LOS CUATRO HIJOS DE KATIE ELDER

 

THE SONS OF KATIE ELDER. 1965. 119´. Color.

Dirección: Henry Hathaway; Guión: William H. Wright, Allan Weiss y Harry Essex, basado en un argumento de Talbot Jennings; Dirección de fotografía: Lucien Ballard;  Montaje: Warren Low; Música: Elmer Bernstein;  Decorados: Sam Comer y Ray Moyer; Dirección artística: Hal Pereira y Walter Tyler; Vestuario: Edith Head; Producción: Hal B. Wallis, para Paramount Pictures (EE.UU.).

Intérpretes: John Wayne (John Elder); Dean Martin (Tom Elder); Michael Anderson, Jr. (Bud Elder); Earl Holliman (Matt Elder); Martha Hyer (Mary Gordon); Jeremy Slate (Ben Latta); James Gregory (Morgan Hastings); Paul Fix (Billy); George Kennedy (Curley); Dennis Hopper (Dave Hastings); Sheldon Allman, John Litel, John Doucette, Rhys Williams, John Qualen, Strother Martin, Rodolfo Acosta.

Sinopsis:Katie Elder muere en una pequeña villa de Texas. A su funeral asisten sus cuatro hijos, de edades y temperamentos muy distintos. Una vez en el pueblo, descubren que en la situación económica de su madre, así comon en el asesinato de su padre seis meses atrás, existen puntos oscuros que nadie en el pueblo quiere revelarles.

A mitad de los años 60 el western clásico daba sus últimos coletazos. Sus más brillantes cultivadores, como Ford, Hawks, Walsh o Mann, habían fallecido o se hallaban en las postrimerías de sus carreras, y los nuevos tiempos llevaron los gustos del gran público hacia otros derroteros. En Europa acababa de surgir el spaghetti western, que hizo furor durante unos años y cuya influencia es todavía acusada en varios de los grandes directores de nuestro tiempo, y en los Estados Unidos cineastas como Brooks, Aldrich y, sobre todo, Peckinpah, aún producirían excelentes films ambientados en el Oeste, pero la mayoría en un tono menos épico y vitalista y más sombrío. En mitad de esta época de cambios, el vaquero americano por excelencia, John Wayne, volvió a unirse a uno de sus directores favoritos, Henry Hathaway, en este western de aliento clásico, que no aporta nada original al género pero es un notable producto de entretenimiento.

Henry Hathaway fue un eficaz y a veces brillante director que desarrolló casi toda su carrera bajo el sistema de los grandes estudios. Sus mejores obras pertenecen a tres géneros (aventuras, cine negro y western) a los que dio varias obras imprescindibles. Conocedor del oficio como pocos, director sobrio y eficaz, a Hathaway le falta una obra maestra que corone su obra y le sitúe en el Olimpo de los directores de referencia, pero dirigió un buen puñado de películas que no pueden faltar en cualquier videoteca que se precie. Una de ellas es Los cuatro hijos de Katie Elder, western clásico que vuelve a reunir, después de la magistral Río Bravo, a dos tipos tan sobrados de presencia como John Wayne y Dean Martin a la cabeza del reparto, y nos ofrece una historia que agrupa diversos elementos típicos del western (el pistolero maduro que se cuestiona la necesidad de tanta violencia, el esclarecimiento de turbios episodios del pasado, las disputas sobre tierras, la venganza, la unión de un clan familiar contra sus enemigos), y que podría estar mejor resuelta, pero que nunca deja de avanzar y siempre ofrece aspectos interesantes.

El comienzo de la película es un ejemplo de buen hacer: los tres hijos menores de la difunta Katie Elder esperan en la estación de tren a que llegue su hermano mayor, John, un acreditado pistolero. En vista de que el primogénito no se presenta a la cita, Tom, Matt y Bud acuden al funeral, que se celebra en un valle rodeado de montañas. Casi al final de la ceremonia, se nos muestra la figura de John Elder, que desde las alturas observa el último tributo a su madre. Esos planos, esa escena entera, es puro cine, uno de esos momentos que justifican el visionado de una película.

Ya en el pueblo, John y sus hermanos pronto perciben que no son bien recibidos, hasta el punto de que el terrateniente del lugar, Hastings, ha contratado a un pistolero para eliminarlos. Los hermanos Elder, que en todo momento tratan de evitar un conflicto cuyo origen van poco a poco descubriendo, ven cómo a causa de ello su situación no deja de empeorar, viéndose finalmente obligados a defenderse de Hastings, que por si fuera poco ha conseguido ponerles a todo el pueblo (ya de por sí hostil a los forasteros) en contra. Si bien el conflicto está bien planteado, y su desarrollo es coherente, mi impresión es que su resolución no está a la altura de lo esperable. Las escenas finales son espectaculares y están filmadas con maestría, pero su base narrativa es débil, y eso lastra el resultado final de una película que tenía muchos elementos para ser excelente y se queda en notable. He de decir, no obstante, que el plano final es sencillamente antológico, todo un ejercicio de capacidad visual: Hathaway nos muestra cuántas cosas se pueden decir con un simple plano de una mecedora. Quizá la principal sea plasmar, de la mejor manera posible, que el personaje clave del film es uno que no aparece en todo el metraje: Katie Elder, la madre de esos cuatro hijos que poco bueno han hecho en la vida, pero que a la hora de la verdad saben unirse y honrar su apellido.

Henry Hathaway es un seguro de factura técnica impecable. En los últimos años de su carrera, conocía todos los trucos de su oficio y, por ello, esta película está francamente bien hecha. No creo que nadie hubiera podido filmar esta historia de mejor manera que la llevada a cabo por este ilustre veterano, que además contó con el trabajo de uno de los hombres que mejor ha sabido fotografiar los paisajes del Oeste, Lucien Ballard, el cámara favorito de Sam Peckinpah. La banda sonora de Elmer Bernstein, muy en la línea de la que le encumbró (Los siete magníficos), es también destacable dentro de una película cuyo acabado es, repito, nada fácil de mejorar.

En cuanto al reparto, decir que John Wayne, que le debe a Hathaway algunos de los mejores personajes que interpretó, hace de John Wayne incluso mejor que en buena parte de sus westerns. Dean Martin, un tipo estiloso como pocos, repite también un papel muy típico en él, el del simpático vividor de buen corazón, al que muy pocos supieron darle la brillantez que a él parecía salirle casi sin esfuerzo. Del resto del reparto, destacar la presencia de secundarios de lujo como Strother Martin, de una Martha Hyer que está casi de más en una película eminentemente masculina, y de un joven Dennis Hopper que aún no había dado el salto a la fama a lomos de una chopper. James Gregory está correcto a secas recreando al villano de la función, aunque su actuación se resienta del hecho de que su personaje no acabe de estar bien perfilado. Como es habitual en esta clase de películas, los actores jóvenes no están a la altura de los veteranos… salvo Hopper, que ya por entonces apuntaba buenas maneras.

Los cuatro hijos de Katie Elder no es una obra cumbre del cine del Oeste, pero sí una película que, desde su nunca olvidada pretensión de entretener, contiene momentos de gran cine y es uno de los mejores ejemplos del western clásico tardío.

 

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