LOS CANALLAS

LES SALAUDS. 2013. 97´. Color.

Dirección: Claire Denis; Guión: Jean-Pol Fargeau y Claire Denis; Dirección de fotografía: Agnès Godard;  Montaje: Annette Dutertre; Música: Stuart Staples (Tindersticks);  Diseño de producción: Michel Barthélémy; Decorados: Claire Vaysse; Producción: Brahim Chioua, Laurence Clerc y Olivier Théry-Lapiney, para Alcatraz Film-Wild Bunch (Francia).

Intérpretes: Vincent Lindon (Marco Silvestri); Chiara Mastroianni (Raphaëlle); Julie Bataille (Sandra); Michel Subor (Edouard Laporte); Lola Crêton (Justine); Alex Descas (Dr. Béthanie); Grégoire Colin (Xavier); Florence Loiret-Caille (Elysée); Christophe Miossec (Guy); Hélène Fillières, Eric Dupond-Moretti, Sharunas Bartas.

Sinopsis: Marco, capitán de navío, recibe una llamada de su hermana, que está en una situación límite: su esposo se acaba de suicidar, su hija está ingresada en un psiquiátrico y la empresa familiar se halla a las puertas de la quiebra. El responsable de tantas adversidades parece ser Edouard Laporte, un rico empresario. Marco decide mudarse a París y alquilar un piso en el mismo edificio que Raphaëlle, la amante de Laporte.

La veterana directora francesa Claire Denis era para mí una absoluta desconocida hasta que, un poco por casualidad, me topé con su más reciente largometraje, Los canallas (traducción bastante edulcorada del original francés) y decidí echarle un vistazo, dada mi predilección por el cine negro galo, que pudo más que mis reticencias respecto a los cineastas de festivales, de los que Denis es un buen ejemplo.

Siendo una película imperfecta,  Los canallas me ha interesado de principio a fin, pues es una obra de la que me atrae lo que cuenta y, a veces, cómo lo cuenta. Para empezar, es la historia de una venganza y, más allá de eso, la historia de un hombre solo, que se apartó de su familia y regresa para socorrerla cuando todo se derrumba. Lo interesante, a nivel de personajes, es que ese hombre posee unos valores (lealtad, honradez) en claro desuso en un mundo corroído por el egoísmo y la codicia. Podría decirse que Los canallas es un film sobre alguien al que las circunstancias obligan a comportarse como un hijo de puta, enfrentado a gentes que no necesitan fingir para serlo. Los canallas es, también, una película turbia y oscura, en la forma y en el fondo, no muy lejos de la ética y la estética del Pasolini más desgarrado, o de Lars Von Trier. Sin duda, uno de los grandes aciertos del film es el haber logrado crear una atmósfera sombría, que encaja perfectamente con lo que se narra. El protagonista pasa de la libertad del mar al ambiente opresivo de una gran ciudad llena de rincones oscuros. El trabajo con la cámara de Agnès Godard y el muy acertado uso de la música de Tindersticks ayudan, y mucho, a que el espectador acompañe al protagonista en un viaje al fondo de la corrupción, del cuerpo y del espíritu, alguna de cuyas etapas recuerda también a Irreversible, la polémica obra de Gaspar Noé. Marco Silvestri vuelve a unas raíces más que podridas para perpetrar una venganza para la que tal vez le sobre integridad.

Con todo, a Los canallas le pierde en ocasiones el afán de su directora por demostrar autoría. El muy frecuente uso de la elipsis resulta a veces un muy buen recurso (véase la escena del accidente automovilístico), pero en otras parece fruto del capricho, y aporta poco más que confusión en la narrativa. El límite entre la confianza en la inteligencia del espectador y el gusto por manipularle es muy estrecho, y Claire Denis lo sobrepasa en ocasiones. Uno tiene la sensación de que en la película ocurren cosas que no están bien explicadas, y eso supone un lastre, por mucho que la intención de la directora pueda haber sido precisamente esa. Cuando se muestran las cartas, la película convence, su metraje es muy ajustado y la odisea del protagonista engancha si a uno le gustan los paseos por el pecado y la redención sobre los que tanto ha escrito Paul Schrader, narrados con un enfoque más europeo que entronca con la tradición del noir que estuvo tan en boga hace cuatro o cinco décadas.

Hablando de esto, parte del atractivo de la historia hay que achacarlo a lo cercano que resulta su protagonista, Vincent Lindon, a los personajes que en aquellos films encarnaban hombres como Jean Gabin o Lino Ventura, de rostro pétreo, pocas palabras y maneras viriles. Lindon sale bien parado en su papel de tipo duro con alma, al igual que Michel Subor sabe darle a su personaje esa perversa viscosidad que requiere, y Julie Bataille resulta muy creíble en un rol en el que lo más sencillo hubiera sido dejarse llevar por el histrionismo. En cambio, Chiara Mastroianni, cuyo rostro es el vivo retrato del de su genial padre, parece ser víctima de la confusión con la que su personaje es mostrado, y, siendo correcta su actuación, no acaba de darle a Raphaëlle el tono que requiere. El enfoque de la directora tampoco la ayuda, todo sea dicho.

Los canallas ofrece un viaje a lo oscuro, escenas turbadoras y una interesante reflexión sobre quiénes, en nuestra sociedad, son de verdad las víctimas y quiénes sus verdugos. Le sobran ciertos tics que parecen hechos para satisfacer a la crítica sesuda en perjuicio del público, pero globalmente es una apreciable muestra de cine negro francés contemporáneo.

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