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HANS KÜNG, El Judaísmo. Editorial Trotta. 718 páginas.

Hace más de dos décadas, el teólogo suizo Hans Küng se enfrascó en la ardua tarea de dedicar un extenso volumen al pasado, presente y futuro de las tres grandes religiones abrahámicas, con la intención de explicar los problemas presentes de todas ellas, a través de su historia y mirando al porvenir. Empezó con el libro que ahora comentamos, dedicado al judaísmo, cronológicamente la primera de las tres grandes religiones monoteístas.

Las dos primeras cosas que hay que destacar del libro son su buena escritura y la erudición del autor. Küng construye un texto imprescindible para entender no sólo la religión hebrea, sino la historia de un pueblo que ha sobrevivido a increíbles penalidades, a través de cuya historia se explica una parte harto significativa de la del mundo entero. Un profundo conocimiento de los textos bíblicos, así como de sus interpretaciones posteriores, se le supone, pero lo realmente destacable es que la lectura resulta amena, el lenguaje utilizado es en todo momento inteligible y plenamente asimilable por personas no creyentes, o directamente ateas como es mi caso. La visión del autor, que no es otra que mostrar al judaísmo como una religión viva y explicarnos su extenso pasado, las vicisitudes históricas del pueblo judío y sus desafíos futuros, le diferencian del fundamentalismo católico, tan profundamente antisemita las más de las veces, que considera al judaísmo una religión caduca, superada por el cristianismo y sin relevancia hoy, ni mañana posible. Küng aborda el tema desde una óptica abierta, ajena a prejuicios y dogmatismos, recurriendo a las más heterogéneas fuentes bibliográficas y demostrando una valentía intelectual destacable, más allá de si se está de acuerdo o no con sus opiniones y análisis. Porque el autor es valiente y siempre se moja, no elude la tremenda responsabilidad de la Iglesia católica en muchas de las penurias sufridas por el pueblo judío, condena sin paliativos la actuación de las jerarquías cristianas durante el Holocausto, pero tampoco se abstiene de criticar la política de los halcones israelís y de los gobiernos del Likud cuando aborda la cuestión palestina, o de terciar en las polémicas pasadas y presentes entre el judaísmo conservador, el ortodoxo y el reformador. Personalmente, me subleva que el autor juzgue de manera tan inmisericorde la secularización de Occidente en la era posmoderna, o que diga que el nazismo y el estalinismo son consecuencias directas de ella, obviando que las democracias europeas más prósperas y avanzadas son, en la inmensa mayoría de los casos, también las más secularizadas (y que la coincidencia de ambos hechos no es en modo alguno casual), y me resulta totalmente ingenua y alejada de la realidad su apuesta por una futura ecumene abrahámica, pero aún así aplaudo el rigor y la osadía de un autor que sabe ser libre y tolerante sin dejar de ser fiel a sus convicciones, una de las cuales comparto plenamente: que en sus formas ortodoxas (y desgraciadamente mayoritarias aún en nuestros tiempos), judaísmo, cristianismo e islam, algunos de cuyos valores deberían ser parte de la solución de un mundo con graves vacíos espirituales, son en realidad buena parte del problema. En suma, un libro de cabecera para quienes quieran entender mejor a un pueblo tan castigado por los prejuicios como el judío, conocer la historia de su fe y su devenir a través del tiempo, y sus opciones y posibilidades en un futuro próximo que, para ellos y para todos nosotros, se presenta incierto y necesitado de debates intelectuales, políticos y religiosos serios y documentados.

 

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