LAS NIEVES DEL KILIMANJARO

THE SNOWS OF KILIMANJARO. 1952. 114´. Color.

Dirección: Henry King; Guión: Casey Robinson, basado en la novela de Ernest Hemingway; Dirección de fotografía: Leon Shamroy.;  Montaje: Barbara MacLean; Música: Bernard Herrmann;  Dirección artística: John De Cuir y Lyle Wheeler; Decorados: Paul S. Fox y Thomas LittleProducción: Darryl F. Zanuck, para 2oth Century Fox (EE.UU.).

Intérpretes: Gregory Peck (Harry Street); Susan Hayward (Helen); Ava Gardner (Cynthia Green); Hildegard Knef (Condesa Liz); Leo G. Carroll (Tío Bill); Torin Thatcher (Johnson); Ava Norring (Beatrice); Marcel Dalio (Emile); Helene Stanley, Vicente Gómez, Leonard Carey, Bert Freed, Benny Carter.

Sinopsis: Postrado en África a causa de una enfermedad que amenaza con acabar con su vida, el escritor y aventurero Harry Street recuerda entre delirios su vida pasada y sus antiguos amores.

La obra de Ernest Hemingway ha sido en muy numerosas ocasiones objeto de adaptación para la gran pantalla, dando lugar a un subgénero tan desigual como la propia obra del escritor norteamericano. Las nieves del Kilimanjaro, un relato eminentemente autobiográfico, no se cuenta a mi parecer entre las obras más destacables de un escritor a menudo demasiado prisionero de su personaje, pero aún así es bastante mejor que esta adaptación, de la que el propio Hemingway se desentendió, hasta el punto de llamarla Las nieves de Zanuck. El todopoderoso productor encargó la dirección a Henry King, un artesano tan aplicado y polivalente como escaso de genio, que a su vez era uno de los cineastas favoritos del protagonista, Gregory Peck. Seguramente, ninguno de los dos eran los más idóneos para la función que se les encomendó y, de hecho, Roy Ward Baker llegó a dirigir algunas escenas de la película. Realizadores como John Huston o Howard Hawks hubieran sido sin duda mucho más adecuados que King para darle vida a un proyecto necesitado de mayor energía, pues ellos, además de ser dos grandes del cine, podían retratar con mayor conocimiento de causa a este escritor sediento de aventuras, gran bebedor y ególatra incorregible que no es otro que Ernest Hemingway.

La película no sólo flaquea por la elección del director, sino por muchos otros factores: el guión resulta deslavazado, se suaviza el relato para adaptarlo a las exigencias del gran público (el final, sin ir más lejos, es edulcorado y forzadísimo), y hay pocos diálogos de verdadera entidad. Tampoco la yuxtaposición entre los paisajes africanos y los delirios del protagonista, o el acabado técnico de la escena con los hipopótamos son nada del otro mundo. La película viaja de África a París, de España a la Riviera, y todo resulta tan confuso y está narrado de una manera tan superficial que resulta difícil que el espectador no se contagie de los desvaríos del escritor Harry Street. El excelente tema musical que acompaña a los títulos de crédito iniciales crea unas expectativas que tampoco aquí se concretan, pues la banda sonora creada por el gran Bernard Herrmann no está a la altura de sus mejores obras. Destacaría, eso sí, la intervención del saxofonista Benny Carter en una de las mejores escenas del film, la de la fiesta bohemia en París en que Harry y Cynthia conversan por primera vez.

En cuanto al reparto, uno ve inadecuado e incómodo a un Gregory Peck que resulta poco creíble en un papel que no le va y que, por ejemplo, Mitchum hubiera bordado. El hombre lo intenta, pero no es un Hemingway convincente. El personaje interpretado por  Susan Hayward es una sucesión de tópicos, y la actriz se limita a cumplir. Del reparto sólo destacaría la enorme belleza de Ava Gardner, que además da vida al único carácter femenino con entidad y alma, y al siempre excelente Leo G. Carroll. Uno sí se cree que un hombre pierda la cabeza por alguien como Cynthia Green, pero no casi todo lo demás. La película baja invariablemente su nivel y su intensidad dramática en las escenas en que Ava Gardner no aparece, que son muchas. Demasiadas para no acabar componiendo un film fallido y prescindible, una película que, dado el carácter aventurero y las peripecias vitales del protagonista, podría haber sido buena y vibrante, pero se queda a medio camino de casi todo.

 

 

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