GIMME SHELTER

GIMME SHELTER. 1970. 91´. Color.

Dirección: Albert Maysles, Curtis Maysles y Charlotte Zwerin; Guión: Albert Maysles, Curtis Maysles y Charlotte Zwerin; Dirección de fotografía: Albert Maysles, Curtis Maysles y Gary Weis;  Montaje: Joanne Burke, Robert Farren, Ellen Giffard y Kent McKinney; Música: The Rolling Stones, The Flying Burrito Brothers, Ike & Tina Turner, Jefferson Airplane;  Dirección musical: The Rolling Stones; Producción: Porter Bibb y Ronald Schneider, para Maysles Films-Penforta (Reino Unido).

Intérpretes: Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts, Mick Taylor, Bill Wyman, Melvin Belli, Sonny Barger, Dick Carter, Jefferson Airplane, The Flying Burrito Brothers, Ike & Tina Turner, Michael Lang, Ian Stewart.

Sinopsis: Documental sobre el concierto celebrado en el circuito de Altamont en 1969, cuyos organizadores y estrellas principales eran los Rolling Stones.

Gimme Shelter trasciende el hecho de ser un documental musical y constituye un revelador trabajo de campo sobre la naturaleza humana y el fracaso de los ideales utópicos. El detonante de toda esta historia es la gira norteamericana que los Rolling Stones hicieron en 1969, y que culminó con el hoy tristemente célebre concierto de Altamont. La película, que se centra de un modo casi absoluto en Mick Jagger, empìeza con extractos de un concierto celebrado en Nueva York, en el que puede apreciarse a unos Stones que suenan realmente potentes y se hallan en uno de sus mejores momentos creativos, alternadas con imágenes de Jagger y Watts examinando en un estudio diversos documentos de audio y vídeo sobre lo ocurrido en Altamont. A partir de aquí, el film se centra en seguir los preparativos de un concierto gratuito en el que también participarían algunos de los grupos más relevantes del momento, y que pretendía ser una réplica californiana e invernal a Woodstock. Sin embargo, a alguna lumbrera se le ocurrió encargar la seguridad del evento a la sección californiana de los Ángeles del Infierno, y todo se convirtió en un caos. Junten a unos agresivos pandilleros inclinados al matonismo con una oleada de hippies puestos de droga hasta las cejas y convencidos de que su sacrosanta libertad ni conocía límites ni tenía por qué conocerlos, y ya tienen todos los ingredientes de un desastre no por muy anunciado menos real. Nada más poner el pie en Altamont, Jagger sufrió un conato de agresión por parte de algún descerebrado, hubo invasiones del escenario, que hacían que los grupos tuvieran que parar de tocar a cada momento, y que los Ángeles del Infierno reprimían con su característica violencia (hasta el punto de golpear a miembros de Jefferson Airplane, que estaban intentando tocar su música sobre el escenario), y multitud de peleas y desórdenes que acabaron con la muerte de un espectador de raza negra, que al parecer había sacado una pistola, acuchillado por un miembro de los Ángeles del Infierno a pocos metros del escenario en el que los Stones trataban, sin demasiado éxito, de hacer música y calmar los ánimos. La imagen de Mick Jagger viendo la grabación del suceso dice mucho, pero las que retratan a una masa de individuos incapaces de controlarse mínimamente, y a un grupo de moteros que la emprenden a golpes con todo aquel que se cruza en su camino, dicen todavía más. En lo estrictamente musical, destacar el altísimo voltaje erótico de la actuación del dúo formado por Ike & Tina Turner, y lo bien que sonaban los Stones en una de sus épocas más doradas, con el hoy muy olvidado Mick Taylor haciendo cosas muy destacables a la guitarra junto al alma musical de los Stones, Keith Richards. La salida del grupo del circuito de Altamont, en helicóptero y a la carrera, diría que inspiró a Coppola en la famosa escena de las chicas Playboy de Apocalypse Now. En todo caso, si alguien quiere saber por qué el sueño hippie de paz y amor se fue al carajo tan pronto y de manera tan acusada, ha de ver este documental, así como el realizado por Murray Lerner en el festival de la isla de Wight de 1970, ya comentado en este blog. Gimme Shelter cuenta todo esto con total realismo, sin maquillajes ni paños calientes, colocando las cámaras justo donde había que hacerlo para captar el caos y las circunstancias que lo provocaron y amplificaron, antes y durante el concierto. El trabajo de los hermanos Maysles y de Charlotte Zwerin es notable, y nos regala, además de uno de los documentales musicales más auténticos que he visto, un valioso testimonio del final de un sueño colectivo.

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