TIERRA Y LIBERTAD

LAND AND FREEDOM. 1995. 109´. Color.

Dirección: Ken Loach; Guión: Jim Allen; Director de fotografía: Barry Ackroyd;  Montaje: Jonathan Morris; Música: George Fenton;  Diseño de producción: Martin Johnson; Producción: Rebecca O´Brien, para Parallax Pictures-Messidor Films-Road Movies Dritte Produktionen-Canal + España (Gran Bretaña-España).

Intérpretes: Ian Hart (David Carr); Rosana Pastor (Blanca); Iciar Bollaín (Maite); Tom Gilroy (Lawrence); Marc Martínez (Vidal); Frédéric Pierrot (Bernard); Andrés Aladrén, Sergi Calleja, Raffaele Cantatore, Pascal Demolon, Paul Laverty, Víctor Roca, Jordi Dauder.

Sinopsis: David, un obrerode Liverpool militante del Partido Comunista, decide irse a España para luchar contra el fascismo en la Guerra Civil. Una vez allí, formará parte de una milicia del POUM que combate en el frente de Aragón.

Por diversas razones, me resulta difícil juzgar esta película con el mínimo de objetividad exigible. Avisados todos, allá voy: ¿qué haces con una película con cuyo discurso te identificas de manera total y absoluta, que te emociona en muchos momentos, pero que te obliga a reconocer que cinematográficamente es un film muy mejorable? En la reseña de Lloviendo Piedras escribí que el film es un éxito porque en él muchos de los defectos del cine de Ken Loach permanecen ocultos; en Tierra y Libertad, aparecen todos: el maniqueísmo, pues se ofrece una visión de la Guerra Civil (que casualmente coincide en casi todo con la que plasmó George Orwell en su magnífico libro Homenaje a Catalunya) muy parcial, en la que, por ejemplo, los milicianos son un regalo de Dios (con perdón), unos seres inmaculados, y las diferencias entre los militares fascistas y los comunistas resultan imperceptibles. Que el tiempo le haya dado la razón a Orwell en su temprana denuncia de las atrocidades del estalinismo no debe necesariamente conllevar que el director se erija en juez, jurado y verdugo. Muchas veces, la simple exposición es mucho más efectiva que la proclama; las interpretaciones flojas: a excepción de la esforzada y meritoria actuación del protagonista, Ian Hart, las del resto del elenco oscilan entre lo discreto y lo directamente malo. Muchas veces los actores no parecen ni saberse sus diálogos, o dan la sensación de decir lo primero que se les ocurre, y en esta ocasión (no ocurre en otros filmes de Loach, en especial en los que transcurren en las Islas Británicas) las pretensiones de documentalismo lastran el resultado artístico de manera harto evidente; el desaliño formal: sin ambages, la larga escena del debate sobre la colectivización de la tierra está mal rodada, y su mejor destino hubiera sido la papelera de la sala de montaje. El sonido carece de la necesaria nitidez en diversas partes de la película, y tampoco es que la partitura musical mejore mucho el conjunto. Una cosa es dejar la estética en un plano secundario, y otra distinta ofrecer una obra pobremente acabada.

Y sin embargo, la quiero: porque nada más empezar suena A las barricadas, por ser una película valiente y necesaria, por hacernos entender los motivos que llevaron a muchos jóvenes humildes e idealistas a tomar conciencia de las circunstancias históricas que les había tocado vivir y convertirse en soldados antifascistas; por explicarnos también la decepción, la traició a las ideas, la pérdida de la inocencia política y el triste papel de los individuos como peones en las luchas por el poder; por ayudarnos a entender por qué la Guerra Civil española, como casi todas las otras, la perdieron los buenos; porque honra a todos aquellos militantes de organizaciones que, como la CNT y el POUM (va por ti, bisabuelo Arjona), creyeron en un mundo más justo y mejor, para ellos y para los que vinimos detrás, y lucharon por conseguirlo; porque retrata a los que, sin muchos libros ni carreras universitarias, entendieron que detrás de la masacre en España venía el ogro alemán y vinieron desde todas partes a intentar detener el avance del fascismo. Y esto, que conste, lo dice alguien orgulloso de haberse sentado ante la misma mesa del mismo bar en el que, muchas generaciones atrás, lo hizo un brigadista llamado Josip Broz, luego conocido como Tito: si alguien planea criticarme por esto, sepa que me precio de priorizar a los malos frente a los peores.

Resumiendo, que la niña de mis ojos salió bastante fea, pero la quiero igual; que alguien tendría que hacer la gran película que el Homenaje a Catalunya de Orwell merece, que gracias a Ken Loach por intentar hacer lo que nadie en España osó; que las escenas de batalla son creíbles (es en las otras en las que el film flojea), que la guerra civil española no fue otra cosa que un levantamiento militar de corte fascista ideado para derrocar a un gobierno elegido en las urnas, que como ese levantamiento triunfó aún seguimos jodidos, que negras tormentas agitan los aires, que el bien más preciado es la libertad, y que hay que derrocar a la reacción. Ah, y que Tierra y Libertad podría ser mucho mejor de lo que es, pero que está muy bien que sea.

 

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