EN EL CALOR DE LA NOCHE

IN THE HEAT OF THE NIGHT. 1967. 109´. Color.

Dirección: Norman Jewison; Guión: Stirling Silliphant, basado en la novela de John Ball; Dirección de fotografía: Haskell Wexler;  Montaje: Hal Ashby; Música: Quincy Jones;  Dirección artistica: Paul Groesse; Vestuario: Alan Levine; Producción: Walter Mirisch, para The Mirisch Corporation (EE.UU.).

Intérpretes: Sidney Poitier (Virgil Tibbs); Rod Steiger (Sheriff Gillespie); Warren Oates (Sargento Wood); Lee Grant (Mrs. Colbert); Larry Gates (Endicott); William Schallert (Schubert); Matt Clark (Packy); Scott Wilson (Harvey Oberts); Quentin Dean (Delores); James Patterson (Purdy); Beah Richards, Peter Masterson, Peter Whitney, Kermit Murdock, Larry D. Mann, Arthur Malet, Timothy Scott.

Sinopsis:Un hombre de negocios es asesinado en un pequeño pueblo de Mississippi. Como es habitual en el Profundo Sur, el primer sospechoso del crimen es un forastero de raza negra al que detienen en la estación de tren. Sin embargo, el tal forastero resulta ser Virgil Tibbs, un detective de homicidios de Filadelfia que ayudará a las autoridades locales, pese a las reticencias de éstas, a esclarecer el asunto.

Esta multipremiada película constituyó, sin lugar a dudas, el mayor éxito en la carrera de Norman Jewison, un director canadiense más aplicado que brillante, forjado en el mundo de la televisión, de marcadas tendencias liberales y contrastada eficacia en la puesta en escena. A él le encargó el productor Walter Mirisch, alma mater del proyecto, la adaptación cinematográfica de una novela de John Ball con enormes posibilidades de dar lugar a un thriller sureño de notable interés, como así sucedió.

Mezcla de intriga policíaca, drama racial, buddy movie y film de tesis, En el calor de la noche es un perfecto ejemplo de película estrenada en el momento adecuado. A finales de los años 60, la reivindicación de la igualdad racial, la lucha en favor de los derechos civiles y la cultura liberal-progresista norteamericana se encontraban en su máximo apogeo, y esta película fue algo así como una de sus más representativas plasmaciones en la pantalla, algo así como una versión yanqui de Lo viejo y lo nuevo. El Sur de los Estados Unidos, atrasado y racista, caluroso y lleno de misterio, resulta un magnífico marco cinematográfico. En una de sus pequeñas ciudades un empresario es asesinado. La policía, cargada de prejuicios, hace lo que hace siempre: detener al primer negro que encuentra en su camino e intentar cargarle el muerto. Esta vez, sin embargo, la policía de Sparta, Mississippi, al mando del huraño sheriff Gillespie, detiene al hombre equivocado: su prisionero es un hombre elegante, que bajo sus buenas maneras esconde una gran energía, que se encuentra en el pueblo por pura casualidad y que, además, trabaja en Filadelfia como detective especializado en homicidios. Pese a estar deseoso de mostrarle al tipo del Norte que sus métodos modernos no tienen nada que aportar a los suyos, Gillespie comprende que Tibbs puede serle útil para encontrar al culpable del crimen, cosa que ha entendido antes que nadie la viuda del empresario asesinado. Tibbs se involucra en la investigación en un pueblo racista que le rechaza, y donde se aprecia de un modo nítido que ignorancia y orgullo forman un cóctel desastroso. El detective, un tipo de maneras pulidas que no lleva armas y utiliza el cerebro en lugar de la violencia, hará entender al arisco y solitario Gillespie que, tal vez, sus ideas sean erróneas. De eso va la película, de la necesidad de que una parte importante de los Estados Unidos evolucione, supere su oscuro pasado y tienda la mano a la igualdad y la modernidad. A día de hoy, dicho objetivo está muy lejos de haberse conseguido plenamente.

Pese a sus grandes virtudes, no creo que En el calor de la noche sea un film de los grandes, de los que hacen historia. Empieza muy bien, con esa excelente fotografía de Haskell Wexler que, unida a las notas del tema-título interpretado por Ray Charles, ya hace partícipe al espectador del entorno tórrido en el que la película va a moverse. La narración es ágil, la puesta en escena funcional (a Jewison le falta punch, como casi siempre, pero esta película lo necesita poco) y nada cargante, la historia engancha y se sigue con interés hasta el final, pero hay cosas que chirrían y elipsis directamente equivocadas. Por ejemplo, en ningún momento se nos dice cómo Tibbs (que será muy inteligente, pero no es telépata) averigua los peculiares hábitos indumentarios de Delores, cuya relevancia en la resolución del caso no es poca. Dicha resolución, añado, me resulta pobre. Como thriller policial, la película no acaba de dar lo que promete. No obstante, la película funciona, y lo hace rematadamente bien, como retrato de una sociedad anclada en un pasado más bien poco glorioso, como film defensor de las tesis liberales, y sobre todo como buddy movie. Lo mejor de la función es el progresivo encuentro entre Tibbs y Gillespie, dos policías que no pueden ser más distintos en el aspecto y en las formas, pero que acaban viendo en el otro a alguien digno de respeto y entregado a su trabajo. Buena parte del mérito hay que concedérselo a los dos excelentes actores que interpretan a Tibbs y Gillespie: tanto Sidney Poitier como Rod Steiger están fantásticos, y su duelo es lo que lleva a la película a su nivel más alto. Steiger, un intérprete que es pura dinamita, dotado de calidad y carisma, consiguió el Oscar gracias a este papel, pero el trabajo de Poitier no es inferior al suyo. Del resto del reparto, destacar a un Warren Oates que ya estaba cerca de llegar a la cima de su carrera a las órdenes de Sam Peckinpah, a un joven Scott Wilson, y a una muy acertada Lee Grant. A veces, los actores dan a las películas cosas que el guión regatea, y en este film ocurre precisamente eso.

En el calor de la noche tal vez sea una obra un punto sobrevalorada, pero no deja de ser una muy buena película que ha envejecido bastante bien. Uno de esos films que hay que tener en la colección, ver varias veces, y disfrutar siempre.

 

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