovechando al máximo una de las no demasiadas oportunidades que el cine español le brindó para lucir todo su talento. A su lado, Julieta Serrano y Antonio Ferrandis consiguen no desentonar, cosa que dice mucho en su favor. Bien Mónica Randall como prostituta de buen corazón, y excelentes Lola Gaos y Chus Lampreave en su papel de víboras.

Gran película, en su momento y ahora, Mi querida señorita tiene un lugar garantizado entre las obras imprescindibles del cine español.

 

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