LA CARTA

THE LETTER. 1940. 94´. B/N.

Dirección: William Wyler; Guión: Howard Koch, basado en la obra teatral de W. Somerset Maugham; Director de fotografía: Tony Gaudio;  Montaje: George Amy y Warren Low; Música: Max Steiner;  Dirección artística: Carl Jules Weyl; Producción: William Wyler, para Warner Bros. Pictures (EE.UU).

Intérpretes: Bette Davis (Leslie Crosbie); Herbert Marshall (Robert Crosbie); James Stephenson (Howard Joyce); Sen Yung (Ong Chi Seng); Gael Sondergaard (Mrs. Hammond);  Frieda Inescort (Dorothy Joyce); Bruce Lester (John Withers); Cecil Kellaway (Prescott); Elizabeth Earl, Willie Fung.

Sinopsis: Leslie, la esposa del dueño de una plantación de Singapur, asesina a un viejo conocido que, según su testimonio, trató de violarla. Al poco tiempo, sin embargo, aparece una carta escrita por ella y dirigida al fallecido que contradice la versión de los hechos dada por Leslie.

En ocasiones, se necesita muy poco para saber que se está ante una película importante. Un travelling de inicio sencillamente magistral, Bette Davis acribillando a balazos a un hombre… pocas películas he visto que empiecen mejor. A partir de aquí, de lo que se trata es de que el film no decaiga, y qué mejor que tener una buena historia y unos buenos actores para conseguirlo. Después del impactante inicio, toca explicarlo. Leslie Crosbie lo hace de un modo en principio harto convincente: ella, modélica esposa, recibió la visita intempestiva de un viejo conocido, George Hammond, que le confesó el amor que sentía hacia ella y, al verse rechazado, trató de violarla. Su esposo Robert y su abogado Howard Joyce creen la historia de Leslie a pies juntillas, pues es del todo coherente y supone en la práctica que el procedimiento judicial que se abrió respecto al asesinato concluirá con la absolución de la homicida. En mitad del proceso, el ayudante oriental de Joyce le comunica que ha tenido acceso a una carta escrita, el mismo día del crimen, por Leslie y dirigida a Hammond. En esa carta, ella le ruega que vaya a visitarla aprovechando que su marido no estará en casa. La versión de Leslie se tambalea, y Joyce, contraviniendo sus principios, decide comprar la carta (con dinero de Robert) para conseguir que la esposa de su amigo no sea condenada por asesinato.

Obra modélica por su virtuosismo formal, por su concisión narrativa y por el gran trabajo de sus intérpretes, La Carta fue el segundo film en el que Bette Davis trabajó a las órdenes del hombre que, según comentó varias veces la estrella, mejor supo dirigirla. Wyler, hombre de estudio, paradigma del cine clásico, cineasta técnicamente dotadísimo que dirigió notables films de los más diversos géneros, supo retratar como nadie la inacabable profundidad de la mirada de la Davis, que la hacía perfecta para bordar personajes de moralidad compleja, o malvados sin más. Sólo el ya comentado travelling inicial y el no menos excelente travelling final bastan para aplaudir el trabajo del director alemán de origen judío. El guión, escrito por uno de los hombres que poco después contribuiría sobremanera al éxito de Casablanca, es sólido y está muy bien escrito, con diálogos para el recuerdo, en especial esa frase que Leslie le regala a su marido, un hombre que la ama y cree en ella ciegamente: “Aún amo con locura al hombre que maté”.

Mucho he hablado de Bette Davis, quizá la mejor actriz de la historia del cine, quizá sólo una de las mejores. Es lo normal, pues toda la película gira alrededor de ella, de ese personaje atormentado por ser infiel al hombre que la ama y desear a otro para quien ella sólo fue una aventura y acabó casándose con otra mujer, oriental para más inri. Esta mujer capaz de enloquecer hasta el asesinato y de explicar su versión de los hechos con absoluta frialdad es uno de los grandes personajes femeninos del celuloide, sin duda alguna. A su lado, dos actores realizan una labor excelente: Herbert Marshall (que protagonizó también la primera versión cinematográfica de la obra de Maugham) en el papel del leal marido de la protagonista, primero incrédulo y después abrumado ante la evidencia de su traición, y James Stephenson, actor de brevísima carrera cinematográfica, que aquí está de lo más elegante, distinguido y duro interpretando al abogado Joyce. La presencia del resto de actores, a excepción de la del sibilino y untuoso ayudante oriental de Joyce, es meramente testimonial… salvo la del otro gran protagonista de la película, George Hammond, un personaje que apenas aparece en pantalla y sin embargo es una de las claves de este film, fotografiado con esa excelente calidad propia de los clásicos de la Warner, con música de Max Steiner y un ritmo narrativo formidable. Obra mayor de un director mayor, William Wyler.

 

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