LA RACANERÍA AL PODER

Anoche el Chelsea se proclamó, por vez primera en sus más de cien años de historia, campeón de Europa de fútbol. Más de dos lustros y muchos millones de libras ha necesitado el magnate ruso Roman Abramovich para ver a su equipo reinar en el continente. Lo hizo ante el Bayern Munich y en el propio estadio de los bávaros, el majestuoso Allianz Arena, y precisamente en la temporada en que menos gente apostaba por el equipo londinense, que ha hecho una temporada desastrosa en la Premier, vivió a media campaña el cese del técnico portugués André Vilas-Boas por los malos resultados y su falta de entendimiento con los pesos pesados de la plantilla, y se presentó en la final con un entrenador interino, varias bajas en el equipo y una vieja guardia a la que los años empiezan a pesar más de la cuenta.

Seguramente, el Chelsea ha conseguido el máximo galardón del fútbol europeo cuando menos lo ha merecido. En anteriores temporadas, cuando sus grandes estrellas como Cech, Terry, Carvalho, Lampard o Drogba estaban en el cénit de sus carreras y el equipo se distinguía por hacer un fútbol vertical y eléctrico, la suerte fue esquiva para los londinenses, y parece que esa factura se la ha cobrado íntegramente en los tres partidos decisivos de la competición. Difícilmente se puede ganar más haciendo menos, fiándolo todo a la fortaleza defensiva y a la calidad de un fantástico portero como Petr Cech. En el partido de vuelta contra el Barcelona, disputado en el Camp Nou, los ingleses tenían dos buenas excusas para encerrarse en su área: defendían un gol de ventaja (conseguida también con muy poco), y jugaron más de medio partido en inferioridad numérica. Ayer, simplemente el Chelsea no jugó a nada y se aprovechó de la escasa consistencia defensiva y del desacierto de su rival para derrotarle en la tanda de penalties. En cierto modo, perdió el fútbol, pues el encuentro fue plomizo, el poco juego que se vio lo pusieron los alemanes, y el triunfo sonrió a quien menos hizo por obtenerlo. Felicidades al Chelsea por el título, pero seguramente no ha valido la pena gastarse tanto dinero para conquistarlo de esa forma.

 

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