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AL FINAL DE LA ESCAPADA

À BOUT DE SOUFFLE. 1960. 86´. B/N.

Dirección : Jean-Luc Godard; Guión : Jean-Luc Godard, sobre un argumento original de François Truffaut; Música : Martial Solal; Director de fotografía : Raoul Coutard; Montaje : Cécile Decugis; Consejero técnico y artístico : Claude Chabrol; Productor : Georges de Beauregard; Distribución : SNC (Société Nouvelle de Cinématographie, Imperia Films (Francia).

Intérpretes: Jean-Paul Belmondo (Michel Poiccard, Laszlo Kovacs); Jean Seberg (Patricia Franchini); Daniel Boulanger (Inspector Vital); Michel Fabre (Ayudante de Vital); Henri-Jacques Huet (Antonio Berutti); Antoine Flachot (Carl Zubert); Liliane David (Liliane); Jean-Pierre Melville (Parvulesco); Roger Hanin (Carl Zombach); Richard Balducci (Luis Tolmatchoff); Philippe de Broca, Jacques Rivette, Jean-Luc Godard.

Sinopsis: Michel es un delincuente de poca monta. Tras robar un coche en Marsella, emprende viaje a París para cobrar un dinero que se le adeuda y volver a ver a su amiga estadounidense, Patricia (Jean Seberg). En el camino, perseguido por la policía de tráfico, mata a un agente. Llega a París, pero no tiene dinero, por lo que recurre a varios amigos. Pasa su tiempo con Patricia, intentando convencerla de volver a acostarse con él, y de acompañarle a Roma. Los dos van de un lugar a otro, mientras Michel trata de recuperar su dinero y se oculta de la policía.

La ópera prima de Godard fue, y sigue siendo, un filme controvertido. Que eso sea así más de medio siglo después de su estreno ya significa algo, aunque ese algo hay que circunscribirlo al pequeño colectivo de cinéfilos interesado en una película europea, en blanco y negro y anterior a los Beatles.

Empezaré por decir que no he visto más de cinco películas dirigidas por Godard, y que esta es la única que he visionado en más de una ocasión. Respecto a su valoración, me sitúo a medio camino de entre quienes dicen que se trata de una obra maestra que supone un antes y un después en la historia del cine, y los que piensan que la película no es más que una tomadura de pelo pedante y vacua, porque creo que el film tiene algo de ambas cosas. Visto ahora, es decir, totalmente fuera del contexto en y para el que fue creado, y vistas docenas de películas que copian elementos de ésta, es imposible juzgar lo que significó en su época más que por suposiciones y juicios interesados. Al final de la escapada es básicamente, un policíaco sin pretensiones (la dedicatoria inicial a la Monogram dice mucho al respecto) filmado por un puñado de jóvenes críticos metidos a cineastas y llenos de pretensiones. En esta aparente paradoja se hallan la grandeza y la miseria de esta pieza central de la Nouvelle Vague. Se le agradece la libertad, el descuido (aunque se dice que el famoso montaje a saltos fue más fruto de la casualidad que de la voluntad), la arrogancia, las ganas de epatar, el aire fresco, la química Belmondo-Seberg (encantadora como nunca en ese papel de femme fatale existencialista y peinada a lo garçon), algunas frases para el recuerdo (“Si no le gusta el mar, si no le gusta la montaña, si no le gusta la ciudad… entonces… ¡Que le jodan!”; “Entre el dolor y la nada,  elijo el dolor.”; “No sé si estoy triste porque no soy libre, o no soy libre porque estoy triste.”), el ser todavía hoy en muchos aspectos una película joven y la música de Martial Solal. Resulta irritante por su artificiosidad (todo en la película parece arbitrario y más bien ajeno a la lógica: muchos de los planos, la duración de las escenas, el comportamiento de los personajes, la propia inserción de la música), por la sensación de que el guión importaba un pimiento y porque la escena final me parece tan mal resuelta que resulta más ridícula que conmovedora. Lo que ha quedado de À bout de souffle son fundamentalmente, dos cosas: el poder icónico del personaje del que Belmondo ha vivido durante toda su carrera (sus muecas, su eterno cigarrillo, esa mezcla de elegancia y desaliño, ese híbrido entre Bogart y un macarra barriobajero, esa -hay que decirlo- creación del Chico Martini), y el haber significado el verdadero pistoletazo de salida a uno de los movimientos cinematográficos más influyentes de la segunda mitad del siglo pasado.

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