SEDA Y DINAMITA

Es bueno que exista un equilibrio, y que la realidad respete el orden natural de las cosas. Por eso, si un día te depara una mañana para olvidar, justo es que, para compensar, su noche traiga a tu ciudad al cuarteto de Branford Marsalis, posiblemente la máquina mejor engrasada del jazz planetario.

Hacía años que mi hermano Marsalis favorito, a quien he visto actuar en varias ocasiones, no pisaba Barcelona. Lo hizo ayer, en el Palau de la Música, al frente de una formación que, al menos en lo que a jazz acústico se refiere, es imbatible sobre un escenario. Vestidos con elegancia, Marsalis, Calderazzo, Revis y el recién llegado, Evan Sherman, salieron a las tablas y, después de un breve saludo, durante el que el líder alabó la belleza arquitectónica del lugar, hicieron lo que mejor saben: interpretar el mejor jazz contemporáneo. El cuarteto toca a dos velocidades: en versión intimista o a toda pastilla. En la primera, seduce; en la segunda, arrasa. Marsalis atacó los dos primeros temas con el saxo soprano, instrumento en el que ningún intérprete le supera, para pasarse después al tenor y ofrecer cascadas de notas llenas de sentido, en las que las ideas fluyen con naturalidad y las brutales dotes para la improvisación del saxofonista se ven reforzadas por su compenetración casi absoluta con Calderazzo y Revis, dos auténticos superdotados. Hubo algunos guiños a Requiem, el primer álbum que el pianista italoamericano grabó con el cuarteto allá por 1999, una versión de Cheek to cheek en la que los músicos hicieron un clinic de cómo ensamblar tradición y modernidad, y un bis para derretirse que puso el fin de fiesta a un concierto de una banda única. Que estos cuatro señores sean capaces de hacer lo que hacen sin apenas mancharse el traje debe de matar de envidia a docenas de músicos. Uno, como simple aficionado, se siente agradecido por tener el privilegio de disfrutar con las canciones de unos tipos cargados de talento. Cada una de ellas es un puñetazo en el rostro de la mediocridad.

I´m in heaven:

En Vitoria, por los años en los que vi actuar a Branford Marsalis por primera vez. En el piano está el fallecido Kenny Kirkland. En la batería, un volcán:

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