SOLO PARA CLARINETE

SOLO FÜR KLARINETTE. 1998. 93´. Color.

Dirección: Nico Hofmann; Guión: Susanne Schneider, basado en la novela de Elsa Lewin; Director de fotografía: Hans-Günther Bücking;  Montaje: Inge Behrens; Música: Nikolaus Glowna;  Diseño de producción: Thomas Freudenthal; Dirección artística: Bou Bou Schröder; Vestuario: Gabriela Grimmelmann; Producción: Birgid Brandes y Regina Ziegler,  para Pro7 y Regina Ziegler Filmproduktion (Alemania).

Intérpretes: Götz George (Bernie Kominka); Corinna Harfouch (Anna Weller); Tim Bergmann (Freddie Bahlo); Barbara Auer (Lydia Kominka); Barbara Rudnik (Johanna Steinmann); Christian Redl (Thomas Hecht); Nikolaus Paryla, Tobias Schenke, Dietmar Mues.

Sinopsis: Bernie, un veterano policía cuyo matrimonio está en crisis, investiga un macabro asesinato ocurrido en un apartamento berlinés. La principal sospechosa del crimen es una mujer que se llevó un paraguas amarillo del lugar de los hechos. Bernie se enamorará de ella.

Bien, ya han visto que el argumento de esta película es muy poco original. Sí lo es el propio crimen (un hombre es asesinado a golpes de clarinete después de haberle sido seccionada una parte del pene), pero esto no es más que una mera anécdota. Cuando una película parte de una base argumental vista hasta la saciedad ha de tener otros elementos que la hagan sobresalir. Solo para clarinete carece de ellos, es sólo un film más, que ni mata, ni engorda.

Quizá lo mejor del film sea su realista y descarnada recreación de un Berlín oscuro y deprimente, muy alejado de la imagen de paz y prosperidad que siempre se nos vende de y desde Alemania. Fuera de eso, todo es muy correcto (puesta en escena, interpretaciones -los actores ponen su mejor voluntad, y un cierto talento, en corporeizar a unos personajes carentes de entidad-, música), pero nada es brillante. El desarrollo de la trama es previsible, y en la mayoría de las ocasiones las relaciones entre los personajes, o las reacciones de éstos (siempre fríos o violentos, sin término medio) resultan poco verosímiles. Tampoco el desarrollo de la trama policial llega a enganchar, y uno se pasa la proyección esperando ese momento, ese giro que haga que la película levante el vuelo, pero eso no ocurre, ni siquiera en un final que evita los tópicos hollywoodienses de un modo, a mi parecer, demasiado autoconsciente. Uno no entiende los motivos del crimen ni cuando éstos se nos explican, ni tampoco comprende por qué el hijo del protagonista es tan descaradamente psicópata o, ya puestos, que un número importante de personajes principales presenten rasgos psicopáticos que, sin embargo, no les otorgan un empaque dramático adicional, un valor cinematográfico extra. Y todo es muy correcto, repito. Solo para clarinete no es ni buena ni mala, es algo peor: mediocre. Un producto más de una cinematografía que, desde 1933 (sí, ya saben lo que ocurrió entonces), ha dado a luz muy pocas películas realmente relevantes.

 

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