COCINANDO BUEN JAZZ

Nueva visita al templo de los aficionados barceloneses al jazz, también conocido como Jamboree. Actuaba el quinteto liderado por Wallace Roney, trompetista muchas veces señalado como el sucesor de Miles Davis. Tan pesada losa es capaz de sepultar a cualquiera, pero con el tiempo Roney ha sabido labrarse una sólida carrera y, sin dejar de tener ese toque milesiano que le caracteriza desde sus primeras grabaciones, ir añadiendo colores a una paleta hoy en día muy rica.

Como se nos anunció en la presentación, Roney es uno de esos músicos que creen que donde se cocina el jazz de verdad es en los clubs, que son los lugares donde realmente le gusta actuar. Hoy, con la reputación de un clásico, Roney ejerce de líder y reparte mucho juego entre su banda de jóvenes virtuosos, formada por Ben Solomon al saxo tenor, Victor Gould al piano, Rashaan Carter al contrabajo y Kush Abadey en la batería. Ayer, por aquellas cosas del tratado de Schengen, Abadey no pudo aterrizar en Barcelona, por lo que le sustituyó Marc Ayza, batería local de amplia y variada trayectoria que se enfrentó con éxito al caramelo envenenado que supone tocar con una banda tan buena y tan dada a improvisar sobre el escenario.

Empezaron, después de un breve solo de Roney para empezar a marcar territorio, con un medley compuesto por una sección de A love supreme y un tema del Miles pre-eléctrico de Filles de Kilimanjaro. Casi nada. Lejos de lo medido, de lo previsible o de lo cómodo, el quinteto de Roney arriesga sobre el escenario, deja que la música fluya en libertad. La calidad de los intérpretes hace que la aparente anarquía que se masca en el ambiente (ayer muy bueno, como no podía ser de otra manera) no degenere en galimatías, sino que todo encaje. Los solos de Roney, matizados y concisos, rivalizaban con los de sus jóvenes acompañantes, de los que Solomon y Carter (con ese apellido, un contrabajista no puede ser sino un crack) me parecieron sencillamente portentosos. Temas largos, en los que los músicos podían explayarse y mostrar su técnica y su discurso, mucha complicidad (la sonrisa de Roney cuando no tocaba así lo atestiguaba) y un verdadero disfrute para los aficionados, culminado por todo un ´Round midnight en el bis. Lo que dice Roney sobre los clubs de jazz es muy cierto. Y él, además, predica con el ejemplo.

Roney, en 1992, tocando So what junto a cuatro fueras de serie:

Una canción mítica, grabada por Roney junto a tres de los miembros de su actual quinteto:

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