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ESTE CUENTO (CASI) SE HA ACABADO

Una semana desastrosa ha acabado con las posibilidades del Fútbol Club Barcelona más espeso y previsible de la era Guardiola de revalidar el título de Liga y conseguir su quinta Copa de Europa. Mala suerte, sí, pero también graves errores defensivos, escaso acierto rematador, un mal momento físico cantado desde principios de temporada por la reducida plantilla de futbolistas con la que se afrontó, y el buen hacer de dos rivales mucho más musculosos que brillantes hicieron el resto. Saber jugar de una sola manera, por muy atractiva que ésta sea o por muy buenos futbolistas que se tengan, no es mala suerte. Ante el Madrid, el Barça perdió por dejarse marcar un gol de patio de colegio en la primera parte, y por la falta de chispa y de soluciones de emergencia durante el resto del partido. Los últimos tropiezos del equipo de Mourinho habían otorgado al Barça la posibilidad de colocarse a un punto de los blancos a cuatro jornadas del final de la Liga, y con el goal average a favor. Un tanto de Cristiano Ronaldo, tras gran pase del talentoso Ozil, justo después de que los azulgranas consiguieran el empate en una jugada embarullada, sentenció el campeonato y dio al Madrid una gran alegría después de varios años de descalabros frente al eterno rival, apenas paliados por el título de Copa del año pasado. Al menos, nos ahorramos las peleas barriobajeras de otros clásicos recientes (pese a que Alves intentó reeditarlas pisando sin balón al máximo goleador madridista), y aún quedaba la Champions…

La eliminatoria ante el Chelsea, que ha servido a los ingleses para sacarse la espina del recordado gol de Iniesta y del escandaloso arbitraje que les sacaron de la competición hace tres años contra el mismo rival, ha sido más de lo mismo. En el encuentro de ida, el equipo londinense jugó a no encajar goles e intentar aprovechar alguna contra, y cantó bingo. El Barça quiso, dominó, chutó mucho pero mal y se encontró con un gran Cech en las escasas ocasiones en que sus jugadas acabaron en disparos entre palos. Pese al 1-0 adverso, nada hacía prever que un equipo envejecido y con una apuesta futbolística tan primaria como el Chelsea pudiera eliminar al mejor Barça de la historia, pero lo hizo. El Barça desperdició un 2-0 de ventaja, un penalty a favor, y el hecho de jugar más de una hora contra diez jugadores a causa de la enésima imbecilidad de John Terry. Eso es mucho desperdiciar. La numantina defensa del Chelsea y la falta de frescura (y de plan B, en especial cuando Messi no resuelve) del Barça hicieron el resto. Frustrante eliminación, y triste manera de terminar el curso a falta de la final de Copa, torneo menor que no salva una temporada que pudo ser gloriosa. Ahora se trata de digerir la decepción, de reforzar el equipo, sobre todo en defensa, y de resolver el ya cansino serial de la renovación (o no) de Guardiola. Bueno, sí, y de ganar la Copa.

Hablemos del Madrid, que ha hecho un gran campeonato, con récord goleador incluido, pero que también se ha estrellado en las semis de Champions frente a un equipo a priori inferior, que sobre el campo no lo ha sido en ningún momento de la eliminatoria. Como le ocurrió al Barça ante el Chelsea, el fútbol fue cruel con el Real Madrid, haciéndole caer en la tanda de penalties. Cruel, pero no injusto. El Madrid regaló el dominio al Bayern de Munich en cuanto dispuso de dos goles de ventaja (al cuarto de hora de juego), confió en una contra salvadora que sentenciara la eliminatoria, y no la encontró ni en el resto del partido, ni en la prórroga. Cuando un equipo es superior, pero se dedica a contemporizar y a guardar la ropa, cuando el conformismo vence a la ambición, las consecuencias pueden ser nefastas. Y lo fueron para los blancos en una tanda de penaltis que empezó torcida por el fallo de Cristiano, cobró vida con las paradas de Casillas a tiros de Kroos y Lahm, y acabó de arruinarse con el pelotazo a las nubes de Sergio Ramos y la transformación del lanzamiento decisivo a cargo de Schweinsteiger.La Décima tendrá que esperar.

Podría decirse que el exceso de soberbia ha ayudado a que Madrid y Barça se hayan quedado fuera de una final por la que casi todos apostaban. En todo caso, nadie puede decir que la clasificación de Chelsea y Bayern para el encuentro más importante de la temporada futbolística europea ha sido injusta. Cada uno a su manera, han estirado sus argumentos y posibilidades hasta el límite, y han superado muchas adversidades sin darse por vencidos, demostrando que, en esto del fútbol al máximo nivel, tan importante es saber jugar como saber competir.

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