AMIGOS, GIN TONICS Y CERDOS QUE CAMBIAN DE COLOR

Gracias a la hospitalidad de mis amigos Óscar y Romina he disfrutado de un fin de semana en Santiago de Compostela (tercera visita que hago a esa ciudad, todo un hito para un tipo tan poco viajado) climatológicamente malo, gastronómicamente exquisito y etílicamente ídem. La parte gastronómica tuvo de todo: degustación de platos típicos de Galicia, como el pulpo a feira y los pimientos de Padrón, visita al único restaurante de cocina japonesa en Santiago, y cena casera a base de buenos entrantes de la tierra y una lasaña vegetal fantástica. La parte etílica me ha demostrado que no sólo la bienaventurada moda del gin tonic de qualité ha calado en Galicia, sino que además, y como sucede con la cocina, allí conseguir calidad cuesta bastante menos que en Barcelona. Primero, visita al Vaová, local emblemático del centro, en el que pude probar un excelente y muy elaborado gin tonic de Mombasa Club con Fever Tree (ya sé que los acérrimos de esta ginebra recomiendan abstenerse de recetas modernas a la hora de mezclarla, y hacerlo con tónica italiana Abbondio, pero puedo decir que no he probado muchos gin tonics mejores), y otro de corte más clásico con la ginebra Raffles como estrella principal. Seco, aromático y con carácter, como a mí más me gustan.

Al día siguiente, cata heterodoxa después de la cena descrita en el párrafo anterior. Lo de heterodoxa viene porque dudo que muchas catas de gin tonic hayan estado presididas por un cerdito de plástico con lucecitas dentro y chuches de los Pitufos, y aderezadas con un hilo musical integrado por clásicos de ayer y de siempre como Raffaella Carrá, Village People, El Payo Juan Manuel, Sabrina o El Fary (amén de otras joyas que serán objeto de futuros posts), pero lo cierto es que, además de repetir con la Mombasa (esta vez sin haba tonka, motivo de discordia entre los siete miembros del jurado), añadí a mi lista de objetos de estudio una ginebra catalana (Tann´s) que demuestra que hemos entrado de lleno en el planeta de las ginebras Premium, y el Gin Nº 0, la mejor de la cata en opinión del que escribe, tan buena que justifica la maceración de diez botánicos ingleses para su elaboración. La parte conocida (para mí) de la cata era un clásico moderno, la ginebra Bull Dog, a la que para mí le falta un punto para ser una ginebra top, pero que con Fever Tree y piel de limón resulta muy chispeante y fue de las más aclamadas por la afición.

Sí, por supuesto que estuve en la Plaza del Obradoiro, por si alguien lo dudaba. Y aprendí un huevo sobre materiales constructivos, que no sólo de jalo y gin tonics vive el hombre.

2 Responses to AMIGOS, GIN TONICS Y CERDOS QUE CAMBIAN DE COLOR

  1. juanki says:

    Bienvenido, don Alfredo,

    La verdad es que me parece detestable la corriente que ha surgido entorno al gintonic de las narices. Creo haber visto incluso calzoncillos tanga con gintoniks. ¿se cree vd capaz de distinguir todas las marcas (o firmas) que menciona en su página de diario?

    En fin, cada loco….

    • alfredo says:

      Por partes: soy archienemigo de las modas borregueras… salvo cuando los borregos me son útiles, como en este caso. Han sido muchos años padeciendo brebajes indecentes (cuando no directamente adulterados) en garitos de mala muerte y en antros con muchas ínfulas como para no disfrutar ahora de la fiebre ginebrera. Respeto a los abstemios, si bien no soy uno de ellos, y no comparto la opción de aquellos a quienes se la sopla la calidad de las sustancias que se meten en el cuerpo para aliviar la tristeza. Obviamente, entrar en si es mejor la Mombasa o la Citadelle, o en los ingredientes que ha de tener el gin tonic perfecto es, futbolísticamente hablando, abusar del regate, pero puede ser hasta divertido en según qué compañías y lugares, reconociendo que lo realmente importante es saber diferenciar entre un gin tonic bueno y uno malo, y que el resto es accesorio. Ah, y en la vida me pondría un tanga de esos que cree usted haber visto. Ni de los otros, que uno es muy clásico.

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