PARA TODOS LOS GUSTOS

LE GÔUT DES AUTRES. 2000. 110`. Color.

Dirección: Agnès Jaoui; Guión: Jean-Pierre Bacri y Agnès Jaoui;  Dirección de fotografía: Laurent Dailland;  Montaje: Hervé de Luze; Música: Jean-Charles Jarrel;  Diseño de producción: François Emmanuelli; Decorados: Marie Cheminal; Producción: Christian Bérard y Charles Gassot, para Canal +, France 2 Cinéma- Les Films A4 (Francia).

Intérpretes: Anne Alvaro (Clara Devaux); Jean-Pierre Bacri (Jean-Jacques Castella); Alain Chabat (Bruno); Agnès Jaoui (Manie); Gerard Lanvin (Franck Moreno); Christiane Millet (Angélique); Wladimir Yordanoff (Antoine); Anne Le Ny (Valérie); Brigitte Catillon (Beatrice Castella); Raphaël Dufour (Benôit); Xavier De Guillebon (Weber); Céline Arnaud, Robert Bacri, Michel Caccia.

Sinopsis: Castella es un empresario tan exitoso como poco ilustrado, que una noche, viendo una obra de teatro a la que ha ido por obligación, se queda prendado de la actriz protagonista. A partir de ahí, empezará a frecuentar, acompañado por su inseparable guardaespaldas, el ambiente intelectual de la intérprete.

Debut en la dirección cinematográfica de la actriz francesa Agnès Jaoui, Para todos los gustos es, en mi opinión, una de las mejores cosas que le han pasado al cine francés en los últimos años. Parte de una idea brillante, la desarrolla con habilidad y coherencia y se convierte en una muy acertada mezcla de ingredientes que recuerda al cine de Woody Allen… y es mejor que cualquiera de las películas del neoyorquino desde Desmontando a Harry.

Pongan en una coctelera a un empresario forrado (y algo ceporro) que descubre las maravillas del arte en los ojos y en la mirada de una actriz teatral; a esa actriz, ya cuarentona y todavía sin estabilidad laboral ni sentimental; al guardaespaldas que la aseguradora ha puesto a disposición del empresario, un ex-policía cínico y descreído; al chófer de aquél, ingenuo y amante de la flauta travesera; a una esposa decoradora sobrada de cursilería; a una camarera sexualmente muy liberada que vende hachís y marihuana para ganarse un sobresueldo, y al círculo intelectual de la actriz, agiten bien y tendrán una película que no sé si es para todos los gustos pero que, desde luego, lo es del mío.

El film trata de cómo nos cambiamos a nosotros mismos para adaptarnos a los gustos de los demás, de lo llenos de prejuicios que estamos y de que en ocasiones, cuando nos encontramos fuera de nuestro habitat natural, conocemos, por puro azar, a algunas personas capaces de sacar de nosotros cualidades o defectos que habían permanecido en la sombra hasta entonces. Y todo esto lo explica con mucho ingenio y gran perspicacia. Un detalle importante, por ejemplo, es que cuando Castella conoce a Clara (candidata a ser su profesora de inglés), ella le dice más bien poca cosa. Es cuando la ve sobre las tablas, haciendo algo que adora y para lo que posee talento, cuando el empresario descubre un nuevo mundo ante sus ojos. Un nuevo mundo que, naturalmente, le rechazará: él es un hombre tan rico como poco cultivado, la pesadilla (y la víctima perfecta) de todo intelectual. Tampoco Castella anda escaso de prejuicios, y sus intentos por conquistar a la actriz son poco más que una cadena de malentendidos y desencuentros. Alrededor de esta historia van tejiéndose otras, en bares, coches y camas, y en todas ellas veo el brillo de lo auténtico: puede que uno no tenga demasiadas cosas en común con los personajes de la película, pero sabe que, en la vida real, la gente es más o menos así, que después de un buen polvo no se fuma, se bebe agua; que hay personas que pierden la fe de una vez y para siempre; que el amor no correspondido produce monstruos, sobre todo cuando llega esa edad en que somos conscientes de que pocos trenes pasarán ya ante nuestros ojos; que ser aceptado por los demás sin dejar de ser uno mismo no es tarea fácil; que el arte es capaz, si no de mover montañas, sí al menos de romper corazas; y que, en definitiva, si dejamos por un momento el juego de prejuzgar y ser prejuzgados podemos encontrarnos sorpresas agradables. Por todo ello, Para todos los gustos no es ni una comedia ni un drama, sino esa curiosa mezcla de ambas cosas que es la vida misma.

Inteligencia, sensibilidad… y gran capacidad de comunicación, eso que ahora se lleva tanto y se ejerce tan poco que se llama empatía. Al final de la película, el espectador no puede dejar de experimentar satisfacción o tristeza al ver cómo terminan las historias y qué puede depararle el futuro a los personajes. Si en los aspectos más puramente técnicos el acabado es más que correcto, es en la utilización de la música (esos corazones rotos o remendados al son de Mendelssohn, Schubert o el Pat Metheny Group, ese momentazo Juanita Banana, las jetas de Castella, su chófer y su guardaespaldas en la discoteca, lo desubicados que están en ese ambiente y con esa música) o en la dirección de actores donde el film logra las notas más altas. Jaoui es actriz, y buena, capaz de sacar lo mejor de sus compañeros, empezando por su pareja (y coguionista) Jean-Pierre Bacri (maravilloso y lleno de matices su Castella), y de sí misma, pues su interpretación de Manie merece también ser remarcada. Podría decirse que el hecho de que el elenco esté formado por actores poco conocidos le da a la película un plus de autenticidad; tal vez se así, pero la verdadera gracia estriba en que los intérpretes actúan bien.

No he visto las tres películas que ha dirigido Agnès Jaoui después de Para todos los gustos pero, en todo caso, puede sentirse orgullosa de ésta.

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