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EL PADRINO

THE GODFATHER. 1972. 174´. Color.

Dirección : Francis Ford Coppola; Guión: Francis Ford Coppola y Mario Puzo, basado en la novela de este último; Director de fotografía : Gordon Willis;  Montaje : William Reynolds, Peter Zinner; Diseño de producción: Dean Tavoularis; Música: Nino Rota. Dirección artística: Warren Clymer; Diseño de vestuario: Anna Hill Johnstone; Producción: Albert S. Ruddy, para Paramount Pictures (EE.UU).

Intérpretes: Marlon Brando  (Vito Corleone); Al Pacino (Michael Corleone); Robert Duvall (Tom Hagen); James Caan (Santino Sonny Corleone); Talia Shire (Connie Corleone); Richard Castellano (Clemenza); Richard Conte (Barzini); Al Lettieri (Sollozzo); Diane Keaton (Kay Adams); John Cazale (Fredo Corleone); Sterling Hayden (Capt. McCluskey); Al Martino (Johnny Fontane); John Marley (Jack Woltz); Abe Vigoda (Tessio); Gianni Russo (Carlo); Morgana King (Mamma Corleone); Lenny Montana (Luca Brasi); Salvatore Corsitto (Bonasera); Richard Bright (Al Neri); Simonetta Stefanelli (Apollonia); Franco Citti (Calo); Corrado Gaipa (Don Tommasino); Alex Rocco (Moe Greene); .

Sinopsis: Vito Corleone es un capo mafioso de ascendencia siciliana. Después de la boda de su hija Connie, su familia se ve envuelta en una guerra entre bandas por su negativa a intervenir en el negocio de los narcóticos. Don Vito resulta malherido por unos pistoleros y son sus hijos quienes han de dirigir la familia.

Decir que El Padrino es una de las mejores películas de la historia del cine es una obviedad, pero no por ello dejaré de hacerlo. Para mí es, además, una de las más brillantes obras de arte del siglo XX. Obra maestra absoluta, sin peros. La mejor traslación a la gran pantalla del universo shakespeariano es la historia de una familia de mafiosos italo neoyorquina a partir del final de la Segunda Guerra Mundial.

¿Por qué? Para empezar, porque es una adaptación modélica de una novela más interesante que brillante, en la que está todo lo mejor del texto y se aportan muchas otras cosas que no están en él. El mérito de ello es de Francis Ford Coppola, por entonces un joven director de gran talento, que gracias a esta obra de encargo subió al Olimpo del cine sin parar en ninguna de las estaciones previas. Su dirección es ejemplar, y capta a la perfección un mundo de contrastes: la alegría de la boda mezclada con las peticiones de justicia de los invitados a Don Corleone, ese maravilloso montaje paralelo final deudor de Griffith, el rostro desencajado de Luca Brasi que anuncia la futura muerte de sus asesinos, la belleza bucólica de las escenas sicilianas, interrumpida de la manera más brutal… Que Coppola es el director de los personajes mesiánicos, de los hombres que están por encima de los demás, queda claro al analizar el retrato de dos personajes: Vito y Michael Corleone. El primero se elevó de inmediato a la categoría de mito, encarnando al hombre hecho a sí mismo, que gobierna su mundo sin respetar otra ley que la propia y que, sin embargo, posee una ética inflexible (“no somos unos asesinos, diga lo que diga ese funerario”). El Hombre-Dios, el personaje a quien querríamos acudir cuando somos victimas de la humillación o de la injusticia, un superhéroe humano y mortal. Que Marlon Brando dé vida al personaje brindando una de las mejores interpretaciones de la historia del cine ayuda mucho, sin duda. No obstante, El Padrino es la película de Michael Corleone, de su transformación de chico modelo en capo di capi. Empieza siendo el veterano de guerra, con novia americana e integrado en el sistema, que no quiere saber nada de los negocios de su familia. De su inteligencia da prueba su respuesta a su novia Kay (fantástica, como de costumbre, Diane Keaton) cuando ésta le dice que su padre roba y mata a la gente, y eso le diferencia de los grandes empresarios y de los presidentes, a quienes Michael le ha comparado: “Tú eres la ingenua, Kay”. Tres hechos trágicos cambian su modo de pensar respecto a su familia: el atentado que deja malherido a su padre, que le hace ver que él es la persona más indicada para dirigirla y protegerla, y sobre todo los asesinatos de su hermano Santino y de su esposa siciliana Apollonia. Michael regresa a Nueva York convertido en un hombre frío y tan o más despiadado que aquéllos a quienes debe enfrentarse, y perfectamente capacitado para ser el nuevo Padrino. En esta película, un por entonces semidesconocido Al Pacino se mostró al mundo como el espléndido actor que es. El resto del elenco está perfecto en sus papeles, desde James Caan en el papel del impulsivo Sonny, a Robert Duvall, que incorpora con maestría al inteligente consigliere Hagen, pasando por veteranos como Richard Conte o Sterling Hayden.

Está claro que El Padrino tampoco sería lo que es si no fuera un prodigio de excelencia técnica, apartado en el que la fotografía de Gordon Willis exige los elogios más encendidos. Capítulo aparte merece la música de Nino Rota, que ha conseguido, de forma merecida, tanta popularidad como el film que ilustra. En suma, The Godfather es una película para ver veinte veces, las tres horas que más cortas se me hacen ante una obra cinematográfica, que casi nació ya legendaria y que, como Shakespeare (ya se ha dicho) lo tiene todo, pues aborda, y con intensidad, todos los grandes temas que ha tratado el arte, desde la era rupestre a la digital. Séptimo Arte, con mayúsculas. La Ronda de Noche, Saturno devorando a su hijo, La Libertad guiando al pueblo, la Quinta Sinfonía de Beethoven, Kind of blue, Crimen y castigo, Así habló Zaratustra, Viaje al fin de la noche, los Conciertos de Brandenburgo, El Pensador, la Capilla Sixtina, El Padrino

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