ÁNGELES CON CARAS SUCIAS

ANGELS WITH DIRTY FACES. 1938. 95´. B/N.

Dirección: Michael Curtiz; Guión: John Wexley y Warren Duff, basado en una historia de Rowland Brown; Director de fotografía: Sol Polito;  Montaje: Owen Marks; Música: Max Steiner;  Dirección artística: Robert Haas; Producción: Samuel Bischoff, para Warner Bros. Pictures (EE.UU).

Intérpretes: James Cagney (Rocky Sullivan); Pat O´Brien (Jerry Connolly); Humphrey Bogart (James Frazier); Ann Sheridan (Laury Ferguson); George Bancroft (Mac Keefer); Billy Halop (Soapy); Bobby Jordan (Swing); Leo Gorcey, Gabriel Dell, Huntz Hall, Bernard Punsley, Joe Downing, Edward Pawley, Adrian Morris, Frankie Burke, William Tracey.

Sinopsis: Cuando eran apenas unos adolescentes pobres que se pasaban el día en la calle, Jerry y Rocky cometían pequeños robos. Uno de ellos acaba con la detención de Rocky, enviado a un correccional. Jerry, que consiguió escapar de la policía, se hizo sacerdote. Rocky se convirtió en un gángster, y ambos se reencuentran cuando éste, tras salir de la cárcel, regresa al barrio en que se crió.

Película importante llena de nombres importantes, Ángeles con caras sucias significó el triunfal regreso del cine de gángsters tras el paréntesis marcado por las imposiciones morales del Código Hays y los diversos comités y ligas para la decencia que dedican su tiempo a adoctrinar al personal y censurar a los artistas. Antes del triunfo de lo que podría llamarse La Secta de la Hoja de Parra, películas como El enemigo público, Hampa Dorada o Scarface, el terror del hampa convirtieron a los jefes del crimen organizado en auténticos ídolos de la pantalla y dotaron de un carisma cinematográfico (que nunca después les ha abandonado) a esos hombres elegantes y despiadados que imponen su ley a sangre y fuego. Con la entrada en vigor de las nuevas normas de censura, se exigía que los gángsters del cine pagaran por sus crímenes y que no pudieran servir de ejemplo de conducta para los espectadores. Sin embargo, la película de Michael Curtiz vuela muy por encima de tanta moralina, pues, por ejemplo, pone mucho énfasis en aclarar que el hecho de que uno de los dos jóvenes ladronzuelos se convierta en sacerdote, y el otro en un criminal, se debe, en primer lugar, al muy poco moral hecho de que Jerry Connolly corre más deprisa que Rocky y, gracias a ello, consigue escapar de la policía y evitar el correccional. Su amigo entra en él como un adolescente conflictivo, y lo abandona convertido en un aprendiz de gángster que, con el tiempo, llegará a conocer casi todos los pequeños trucos que te ayudan a salvar el pellejo en el mundo del crimen. Los otros, los del papeleo y el engaño, los conoce Jim Frazier, su abogado, que guarda en su despacho el botín conseguido por Sullivan con sus delitos, pero no tiene ninguna intención de devolvérselo una vez salga de la cárcel.

Rocky Sullivan es un criminal con principios. Roba y mata, sí, pero tiene un código de lealtad que jamás transgrede. Al salir de la prisión, regresa a su antiguo barrio para encontrarse con Jerry, que trata de llevar por el buen camino a unos adolescentes que son la viva imagen de lo que fueron él y Rocky décadas atrás. El recién liberado se reencuentra también con Laury Ferguson, la chica de la que se burlaba en la juventud, convertida ahora en una bella mujer prematuramente viuda. El regreso de Rocky lo pone todo patas arriba: para Frazier y su jefe, Mac Keefer, es un peligro al que hay que eliminar; para Laury, el hombre de mundo distinguido y peligroso por el que se sentirá irremisiblemente atraída; para Jerry, su amigo más querido y, a la vez, un notable riesgo para el éxito de su misión apostólica; finalmente, para los jóvenes ladronzuelos del barrio, Rocky Sullivan representa todo lo que quieren ser. La película explora, con profundidad y maestría, todo este cúmulo de relaciones, que dejarán de nuevo a Rocky contra la espada y la pared por el simple hecho de querer recuperar lo que era suyo contra la voluntad de Frazier y Keefer, quienes cuentan con la ayuda de la policía, a buena parte de la cual tienen en nómina.

Michael Curtiz, siempre eficaz, siempre bien dotado para contar historias con agilidad, y mucho más dado a mover la cámara que otros directores clásicos como Ford o Hawks, hace aquí uno de sus mejores trabajos en el cine. Le ayuda un guión excelente, que sabe lidiar con las exigencias de los defensores de la moral dándoles muchas veces la vuelta, aportar multitud de elementos que serán extensamente aprovechados en otros grandes films de gángsters de la Warner, y explotar el carisma de la gran estrella protagonista, James Cagney. La fotografía de Sol Polito y la música de Max Steiner acaban de darle a la película la grandeza, el carácter de clásico que tiene.

Ángeles con caras sucias es, en muchos aspectos, un film profundamente irlandés. Por la manera de retratar el catolicismo, por su manera de enfocar cuestiones como la culpa, la redención, el pecado y su expiación y, desde luego, por estar protagonizada por dos de los integrantes más destacados de la mafia irlandesa de Hollywood, James Cagney y Pat O´Brien, que ya habían coprotagonizado varias películas. El trabajo de Cagney, uno de los mejores actores americanos de todos los tiempos, es fantástico, hasta el punto de que uno no se imagina a nadie capaz de dotar a Rocky Sullivan de la humanidad, la astucia, la presencia y la fiereza que él le otorga. Si se trataba de que el cine no glorificara a los criminales, los censores debieron haber impedido que James Cagney interpretara este papel, pues su carisma invade la pantalla y es su personaje con quien el espectador empatiza desde el principio. O´Brien, cuyo rol es mucho más arquetípico, cumple con creces. La película nos ofrece, además, la posibilidad de ver a un Humphrey Bogart que se hallaba muy cerca del estrellato en un papel muy distinto del que le hizo famoso. Aquí interpreta a un abogado sin escrúpulos, estafador y asesino, con esa intensidad lacónica marca de la casa. El cuarteto protagonista lo completa Ann Sheridan, bella y expresiva. Los adolescentes están bien elegidos y mejor dirigidos, y no tengo dudas de que el plano interpretativo es uno de los puntos fuertes de una película que, en mi opinión, es uno de los grandes films de gángsters del cine americano.

 

 

 

 

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