PESADILLA EN ELM STREET

A NIGHTMARE ON ELM STREET. 1984. 90´. Color.

Dirección: Wes Craven; Guión: Wes Craven; Dirección de fotografía: Jacques Haitkin; Montaje: Rick Shaine y Pat McMahon; Música: Charles Bernstein; Diseño de producción: Greg Fonseca; Producción: Robert Shaye, para New Line Cinema (EE.UU.).

Intérpretes: Heather Langenkamp (Nancy Thompson); John Saxon (Detective Donald Thompson); Ronee Blackley (Marge Thompson); Robert Englund (Freddy Krueger); Johnny Depp (Glen Lantz); Amanda Wyss (Tina Gray); Nick Corri (Rod Lane); Charles Fleischer (Dr. King); Joseph Whipp, Lin Shaye, Joe Unger, Mimi Craven, Ed Call, Sandy Lipton.

Sinopsis: Algunos adolescentes de una pequeña localidad estadounidense empiezan a sufrir terribles pesadillas, en las que aparece un hombre con la cara quemada, jersey a rayas y una garra hecha con navajas.

Si hubo una película de terror verdaderamente exitosa en la década de los 80, ésa fue sin duda Pesadilla en Elm Street, obra con la que Wes Craven, cineasta especializado en dicho género, logró el salto a la fama que todo director sueña e inició una saga que, incluso a día de hoy, sigue reportando sustanciosos beneficios económicos. Lo que en principio era una película de terror más, de ajustado presupuesto y dirigida al público adolescente, sigue formando parte del imaginario colectivo gracias a la icónica figura de Freddy Krueger.

Pesadilla en Elm Street lleva al límite la máxima hitchockiana que dice que, cuanto más interesante es el malo, más lo es la película. Siendo cierto que, pese a que algunos de los efectos especiales, vistos hoy, han quedado desfasados, el film de Craven ha envejecido mejor que otras obras célebres del cine de terror, como Viernes 13, su éxito y perdurabilidad no pueden entenderse sin el magnetismo que Krueger, el hombre de rostro desfigurado que irrumpe en los sueños de los adolescentes a golpe de cuchillas, ha ejercido sobre generaciones de espectadores. Por sus otros elementos, Pesadilla en Elm Street sería una película de terror interesante pero convencional, una entre varias. La habilidad de Craven, a quien no considero un guionista especialmente brillante, fue la de saber escoger muy bien a su público (que la protagonista sea una adolescente incomprendida por los adultos y más lúcida que ellos no es un detalle baladí), que coincidía con la franja de edad que llenaba las salas, y convertir el que suele ser el momento más apacible de la existencia, el sueño, en una sangrienta pesadilla que hizo las delicias de todos aquellos que disfrutan pasando miedo en una sala de cine. Y ello porque, a diferencia de lo que ocurre en sus numerosas secuelas, dirigidas por Sholder, Harlin o Chuck Russell, la primera incursión de Freddy Krueger en la gran pantalla apenas se permite algún momento de humor negro y puede considerarse una película de terror puro, en la que no cabe negarle a su artífice la habilidad para el susto, a veces subrayada en demasía por una música de lo más ochentera. Eso sí, la única forma de justificar el final es pensar que de alguna manera había que dar pie a la previsible secuela. Pese a ello, la película no ha perdido su encanto, se ve de un tirón y sigue siendo superior a todas las secuelas, remakes o revisiones que ha generado (en algunos casos, sufrido). Serie B, efectiva por encima de sus tópicos y de la enorme diferencia, a todos los niveles, entre las escenas en las que aparece Freddy (las mejores, las que discurren en su guarida) y aquellas en los que los demás personajes marcan la acción.

En el reparto, la película ha pasado a la historia por ser la primera aparición cinematográfica de Johnny Depp, cuya actuación poco hacía presagiar su posterior estrellato. Le acompañan rostros habituales de los films de serie B, como John Saxon, o jóvenes con poco bagaje a sus espaldas. La protagonista, Heather Langenkamp, cumple sin más, al igual que el resto de un elenco en el que el gran beneficiado fue un Robert Englund que encontró al personaje de su vida gracias a Craven.

Lo dicho, un mito de los 80 que, tres décadas después, se sigue viendo con agrado y es, sin duda, la mejor película del recientemente fallecido Wes Craven.

 

 

 

 

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