LA VIDA SOÑADA DE LOS ÁNGELES

 

LA VIE RÊVÉE DES ANGES. 1998. 112´. Color.

Dirección: Erick Zonca; Guión: Erick Zonca, Roger Bohbot y Pierre Chosson, con la colaboración artística de Virginie Wagon;  Dirección de fotografía: Agnès Godard y Dominique Le Rigoleur;  Montaje: Yannick Kergoat; Música: Yann Tiersen;  Diseño de producción: Jimmy Vansteenkinste; Producción: François Marquis, para Diaphana Films Ariane- Les Productions Bagheera- France 3 Cinéma (Francia).

Intérpretes: Élodie Bouchez (Isa); Natacha Régnier (Marie); Grégoire Colin (Chriss); Patrick Mercado (Charly); Jo Prestia (Fredo); Francine Massenhave, Zivko Niklevski, Murielle Colvez, Frédérique Hazard.

Sinopsis: Isa es una joven de carácter soñador y optimista que se mueve de ciudad en ciudad ganándose la vida como puede. En un taller de costura conoce a Marie, una muchacha de su misma edad y con un temperamento totalmente distinto al suyo. Ambas se hacen amigas y se alojan en un apartamento en el que vivían dos mujeres que están en coma en el hospital.

Ópera prima del director Erick Zonca, merecedora de numerosos elogios y diversos premios, La vida soñada de los ángeles es una película con muchos puntos en común con las obras de los hermanos Dardenne y, a la vez, un pormenorizado estudio de dos caracteres antagónicos, los de Isa y Marie, que sólo tienen en común la edad y el hecho de ser dos mujeres con un pasado nada fácil y un presente y futuro inciertos. Isa arrastra consigo sus escasas pertenencias, viaja de una ciudad a otra y se toma las cosas como vienen, intentando aprovechar las posibilidades que la vida va poniendo en su camino, que la ha llevado hasta Lille. Su idea era reunirse allí con un amigo, pero éste se ha ido a Bélgica, por lo que Isa se encuentra sola en una ciudad desconocida y con el dinero que gana vendiendo postales (que elabora ella misma) como único sustento. Encuentra trabajo en un taller de costura y allí conoce a Marie, una joven peleada con el mundo y mentalmente inestable. Ambas jóvenes, pese a ser tan distintas, congenian y se convierten en inseparables. Su vida no es fácil, van de un empleo precario a otro y no tienen muchas opciones de cambiar de vida, al menos a corto plazo. Su única fortuna es que la tía de Marie la ha puesto al cuidado de una casa en la que vivían dos mujeres, madre e hija, que tuvieron un accidente y están en coma, y mientras dure la estancia hospitalaria Isa y Marie pueden vivir confortablemente en ese apartamento. Conocen a dos hombres que se ganan la vida como porteros de discoteca y roadies de bandas de rock que están de gira y entablan relaciones (sólo platónicas  por lo que respecta a la chica soñadora, no así para su amiga) con ellos, mientras Isa descubre el diario de la joven que está en el hospital, lo lee y empieza a ir regularmente a visitarla.

Realismo social y estudio psicológico. Zonca quiso debutar con una historia poderosa, y lo consiguió. Su retrato de la vida de dos jóvenes desheredadas en una ciudad de la Francia norteña es concienzudo, pródigo en detalles y, por momentos, cercano también al cine de Ken Loach (o al de Fernando León de Aranoa), aunque su discurso ideológico sea más sutil que el del director británico. Sin embargo, el elemento que hace realmente funcionar la película es el enfrentamiento entre los caracteres de los dos personajes principales: Isa pone al mal tiempo buena cara, es una persona llena de bondad, que trabaja de lo que haga falta, disfruta dándose a los demás y no deja de buscar una puerta que abrir cuando otra se le cierra. Marie es egoísta, perezosa, neurótica e incapaz de tener un gesto de agradecimiento o de generosidad hacia los demás. En cierto modo, Zonca juega a mostrarnos las dos caras de los excluidos por el capitalismo y, desde luego, toma partido por una de ellas (su enfoque de la narración no opta, desde luego, por lo frío y lo objetivo). Isa puede parecer conformista, pero actúa para que las cosas cambien a mejor; la rebeldía de Marie es impostada: odia a los burgueses, pero sólo porque no ha tenido la oportunidad, ni tiene la capacidad, de ser uno de ellos. Cuando se enamora del dueño de la discoteca en la que trabaja su novio, este rasgo se hace del todo evidente. En el fondo, Marie es una persona tóxica, cuyos miedos e inseguridades la paralizan, que proyecta su autodesprecio hacia los demás y hace que la vida de quienes le rodean sea todavía más complicada.

La historia está bien escrita, la puesta en escena es eficaz y los aspectos técnicos resueltos sin filigranas pero con acierto. El retrato de una ciudad cualquiera, industrial, gris y cruel, está muy logrado y, si bien en ocasiones el ritmo es en exceso premioso, en general la narración logra que el espectador se implique en (y atienda a) lo que se le explica. Uno echa en falta unos secundarios de mayor entidad, pero lo cierto es que el resultado del film es bastante redondo, y esto se debe en buena parte al excelente trabajo de su pareja protagonista, una Élodie Bouchez que, siendo una gran actriz, pocas veces ha encontrado un personaje tan rico como el de Isa para poder demostrar su calidad interpretativa, y una Natacha Régnier que lidia bien con un rol muy proclive al exceso. Ellas son otro de los grandes puntos fuertes de La vida soñada de los ángeles, película que creó unas expectativas respecto a su director que a día de hoy están lejos de cumplirse, y que puede y debe verse como un importante ejercicio de realismo, tanto en su aspecto social como en el psicológico. En definitiva, una de las mejores obras del cine francés de las dos últimas décadas.

 

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