BAILANDO CON LOBOS

BAILANDO CON LOBOS. 1990. 179´. Color.

Dirección: Kevin Costner; Guión: Michael Blake, basado en su propia novela; Dirección de fotografía: Dean Semler.;  Montaje: William Hoy, Chip Masamitsu, Stephen Potter y Neil Travis; Música: John Barry;  Dirección artística: William Ladd Skinner; Diseño de producción: Jeffrey BeecroftVestuario: Elsa Zamparelli; Producción: Jim Wilson y Kevin Costner, para Tig Productions-Orion Pictures (EE.UU.).

Intérpretes: Kevin Costner (Teniente John Dunbar/Bailando con Lobos); Mary McDonnell (En Pie con el Puño Alzado); Graham Greene (Pájaro Peleón); Rodney A. Grant (Cabello al Viento); Floyd Red Crow Westerman (Diez Osos); Robert Pastorelli (Timmons); Charles Rocket  (Teniente Elgin); Tony Pierce (Spivey); Tantoo Cardinal, Maury Chaikin, Michael Spears, Tom Everett, Wes Studi.

Sinopsis: Después de la Guerra de Secesión, el teniente John Dunbar solicita ser destinado a la frontera india. Al llegar a su destino, encuentra el fuerte abandonado y no tarda en conocer a los indios sioux, que están lejos de ser las bestias salvajes que el hombre blanco cree que son.

Convertido en una de los mayores estrellas del celuloide a finales de los años ochenta, Kevin Costner decidió pasarse a la dirección con este western revisionista que en su momento fue un enorme éxito y resulto premiado con siete Oscars. Por aquel entonces, el western se consideraba un género pasado de moda al que únicamente Clint Eastwood se dedicaba de vez en cuando. Costner, que por aquellos años era poseedor de un status en Hollywood que le permitía hacer lo que quisiera, se planteó un reto tan ambicioso como arriesgado y salió triunfante, tanto en el aspecto artístico como en el comercial, iniciando de forma arrolladora una carrera como director que casi se fue al traste después de los desastres de Waterworld (firmada por Kevin Reynolds) y Mensajero del futuro.

Basada en la novela de Michael Blake, Bailando con lobos nació con la idea de ser una película grande, en todos los aspectos, con toda la jerarquía de un clásico del Oeste y un enfoque moderno en la visión de los indios, tradicionalmente reflejados como unos salvajes despiadados en los westerns hollywoodienses. En este aspecto, Costner recuerda al John Ford de El gran combate, homenaje a una raza aniquilada sobre el terreno y maltratada en el cine. Su película es abiertamente proindia o, más exactamente, prosioux, pues la tribu pawnee es retratada en el film de acuerdo a los estereotipos habituales. A Costner, productor y protagonista absoluto de la función, le interesa mostrar sobre todo tres cosas: la belleza de los paisajes del Oeste, el egoísmo y la crueldad del hombre blanco y el orgullo y la dignidad de los sioux. Lo hace a través de la metamorfosis (explicada con todo lujo de detalles) de su protagonista, un militar blanco que, poco a poco, pasa del miedo a los indios a su aceptación, primero, y al más profundo respeto, más tarde, hasta acabar convirtiéndose en un verdadero sioux. Más allá de que a uno le cueste creerse el mito del buen salvaje, o de que Costner se recree en exceso a la hora de explicar cómo el teniente Dunbar se convierte en Bailando con Lobos, la película convence, y el  Costner director sabe llevar al espectador, también en el terreno emocional, allá donde quiere. La idílica existencia de los sioux antes de la llegada del hombre blanco resulta casi tan increíble como la de los soviéticos en La estrella del Norte, pero el público se tragó el caramelo, y al ver la película a uno no le resulta difícil entenderlo.

Los fallos más acusados del film son tres, principalmente: que Costner no es Marlon Brando, y el narcisismo típico de los actores-directores se ve aquí lastrado por su falta de expresividad; que lo que se cuenta durante la segunda hora de metraje, sin llegar a resultar aburrido, podría haberse explicado en bastante menos tiempo (existe una versión de la película con una hora más de duración, si bien a mí la original ya me parece excesiva, justo por lo que acabo de decir), y que el resto de personajes están diseñados, e interpretados, de una manera arquetípica, sin verdadera profundidad. Si esta película merece pasar a la historia del cine, no es a causa de sus actores. En cambio, en el plano técnico la película es muy buena, con mención especial para la espléndida fotografía de Dean Semler (el film es visualmente bellísimo, tanto que a veces a Costner le puede el efecto postal) y la memorable banda sonora de un maestro como John Barry. La estrella sabe dirigir westerns, no cabe duda, y supo rodearse de técnicos de un gran nivel.

Resulta curioso que la epopeya del teniente Dunbar en la frontera india se deba a la más pura casualidad; herido grave en la guerra, el oficial yanqui teme que le amputen una pierna y, para impedirlo, se lanza a una incursión suicida entre las filas enemigas que, en contra de lo previsible, le convierte en un héroe y no en un cadáver. A partir de ahí, nada es casual: Dunbar elige su destino, que finalmente le lleva a renegar de su propia raza y a darse cuenta de que luchaba en el lado equivocado. En este punto, la película es casi tan maniquea como muchos de los típicos westerns, pero al revés: en el mundo sioux no caben la envidia, la codicia o la crueldad, y todos los miembros de la tribu son unos tipos fantásticos. En cambio, no hay un solo hombre blanco (a excepción, claro, del que se convierte en indio) que no sea sucio, miserable e innoble. Aún aceptando que lo que esta raza hizo con las tribus indias puede considerarse un genocidio, la ausencia de matices en estos temas es siempre peligrosa.

Pese a ello, Bailando con lobos es una muy buena película, que en su día obtuvo un reconocimiento seguramente exagerado (quizá porque Hollywood la utilizó para limpiar pasados pecados antiindios), pero que hoy se mantiene como una obra de referencia en el western moderno. El ritmo es pausado, a veces en exceso, pero la película sabe ser vibrante cuando toca, y su tono elegíaco, que vuelve a acercarla al último western de Ford, es el idóneo para la historia. En resumen, arrollador debut de un director que sólo ha vuelto a brillar en otro western, Open range.

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