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ALL THAT JAZZ (EMPIEZA EL ESPECTÁCULO)

ALL THAT JAZZ. 1979. 125´. Color.

Dirección: Bob Fosse; Guión: Robert Allan Aurthur y Bob Fosse; Dirección de fotografía: Giuseppe Rotunno;  Montaje: Alan Heim; Música: Ralph Burns;  Diseño de producción: Philip Rosenberg; Vestuario: Albert Wolsky; Producción: Robert Allan Aurthur, para Twentieth Century Fox-Columbia Pictures (EE.UU.).

Intérpretes: Roy Scheider (Joe Gideon); Jessica Lange (La dama de blanco); Leland Palmer (Audrey Paris); Ann Reinking (Katie Jagger); Cliff Gorman (Davis Newman); Ben Vereen (O´Connor Flood); Erzsebet Foldi (Michelle); Michael Tolan (Dr. Ballinger); Deborah Geffner (Victoria); Keith Gordon (Joe Gideon joven); Max Wright (Joshua Penn); John Lithgow (Lucas Sergeant); William LeMassena, Sandahl Bergman, David Margulies, Robert Levine, Ben Masters, Wallace Shawn.

Sinopsis: Joe Gideon, coreógrafo y cineasta de éxito, es además un adicto al tabaco, al sexo, al alcohol y a las anfetaminas, y un tipo talentoso que detesta lo convencional. Mientras prepara su nuevo musical y trabaja en el montaje de su última película, sufre un ataque cardíaco y ello le da pie a repasar su vida y sus amores.

He aquí el Ocho y medio de Bob Fosse, el muy y al tiempo nada complaciente autorretrato de un director de cine y coreógrafo dotado de un talento excepcional y de un incontenible deseo de vivir la vida al máximo. En estos tiempos abundan las autobiografías escandalosas de actores, músicos y otras celebridades, y aún más los escritores que intentan hacer fortuna buscando fango bajo los mitos, vivos o preferiblemente muertos. Pues bien, Bob Fosse se anticipó a todos ellos y explicó lo explicable y parte de lo otro, desnudándose en la pantalla y mostrando su existencia y sus obsesiones de un modo, entonces y ahora, inusualmente crudo. Aquí, vida y obra son inseparables, ya que lo único que no comparten Joe Gideon y Bob Fosse es el nombre.

Excesivo en todo, Fosse sufrió un infarto mientras, por un lado, preparaba la puesta en escena de Chicago y, por otro, revisaba el montaje de Lenny, el biopic del cómico Lenny Bruce que dirigió tras el espectacular éxito de Cabaret. De esa experiencia surge All that jazz, en la que Gideon/Fosse habla de su vida… con la Muerte. Esta circunstancia emparenta esta autobiografía filmada con otro gran clásico del cine, El séptimo sello. Claro que Fosse no es Bergman, y aquí la Muerte no es un hierático y oscuro ajedrecista, sino una bella joven vestida de blanco, a la que Gideon, mujeriego empedernido, trata de seducir mientras intenta explicar  quién es él y cómo ha llegado al punto de mantener tan interesante conversación. El protagonista trata por todos los medios de burlar a la Muerte: baila con ella, la ignora, la dribla cual astro futbolístico o la mira con cara de niño travieso, pensando quizá que así conseguirá ablandarla, como a todos los que le rodean. En él se da del todo una frecuente contradicción humana: muchas veces, las personas que rebosan vida son a la vez las más autodestructivas. A Gideon/Fosse no le van las medias tintas: su ritual matutino consiste en fumar, ducharse (a veces, ambas cosas a la vez), tomar speed, escuchar a Vivaldi y decirle al espejo: “Es la hora del espectáculo, amigos”. Y vaya si lo es: horas y horas en la sala de montaje en busca de la perfección (con alusión a Stanley Kubrick incluida), más horas todavía en audiciones y continua repetición de movimientos a la caza de la armonía y la sincronización absoluta en los bailarines, música y danza, una ex-mujer, una legión de amantes y ex-amantes (ese harén felliniano), una hija adolescente, cigarrillos consumidos de forma compulsiva, vino blanco, anfetas, el trato diario con los hombres que velan por el negocio, y que ante el erotismo de las coreografías sólo lamentan perder al público familiar… y claro, un día tu corazón dice “basta”. Y tú tratas de hacer ver que no ha pasado nada porque te apasiona lo que haces y quieres a toda costa seguir haciéndolo, pero… ¿de verdad no ha pasado nada?

Esta magnífica película esta llena de momentos impagables: la selección de los bailarines al son del On Broadway de George Benson, los chistes sobre la muerte que explica el cómico que protagoniza el film que está montando Gideon, la escena en la que el artista rememora sus inicios en el mundo del espectáculo, la carnalidad de las coreografías, la hilarante revisión médica en la que doctor y paciente están fumando, y la tos del galeno es mucho más notoria que la del enfermo, el montaje paralelo que muestra cómo los hombres de traje y corbata se reparten el botín mientras al tipo del talento le operan a corazón abierto y, desde luego, esa despedida al ritmo de los Everly Brothers y su Bye bye love, aquí con el texto un tanto cambiado.

En mi opinión, All that jazz, Palma de Oro en Cannes, es una pelicula redonda, la obra maestra de su director, uno de los mejores musicales de la historia del cine y, a la vez, un film en el que vida, arte y ritmo se dan de la manos como pocas veces he visto, y en el que coreografías y argumento encajan a la perfección y se hacen avanzar mutuamente. Las canciones, tanto las compuestas ex profeso para la película como la utilización que se hace de temas conocidos (After you´ve gone), rezuman brillantez, el montaje es fantástico y la fotografía de Giuseppe Rotunno (otro nexo de unión con Fellini), lo mismo. Además, Roy Scheider consigue la mejor interpretación de su carrera enfrentado al difícil reto de convertirse en Bob Fosse, Jessica Lange está tan bella que viéndola le dan a uno ganas de morirse, y el resto del reparto, formado por caras mucho menos conocidas, no desentona en lo más mínimo con un nivel general que, como ya he dicho, sitúa a esta película a la altura de las grandes. Y, por cierto, Fosse acertó en otro aspecto fundamental, pues falleció de un ataque cardíaco ocho años después del estreno de esta película.

 

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