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JUGANDO PARA LA MAFIA

PLAYING FOR THE MOB. 2014. 80´. Color.

Dirección: Joe Lavine y Cayman Grant; Guión: Joe Lavine y Cayman Grant; Dirección de fotografía: Ronan Killeen;   Montaje: Andrew Morreale; Música: Joel Beckerman y Joel Goodman;  Producción: Joe Lavine, Libby Geist, Daniel Silver, Deirdre Fenton, Andrew Billman y Matthew McDonald, para ESPN Films (EE.UU.).

Intérpretes: Ray Liotta (Narrador); Henry Hill, Jim Sweeney, Ernie Cobb, Richard Kuhn, Paul Mazzei, Michael Bowie, Tony Perla, Edward McDonald, Kevin Mackey.

Sinopsis: Documental que narra cómo miembros del crimen organizado consiguieron sobornar a varios componentes del equipo de baloncesto universitario del Boston College para que amañaran el resultado de sus partidos.

Joe Lavine y Cayman Grant trabajaban en paralelo en la misma historia, una muy atractiva que mezclaba el mundo de la Mafia con el del popularísimo baloncesto universitario estadounidense. Decidieron unir fuerzas, y el resultado es Jugando con la Mafia, un film que acredita que quienes dudan de la limpieza en el deporte tienen buenos motivos para hacerlo… desde hace lustros.

Quienes hayan visto Uno de los nuestros no necesitan que se les presente a Henry Hill, al que en la obra maestra de Scorsese dio vida Ray Liotta. En un curioso guiño, en Jugando con la Mafia tenemos las confesiones del auténtico Hill, y a Liotta ejerciendo como narrador. La historia es fácil de explicar: la Mafia contactó con Richard Kuhn, titular en el equipo de baloncesto del Boston College y amigo íntimo de una de las figuras del grupo, el modélico Jim Sweeney. El negocio, que Hill diseñó pensando en las ingentes cantidades de dinero que en los Estados Unidos mueven las apuestas en el baloncesto universitario (en la célebre March Madness, hasta el presidente del país hace su porra) consistía en amañar el handicap, es decir, en que los partidos se resolvieran por una determinada diferencia de puntos. Después de un intento fallido, que hizo perder un cuarto de millón de dólares a los mafiosos, Hill y los otros miembros de la banda, que trabajaba para Jimmy Burke, comprendieron que para tener éxito no les bastaba con comprar a Kuhn, un jugador secundario, e hicieron que éste captara a las dos figuras del equipo, Sweeney y Ernie Cobb, una estrella con previsible futuro NBA. Por miedo (Hill reconoce haberle dicho al modélico chico blanco que es difícil jugar a baloncesto con un brazo roto) o por afán de lucro, ambos cobraron de la Mafia y los resultados siguieron las pautas marcadas por la Organización hasta que llegó el enfrentamiento contra el máximo rival del Boston College, Holy Cross, y los mafiosos decidieron que el Boston College debía perder por más de tres puntos. Aunque Sweeney se borró del partido, el resultado no fue el que la Mafia esperaba, y las pérdidas fueron cuantiosas. Burke se encolerizó, y como llevaba tiempo dedicándose a eliminar a quienes pudieran relacionarle con el famoso robo de Lufthansa, Hill se supo en peligro y confesó. En un caso similar al de Al Capone, nadie pudo condenar a Burke por el célebre atraco, pero murió en la cárcel a causa de la pena que se le impuso por su implicación en las apuestas baloncestísticas.

Lavine y Grant presentan la historia de un modo ágil y funcional, sin aspavientos y directos al grano. Tienen la virtud de ofrecer todos los testimonios posibles, lo que es de suma utilidad cuando las versiones de los implicados difieren entre sí. Todas ellas acaban dibujando un completo retrato del modus operandi de la Mafia, y también de cómo se sienten quienes trabajan para ella. Por todo eso, Jugando con la Mafia es un documental muy interesante, además de sumamente educativo.

 

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