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RATATOUILLE

RATATOUILLE. 2007. 112´. Color.

Dirección: Brad Bird; Guión: Brad Bird,  basado en un argumento de Jan Pinkava, Jim Capobianco y Brad Bird; Montaje: Darren Holmes; Música: Michael Giacchino; Diseño de producción: Harley Jessup; Producción: Brad Lewis, para Pixar Studios-Walt Disney Pictures (EE.UU.).

Intérpretes: Patton Oswalt (Voz de Rémy); Ian Holm (Voz de Skinner); Lou Romano (Voz de Linguini); Brian Dennehy (Voz de Django); Peter Sohn (Voz de Émile); Peter O´Toole (Voz de Anton Ego); Brad Garrett (Voz de Gusteau); Janeane Garofalo (Voz de Colette); James Remar (Voz de Larousse); John Ratzenberger, Will Arnett, Julius Callahan, Teddy Newton, Tony Fucile, Brad Bird (Otras voces).

Sinopsis: Rémy no es una rata como las demás. Tiene el olfato y el gusto especialmente desarrollados, y sueña con ser chef. Pero es una rata, y su destino parece ser el de catador de venenos de su colonia. Sin embargo, un frenético recorrido subterráneo le lleva hasta París, el lugar donde se encuentra el restaurante de Gusteau, el cocinero al que más admira.

No es éste, desde luego, el primer sitio en el que ha sido escrito que una parte significativa del cine norteamericano más destacable de las dos últimas décadas lleva el sello de la factoría Pixar. Ni será el último. Todos los films que he visto de esta factoría, y quienes siguen este blog saben que ya son unos cuantos, me merecen una muy buena opinión. No obstante, una característica común de todos ellos, incluso de esa joya llamada Wall-E, es que su primera mitad es superior a la segunda. Esto no ocurre con Ratatouille, la mejor película de Pixar y la definitiva confirmación del gran talento de su director, Brad Bird.

Ratatouille nos cuenta la historia de alguien que sueña con ser todo un atentado a la lógica: un roedor que desea, sobre todas las cosas, convertirse en un gran cocinero. Su ídolo, el chef Gusteau, afirma que todo el mundo puede cocinar. Y Rémy, la rata protagonista, se empeña en darle la razón. En este sentido, la historia de Ratatouille comparte los valores que hicieron de Babe, el cerdito valiente la gran película que es. La acompaña. cómo no, la impresionante factura técnica marca de la casa, y el resultado va mucho más allá del típico film de superación: hay un claro mensaje social (en lo que a clases se refiere, nos dice Bird, no es más difícil que el genio surja de lo más bajo a que nazca de alta cuna, lo que emparenta a Ratatouille con otra película que me encanta: Billy Elliott), una muy atinada reflexión sobre lo que conlleva el ejercicio de la crítica (la cual, supongo, utiliza el director para ajustar cuentas respecto a algunas reseñas, tan sesudas como injustas, que recibió su anterior film, Los Increíbles), una decidida apuesta por degustar los placeres de la vida (entre los que el cine y la gastronomía ocupan un lugar destacado) y una encendida carta de amor a París que se prolonga durante todo el metraje. Como dice una canción de Loquillo, la vida es de los que arriesgan, como Rémy. También de los que tienen la sensibilidad para apreciar el arte, cualquiera que sea su forma. Los humanos compartimos el 98% de nuestro código genético con las ratas (uno de los muchos méritos de la película es la simpatía que sabe despertar hacia esos odiados roedores); el 2% restante lo otorgan la capacidad de crear, de emocionarse o de trascender. No todas las ratas viven bajo tierra, eso desde luego. Muchas nos rodean día tras día, pero queda feo ahuyentarlas a escobazos, como hacemos con las de verdad.

Vuelvo a la película… no decae en ningún momento, la historia es redonda, perfecta, nada sobra ni falta. Hay mucha acción, un ritmo siempre alto y personajes secundarios de calado. La calidad de las imágenes le deja a uno con la boca abierta. Sin duda, ese gran chef que es Brad Bird se rodea de un nutrido grupo de personas cuyo talento no es ni mucho menos escaso. La música, de Michael Giacchino, está a la gran altura de todo lo demás. Y las voces… que enormes actores como Peter O´Toole o Ian Holm estén en la película dice mucho de la importancia que en Pixar se concede a las interpretaciones. Ambos están magníficos, por cierto. No son los únicos, el resto del muy bien escogido elenco está de notable para arriba.

Obra maestra, sin paliativos. Técnica excepcional con (mucha) alma. Ratatouille es, sin duda, uno de los largometrajes más importantes realizados en lo que llevamos de siglo. Y, con permiso de Wall-E, lo mejor de Pixar, esa verdadera fábrica de sueños.

 

 

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