MELANCOLÍA

MELANCHOLIA. 2011. 136´. Color.

Dirección : Lars Von Trier; Guión: Lars Von Trier; Director de fotografía : Manuel Alberto Claro;  Montaje : Molly M. Stensgaard, Morten Hojbjerg; Diseño de producción: Jette Lehmann; Música: Richard Wagner, miscelánea. Dirección artística: Simone Grau; Producción: Bettina Brokemper, Lars Jönsson, Madeleine Ekman, Marianne Slot, Rémi Burah, Tomas Eskilsson, para  Zentropa Entertainments, Memfis Film, Slot Machine, Eurimages, BIM Distribuzione, arte France Cinéma, Zentropa International Köln (Francia, Italia, Alemania, Suecia, Dinamarca).

Intérpretes: Kirsten Dunst  (Justine); Charlotte Gainsb0urg (Claire); Kiefer Sutherland (John); Alexander Skarsgard (Michael); Brady Corbet (Tim); Cameron Spurr (Leo); Charlotte Rampling (Gaby); John Hurt (Dexter); Jesper Christensen (Padrecito); Stellan Skarsgard (Jack); Udo Kier .

Sinopsis: Justine, una joven con trastorno bipolar, celebra su boda entre los problemas propios de su enfermedad y las ocurrencias de su extraña familia. Mientras, un planeta llamado Melancolía amenaza con chocar contra la Tierra.

Lars Von Trier puede ser un idiota, pero sabe hacer buenas películas, incluso grandes películas, que no dejan indiferente a nadie. Melancolía es una de ellas, por muchas cosas: su valentía, su profundidad, su belleza visual o su mala baba son poco frecuentes en el cine actual.

El film se estructura en dos partes, precedidas por un prólogo bellísimo hecho a base de flashforwards visuales ilustrados por la música de Tristán e Isolda, de Wagner: la primera, que recuerda bastante a un gran film danés (Celebración, de Thomas Vinterberg) nos presenta a Justine, la protagonista, en el día de su boda. Tratándose de una joven con trastorno bipolar, y de una película de Von Trier, resulta sencillo imaginar que cualquier parecido con una boda hollywoodiense será pura coincidencia. En esta parte abunda, ya desde el principio, el humor negro, junto a la ilustración de la zozobra interior de la recién casada, barnizado todo ello con una acerada crítica a los poderosos y su hipocresía enfermiza. Siendo buena, no es la mejor parte del film, aunque tiene momentos memorables (el discurso de Justine a su jefe, por ejemplo), y nos permite ver en acción a grandes actores como Charlotte Rampling y John Hurt. Es en la segunda parte, una vez la boda ha acabado en desastre, cuando la película vuela alto, muy alto. El centro de atención pasa a ser Claire, la hermana de Justine. Von Trier demuestra, una vez más, que es un excepcional director de actrices. La interpretación de Charlotte Gainsboug es fantástica, y parte de la grandeza de las últimas escenas está en su expresividad, en su verosimilitud. La grata sorpresa actoral del film es, sin embargo, Kirsten Dunst, actriz de la que apenas puedo recordar una película perdurable o una interpretación meritoria antes de ponerse a las órdenes (previa renuncia de Penélope Cruz, actriz a la que creo que la película le queda grande) del retorcido danés. Los personajes masculinos son, en comparación, menos interesantes, aunque no está mal ver a Kiefer Sutherland, por fin, en una buena película.La de Von Trier no sólo lo es, sino que da la sensación de serlo desde su mismo comienzo, por su impresionante belleza visual. Las escenas finales, cuando el planeta Melancolía (metáfora nada discreta pero efectiva, la de hacer que la civilización peligre por culpa de un planeta azul con semejante nombre) se acerca a la Tierra, suponen un tour de force dramático en el que hay mucha más sensibilidad de la que el grueso de los mortales imagina en el provocador cineasta danés, y que sin embargo está presente en varias de sus obras anteriores. El final es fantástico, de los que se recuerdan durante mucho tiempo. A veces menos es más: Von Trier no juega con lo que no tiene (grandes efectos especiales, escenas espectaculares de destrucción masiva), y aprovecha muy bien lo que tiene: grandes actores en un entorno aislado, con la amenaza del Apocalipsis sobre sus cabezas, el terror que todos llevamos dentro elevado a la enésima potencia a causa del terror que viene de fuera. Arte mayor, en el fondo y en la forma, y nueva demostración de que, más allá de las provocaciones, Lars Von Trier es un extraordinario cineasta dotado de un estilo personal y de una gran potencia narrativa.

 

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