FILTHY GORGEOUS: LA HISTORIA DE BOB GUCCIONE

FILTHY GORGEOUS: THE BOB GUCCIONE STORY. 2013. 96´. Color.

Dirección: Barry Avrich; Guión: Barry Avrich; Dirección de fotografía: Ken Ng; Montaje: George Raulston; Música: Jim McGrath;  Producción: Mike Reid, Barry Avrich, Jeremy Frommer y Rick Schwartz, para Melbar Entertainment Group (EE.UU.-Canadá).

Intérpretes: Bob Guccione, Bob Guccione Jr., Nick Guccione, Dana DeArmond, Divina Celleste, Xaviera Hollander, Alan Dershowitz, Audrey Arnold, Victoria Johnson, Peter Bloch, Richard Crouse, Anthony Haden-Guest, Leslie Jay Gould.

Sinopsis: Documental que narra la vida de Bob Guccione, fundador de la revista Penthouse.

Soy de los que cree que la vida de Bob Guccione, fallecido en 2010, da para una gran película. Por lo pronto, existe este documental que narra el ascenso y la caída de un hombre peculiar, que edificó un imperio a partir de una de las más exitosas y controvertidas revistas para adultos: Penthouse. El film de Barry Avrich abarca toda la vida de Guccione. Y, quien mucho abarca, poco aprieta.

Procedente de una comunidad, la italoamericana de Nueva Jersey, que es toda una mina en sí misma, Guccione es el prototipo de hombre hecho a sí mismo. Pasada la adolescencia, y tras pasar un año estudiando para sacerdote, el joven Bob partió a Europa para seguir una vocación, la de pintor, que no abandonaría hasta su muerte. Establecido en Inglaterra, la acogida a su obra pictórica fue poco entusiasta, pero allí Guccione tuvo una visión al comprobar el gran éxito de Playboy: hacer una revista similar, pero adaptada a las peculiaridades del público británico. Dada su escasez de recursos, el propio Guccione, que no tenía ni idea de cómo usar una cámara, se encargó de hacer las fotos. Sus conocimientos de pintura le sirvieron para crear estilo, y el éxito fue tan inmediato y fulgurante como continuas las acusaciones de inmoralidad y pornografía. Pronto Inglaterra se le quedó pequeña a Guccione, que desembarcó a lo grande en su país natal para comerle el terreno a su enemigo íntimo, Hugh Hefner. Alguien dijo, con mucho acierto, que el dueño de Playboy era jazz, y el de Penthouse, rock, y que sus revistas reflejaban su carácter: misma base, pero con un estilo más simple y directo por parte del recién llegado. Como Hefner, Guccione siempre procuró que el contenido de su revista tuviera interés más allá de las fotografías de bellezas despampanantes en cueros. Ambos, uno con sus batines y el otro con sus collares y su camisa abierta, hicieron más por la libertad de expresión, y desde luego por la libertad sexual (véanse sus operaciones de desenmascaramiento de fundamentalistas religiosos como Swaggart o Falwell, aunque el editor de Penthouse fuese más progresista en lo sexual que en lo político), que miles de discursos concienzudos sobre estos temas, porque esos hombres expandieron los límites de la moral pública con hechos, aunque cada uno a su estilo.

Avrich repasa toda la vida de Bob Guccione en hora y media, por lo que el film es necesariamente superficial: se toca todo, aunque por encima. Abundan las declaraciones de archivo del protagonista, conocido por su personalidad reclusiva y por sentir mucha más pasión por el arte que por los focos. También se concede gran protagonismo a dos de los hijos del amo de Penthouse, Bob y Nick, así como a la cohorte de mujeres que trabajaron codo con codo con Guccione para hacer grande la revista y diversificar su imperio, que en sus mejores monetos permitió al editor convertirse en uno de los hombres más ricos de Norteamérica. Se habla con profusión de la importancia que para el negocio tuvo la tercera esposa del protagonista, Kathy Keeton, cuya muerte en 1997 precipitó una decadencia que ya anticipaban una serie de desastrosas inversiones (la peor de ellas fueron los casinos de Atlantic City, desastre financiero que acabó beneficiando a un tal Donald Trump), y que el boom de internet convirtió en absoluta. El documental está hecho con ritmo y buen toque, pero uno echa en falta mayor profundidad: el rodaje de Calígula, producida por Bob Guccione, merece un documental por sí solo. Lo mismo puede decirse de la famosa guerra del vello púbico, y de la ya comentada cruzada contra la hipocresía de los guardianes de la moral… ajena, tan poderosos en (y no sólo en) los Estados Unidos.

Bob Guccione fue un personaje controvertido: para muchos, sólo una versión vulgar de Hugh Hefner. Ellos, que nunca lo harán, deberían ser los primeros en ver esta película. Quienes ya sepan mejor de qué va el tema encontrarán imágenes y frases que sin duda les llamarán la atención, y desde luego que este más que correcto film les permitirá conocer mejor a un personaje que puede provocar reacciones muy diversas, pero muy difícilmente el aburrimiento.

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