VIVIR PARA GOZAR

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HOLIDAY. 1938. 93´. B/N.

Dirección: George Cukor; Guión: Sidney Buchman y Donald Ogden Stewart, basado en la obra teatral de Philip Barry; Dirección de fotografía: Franz Planer;  Montaje: Al Clark y Otto Mayer; Música: Sidney Cutner;  Dirección artistica: Stephen Goosson; Vestuario: Robert Calloch; Producción: Everett Riskin, para Columbia Pictures (EE.UU.).

Intérpretes: Katharine Hepburn (Linda Seton); Cary Grant (Johnny Case); Doris Nolan (Julia Seton); Lew Ayres (Ned Seton); Edward Everett Horton (Profesor Nick Potter); Henry Kolker (Edward Seton); Jean Dixon (Susan Potter); Henri Daniell (Seton Cram); Binnie Barnes (Laura Cram); Thomas Braidon, Ann Doran, Mitchell Harris, Charles Richman, Lillian West.

Sinopsis: Johnny Case es un joven de origen humilde que ha conseguido prosperar, pero ante todo desea vivir la vida. Durante unas vacaciones en una estación de esquí conoce a Julia, quien resulta ser hija de uno de las familias más ricas del país.

Uno de los directores más destacados del Hollywood clásico es George Cukor, quien obtuvo varios de sus mayores éxitos en comedias protagonizadas por Katharine Hepburn. No fue el caso de Vivir para gozar, film que en su momento no obtuvo una gran respuesta en taquilla, pero al que el tiempo ha revalorizado de forma considerable.

Cukor contó con la pareja protagonista que acababa de triunfar con La fiera de mi niña, film con el que Vivir para gozar guarda ciertas similitudes, aunque aquí el tono es más melodramático, terreno en el que Cukor también sabía moverse con soltura. La química entre Grant y Hepburn es incuestionable, ambos son pura chispa y la película, llena de diálogos ingeniosos, es muy divertida y entronca con el mejor espíritu del New Deal, al tiempo que es un ataque a la filosofía del capitalismo conservador norteamericano. Johnny, el protagonista, es un joven con buen olfato para los negocios, pero que siente que la vida es mucho más que sentarse detrás de un lujoso escritorio a amasar dinero. Durante un viaje de placer, conoce a Julia, y el resultado de ese encuentro es un amor a primera vista que termina en compromiso de boda. Julia resulta ser una rica heredera y Johnny, acostumbrado a tomarse las cosas de manera despreocupada, choca contra el mundo de solemnidad y ostentación de su prometida. Contra ese mundo se rebelan también Ned y Linda, los hermanos de Julia, que viven encerrados en una jaula de oro.

Vivir para gozar es una reivindicación de la juventud, en tanto ésta es sinónimo de despreocupación y alegría. Nick y Susan Potter, los amigos de Johnny, son personas instruidas y humildes que conservan la jovialidad. En el templo de mármol de los Seton, en cambio, los jóvenes se pudren o se rinden. O ambas cosas. Y los adultos son máquinas de hacer dinero y guardar las apariencias. La llegada de Johnny es como un soplo de aire fresco en un microcosmos que, en su mayor parte, le ve como un arribista, alguien inferior, un ser indigno de alternar con lo más exclusivo de la sociedad.

El film no esconde su origen teatral, pero triunfa por el buen gusto de su puesta en escena. la agudeza de los diálogos y su contagiosa vitalidad. Ni el texto ni el director esconden sus simpatías por la gente humilde o que no encaja en una sociedad materialista y anquilosada. A Johnny, Linda o los Potter también les gusta el dinero, pero no viven esclavizados por él. Tienen claro que, cuando mueran, de poco va a servirles, y creen que es mejor trabajar para vivir, que elegir la opción contraria. Hay momentos muy divertidos (cuando el odioso matrimonio Cram aparece en el salón de los rechazados -la sala de juegos de la mansión Seton- es recibido por los allí presentes con un saludo muy parecido al fascista), otros más profundos (las reflexiones alcohólicas de Ned, la rebelión de Nochevieja de Linda) y uno muy definitorio: cuando el patriarca de los Seton dice que la actitud de Johnny, que prefiere viajar y hacer lo que le gusta (tomarse la vida como unas vacaciones, en definitiva) en lugar de lo que le conviene es “antiamericana”. Con la cámara, Cukor se recrea en el retrato del lujo, lo que acentúa, por contraste, la condena de la ostentación omnipresente en el texto. La fotografía, de Franz Planer, es luminosa, en consonancia con el mensaje de la película.

Cuando al frente del reparto se tiene a una de las mejores actrices de la historia y a un comediante fantástico, cuya presencia y carisma le convirtieron en uno de los actores más queridos por la cámara, el éxito artístico está asegurado. Hepburn y Grant están en estado de gracia. A su lado, Doris Nolan queda empequeñecida, aunque las interpretaciones de los secundarios son, en general, muy satisfactorias, empezando por las de Edward Everett Horton y Jean Dixon.

Vivir para gozar es una deliciosa reivindicación de la alegría de vivir frente a la ampulosidad y la codicia, y de la juventud frente a las renuncias y la seriedad de la vida adulta. Una gozada, en definitiva.

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