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Sin ambigüedades: la protesta organizada ayer delante del Congreso de los Diputados estaba plenamente justificada, pues en ese lugar se citan (cuando les viene en gana aparecer por allí, se entiende) los secuestradores de la democracia, por mucho que se precien de ser sus garantes. Las cargas policiales y los infiltrados en las manifestaciones demuestran que en España, y éste es el mayor reproche que puede hacérsele hoy a este país, la herencia del franquismo sigue demasiado presente, y el engaño masivo que supuso la Transición asoma cada vez con más fuerza. Por eso, si las protestas de ayer estaban justificadas, las de mañana lo están todavía más. Los que mandan harán lo que sea para que nada cambie, aunque el precio a pagar sea nuestra ruina. Por lo tanto, hay que conseguir, por las buenas o por las malas, que las cosas cambien de una vez.

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