HALCONES DE LA NOCHE

NIGHTHAWKS. 1981. 97´. Color.

Dirección: Bruce Malmuth; Guión: David Shaber y Paul Sylbert, basado en un argumento de David Shaber; Dirección de fotografía: James A. Contner;  Montaje: Stanford C. Allen y Christopher Holmes; Música: Keith Emerson;  Diseño de producción: Peter Larkin; Decorados: Fred WeilerProducción: Herb Nanas y Martin Poll, para Universal Pictures (EE.UU.).

Intérpretes: Sylvester Stallone (Deke DaSilva); Rutger Hauer (Wulfgar); Billy Dee Williams (Matthew Fox); Lindsay Wagner (Irene); Persis Khambatta (Shakka); Nigel Davenport (Hartman); Hilary Thompson (Pam); Joe Spinell (Teniente Munafo); Walter Matthews, Jamie Gillis, Edward Fox.

Sinopsis: Wulfgar es un peligroso terrorista internacional que, tras perpetrar un sangriento atentado en Londres, se refugia en Nueva York ante el acoso de la Interpol. Una vez allí, planea nuevos ataques y contra él se crea una unidad antiterrorista de la que forman parte los policías neoyorquinos DaSilva y Fox.

Película policíaca de transición entre los años 70 y los 80, Halcones en la noche tiene puntos en común con joyas del género como French Connection, pero muestra bien a las claras por dónde iban a ir los tiros (nunca mejor dicho) en el cine de acción norteamericano durante la presidencia de Ronald Reagan. El antagonista, Wulfgar, es una especie de alter ego centroeuropeo de Carlos que pretende hacer la revolución a golpe de asesinato. Frente a él, un héroe íntegro que se juega la vida y su fiel compañero. Ambos estadounidenses, naturalmente, aunque para enfrentarse como es debido a la amenaza terrorista deban ser instruidos por un oficial británico. Todo muy maniqueo, como puede verse, en esta hábil mezcla de entretenimiento y propaganda.

Los primeros 80 marcan el regreso al poder en Hollywood de los hombres del talonario, la corbata y el maletín, tras una década en la que el poder de los cineastas alcanzó cotas jamás vistas. La prioridad, más allá de pretensiones más artísticas, era hacer productos taquilleros, de ritmo trepidante y al servicio de un nuevo star system más acorde con los vientos políticos que soplaban. Halcones en la noche es una muestra, quizá de las más distinguidas, de todo eso: su director, Bruce Malmuth, era un debutante venido del  mundo de la publicidad, convertido más tarde en discreto artesano especializado en cine de acción, que llegó al proyecto de rebote;  la puesta en escena está mucho más interesada en las escenas de acción que en los avatares vitales de los personajes, al contrario de lo que ocurre, por ejemplo, en los films policíacos de Sidney Lumet; y su protagonista es uno de los grandes exponentes del típico héroe de acción cachas ochentero.

Sin ser ninguna maravilla, Halcones en la noche es bastante mejor que gran parte de lo que, en su género, vendría después, y juega bien sus no demasiadas bazas. Las escenas de acción son muy convincentes, el ritmo es trepidante y las transiciones y tiempos muertos, que es donde realmente chirría el asunto, mínimas. Además, el personaje de Wulfgar, un terrorista que sabe ser encantador y a quien le gustan la buena comida, la ropa cara y la vida nocturna (vamos, como a mí) posee un magnetismo que hace que la película ofrezca más de lo que en principio se esperaría. Malmuth dirige con tanta eficacia como escasez de sello propio, pero aprovecha con acierto las inmensas posibilidades cinematográficas de la ciudad de Nueva York. El guión no pasa de correcto, la fotografía va más allá de eso, en especial en las muchas escenas nocturnas de la película, y la música del virtuoso teclista Keith Emerson es eficaz, pese a su evidente efectismo, y se hace eco del boom de la disco music. Por todo ello, y también por su curiosa sorpresa final, Halcones en la noche ha resistido el paso del tiempo con bastante dignidad.

El héroe de la función es Sylvester Stallone, actor tan musculoso como inexpresivo, por entonces deseoso de afianzar el éxito de Rocky  y camino del estrellato definitivo que alcanzaría con la serie de películas protagonizadas por el ex-marine John Rambo. Sly hace lo que puede, que no es mucho, con uno de los mejores personajes que para su lucimiento se han escrito. Quien de verdad se lleva la película a su terreno es Rutger Hauer, actor holandés recién aterrizado en Hollywood tras los éxitos conseguidos en su país natal a las órdenes de Paul Verhoeven. Su Wulfgar, mezcla de terrorista sanguinario y bon vivant, es uno de esos personajes que dejan huella en el espectador, y Hauer le da vida con total acierto. Billy Dee Williams no pasa de correcto, y el resto de personajes pintan poco y pasan casi inadvertidos, a excepción del muy buen actor Nigel Davenport. Está claro que los secundarios importaban poco en esta película.

Con todos sus defectos, Halcones en la noche es buen cine de entretenimiento, con escenas muy logradas (las de la discoteca y el teleférico, por ejemplo) y acción trepidante. Narrativamente simple, políticamente tendenciosa y de olvido fácil, pero sigue siendo una de las pocas películas protagonizadas por Sylvester Stallone que no merecen acabar en un contenedor de basura… gracias, sobre todo, a Rutger Hauer.

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