SI LA COSA FUNCIONA

WHATEVER WORKS. 2009.92´. Color.

Dirección : Woody Allen; Guión: Woody Allen; Dirección de fotografía: Harris Savides; Montaje: Alisa Lepselter; Dirección artística: Tom Warren; Música: Miscelánea. Temas de Beethoven, Stan Getz, Charlie Byrd, Red Garland, etc.; Diseño de producción: Santo Loquasto; Producción: Letty Aaronson y Stephen Tenembaum, para Perdido Productions-Sony Pictures Classics (EE.UU.).

Intérpretes: Larry David (Boris); Evan Rachel Wood (Melody); Patricia Clarkson (Marietta); Henry Cavill (Randy James); Ed Begley, Jr. (John); Conleth Hill (Brockman); Olek Krupa (Morgenstern); Carolyn McCormick (Jessica); Christopher Evan Welch (Howard); Adam Brooks, Lyle Kanouse, Michael McKean, Samantha Bee, John Gallagher, Jr., Jessica Hecht.

Sinopsis: Boris, un físico misántropo e hipocondríaco, acoge en su casa a Melody, una joven de Mississippi con muchas ilusiones y pocas luces.

Después de un largo, y artísticamente poco fructífero, periplo europeo, Woody Allen regresó a su adorada Nueva York con Si la cosa funciona, que parte de un guión escrito en los años 70 con la intención de que fuera protagonizado por Zero Mostel. La prematura muerte del actor dejó el proyecto en el tintero durante más de tres décadas. Su rescate supone el regreso del Woody Allen más inspirado, el mismo que desde Desmontando a Harry sólo había aparecido a cuentagotas.

Aunque Allen continúa con la costumbre de rodar un film al año, tengo la impresión de que Si la cosa funciona tiene mucho de testamento cinematográfico. Mezcla de cosmovisión y ajuste de cuentas, tal vez. Pero vaya si funciona. He de confesar que mi relación con esta película es la de un amor a primera vista: la inicial declaración de principios que hace (hablándole directamente a la cámara) el protagonista del film, Boris, es toda ella para enmarcar, uno de los discursos más ingeniosos, lúcidos y cargados de sentido que he tenido ocasión de escuchar, en el cine y fuera de él. Después de eso, sólo es cuestión de que no se rompa el hechizo. Y no lo hace, porque Allen recupera su enorme sentido del sarcasmo y lo pone al servicio de un personaje que viene a ser uno de los protagonistas de The Big Bang Theory… con treinta años y muchos sinsabores más en la mochila. Este hombre, que lleva una existencia entre bohemia y reclusiva, acoge en su casa a Melody, una joven paleta del Medio Oeste que ha huido a Nueva York sin tener dónde caerse muerta. Con el tiempo, Boris se convierte en una especie de Pigmalión para la joven y llega incluso a casarse con ella. Justo después del nupcial acontecimiento, aparece la madre de Melody, que ha sido abandonada por su marido y ha conseguido localizar a su hija en la Gran Manzana.

Hombre maduro de existencia solitaria que acoge en casa a una joven… en efecto, Nymphomaniac parte de la misma premisa. Resulta interesante comprobar cómo dos cineastas tan personales como Allen y Von Trier la llevan por derroteros tan opuestos. El neoyorquino apuesta por la comedia, aunque en el fondo su visión del ser humano no sea mucho más benevolente que la del danés. Boris, con toda su misantropía, sus tendencias depresivas, sua ataques de pánico, su absoluta falta de diplomacia, termina por ser un personaje divertido (sus métodos didácticos en el ajedrez son tronchantes), e incluso un punto entrañable, aunque sólo sea por poseer una virtud tan digna de elogio como es la intolerancia hacia la estupidez. Más allá de ese rasgo definitorio, que Allen aprovecha para soltarles unas cuantas verdades a sus congéneres, el director muestra especiales ganas de ajustar cuentas con la América profunda, que le parece cateta, ignorante, reaccionaria y orgullosa. Como la Cataluña y la España profundas, pero con muchas más armas sueltas. Al final, no obstante, Allen ofrece una comedia menos negra de lo que aparenta, y la única salida vitalista posible: en un mundo caótico, cruel y sin sentido, hay que aprovechar cada momento de alegría que se nos brinde. Y sí, insiste Allen, el sexo suele ser la respuesta. Al menos, durante un tiempo.

El gran acierto de Woody Allen en Si la cosa funciona fue ofrecerle el papel de su alter ego a un tipo ingenioso y vitriólico como Larry David. Su actuación tiene el enorme mérito de no parecerlo, no siendo el personaje que interpreta un tipo unidimensional (véase su reacción ante la noticia de que Melody ha encontrado un nuevo amor). Evan Rachel Wood está bien, pero quien me ha encantado es la actriz que interpreta a su madre, Patricia Clarkson, símbolo de que, cuando un idiota se transforma, suele hacerlo en otro de distinta especie, pero que en un ambiente de libertad, esa transformación suele ser beneficiosa para el mundo en general. El plantel de secundarios cumple con buena nota, dejando claro una vez más que uno de los puntos fuertes de Woody Allen como cineasta es la dirección de actores.

Lo dicho, un lujo. Un caramelo amargo que sin duda hubiera gustado al gran Billy Wilder y, desde luego, al tipo que canta la canción que acompaña los créditos iniciales. Un tal Groucho Marx.

 

 

 

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