EL JURAMENTO

THE PLEDGE. 2001. 123´. Color.

Dirección: Sean Penn; Guión: Jerzy Kromolowski y Mary Olson Kromolowski, basado en el relato de Friedrich Dürrenmatt; Director de fotografía: Chris Menges;  Montaje: Jay Cassidy; Música: Hans Zimmer y Klaus Badelt;  Diseño de producción: Bill Groom; Dirección artistica: Helen Jarvis; Producción: Michael Fitzgerald, Sean Penn y Elie Samaha, para  Franchise Pictures y Morgan Creek Productions (EE.UU).

Intérpretes: Jack Nicholson (Jerry Black); Aaron Eckhardt (Stan); Robin Wright-Penn (Lori); Patricia Clarkson (Margaret Larsen); Tom Noonan (Gary Jackson); Pauline Roberts (Chrissy); Benicio Del Toro (Toby Wadenah); Sam Shepard (Eric Pollack); Vanessa Redgrave (Annalise Hansen); Mickey Rourke (Jim Olstad); Helen Mirren (Psiquiatra); Harry Dean Stanton (Floyd); Costas Mandylor, Michael O´Keefe.

Sinopsis: El mismo día en que el detective Jerry Black se jubila, una niña aparece asesinada en un bosque de su localidad. Jerry aprovecha sus últimas horas como policía para investigar el caso, y le jura a la madre de la víctima que hará cualquier cosa para detener al asesino. Aparece un sospechoso, pero Jerry no cree que el acusado sea el verdadero culpable e investiga por su cuenta, centrándose en el caso hasta la obsesión.

El relato de Friedrich Dürrenmatt sobre un asesino de niñas ya había tenido una excelente versión cinematográfica, El Cebo, dirigida en los años 50 por Ladislao Vajda y, en mi opinión, una de las mejores películas españolas de la historia. Casi medio siglo después, Sean Penn retomó, con muchos más medios, la historia y la convirtió en su tercer largometraje como director. Para protagonizarla contó, como en su anterior y excelente film Cruzando la oscuridad, con uno de los pesos pesados de la interpretación cinematográfica, Jack Nicholson, y, como es habitual en el Penn director, se centró en ese campo y optó por no aparecer en la pantalla como intérprete. El Juramento es, sin duda, una película muy ambiciosa, que no siempre está a la altura de sus pretensiones pero tampoco palidece ante la versión de Vajda.

Jerry Black es un policía que, al margen de la pesca y el alcohol, no tiene otra pasión que su trabajo. Dos veces divorciado, ve la jubilación como una penosa recta final hacia la muerte. Por eso, cuando en mitad de la fiesta de despedida que le dedican sus compañeros descubre que ha aparecido una niña muerta en un bosque cercano, se persona en el lugar del crimen y decide ser él mismo quien le dé la fatal noticia a los padres de la niña. Allí, en el salón de los Larsen, Jerry jura por la salvación de su alma que capturará al asesino. Aparece un sospechoso, un deficiente mental de origen indio que confiesa el crimen (sin saber lo que está haciendo)  antes de suicidarse en la comisaría. Todos dan el caso por cerrado, excepto Jerry, que descubre que no muy lejos de allí otra niña fue asesinada en idénticas circunstancias ocho años atrás, y que en otro condado cercano una tercera criatura desapareció sin dejar rastro hacía menos de un lustro. Jerry compra una gasolinera situada en el centro del triángulo que forman en el mapa estos tres lugares, y desde allí se dedica a dar caza al asesino de niñas. La cuestión es si logrará capturarlo antes de que su obsesión hacia él le haga perder la razón.

Que Sean Penn es un tipo dotado de talento y personalidad, un actor soberbio y un cineasta más que interesante, es algo sabido. Como director, son de destacar su afán por llevar a la pantalla historias duras, su manera serena de explicarlas, y su habilidad en la dirección de actores. El Juramento es una ambiciosa muestra de estas constantes, y por momentos es una película que vuela muy alto. Penn sabe retratar (con la inestimable ayuda en este film  del excelente cameraman Chris Menges) tanto la grandeza de los espacios naturales , como las miserias que se esconden bajo el alma humana. Parece tener muy claro hacia dónde va (la película empieza como termina), aunque desde fuera uno tiene la sensación de que a veces se equivoca de camino. De hecho, creo que el principal defecto de la película es que la degeneración mental del protagonista no acaba de resultar verosímil, que a veces el guión no deja claro el por qué de los actos de Jerry. Se entiende que no coja el avión que había de llevarle a su solitario retiro de pesca y descanso, o que insista en investigar los cabos sueltos que han quedado en el caso, pues son muchos y relevantes, pero no queda clara la importancia del alcoholismo en su comportamiento, qué le hace utilizar y manipular a todos las personas que encuentra en su búsqueda del asesino, o a qué se debe el carácter casi de mandato divino con que Jerry asume el juramento que da título a la película, un hecho sobre el que se da una visión místico-bíblico-providencial que no me convence. La escena entre Jerry Black y la psiquiatra me parece confusa, y creo que marca el punto álgido, o peor resuelto, de las indeficiones de las que he hablado antes, que lastran una película por lo demás muy notable, cuyas escenas finales sí están muy bien construidas y acabadas, y tienen una fuerza extraordinaria.

A nivel actoral, hay que centrarse en el protagonista absoluto, Jack Nicholson, un monstruo de la interpretación que, cuando huye de su tendencia a sobreactuar y no desperdicia su talento en comedietas intrascendentes, engrandece cualquier película en la que aparezca su nombre. Aquí su actuación es fabulosa, tan buena que aporta a su personaje cosas que quizá el guión no supo darle, y al mismo tiempo tan contenida como debe ser. La película tiene otros puntos fuertes, pero la actuación de Nicholson ya justifica con creces su visionado. El resto de intérpretes, muchos de ellos amigos del director, tienen intervenciones mucho más episódicas, y de trascendencia muy variable en el devenir de la película. Hay que destacar a esa gran actriz que es Robin Wright, ex-esposa de Sean Penn, brillante en su recreación de un personaje sin suerte que cree encontrar en Jerry todo lo que la vida le ha negado hasta entonces, y a Benicio Del Toro, que demuestra ser un actor de talento en un papel breve pero importante. Vanessa Redgrave y Mickey Rourke necesitan muy pocos minutos para brillar con luz propia y resultar conmovedores. Aaron Eckhardt está muy acertado en su composición del policía más cercano a Jerry, y otras apariciones de actores de nivel (Harry Dean Stanton, Sam Shepard o Helen Mirren) son más irrelevantes, o como en el caso de la fenomenal actriz inglesa, sufren el hecho de aparecer únicamente en algunos de los momentos menos brillantes de un film bellamente realizado, irregular, pero muy interesante. En su globalidad, no llega a la brillantez y concisión de El Cebo, pero por momentos sí lo hace, su desenlace es excelente, y desde luego no es uno de tantos remakes innecesarios y vergonzantes que pueblan las últimas décadas de la historia del cine.

 

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