PRIMER RELATO

Aquí va la primera de mis píldoras, y una de las más queridas. Como soy hombre de citas, el libro empieza con una, extraída del Canto de la resignación, de José Luis Ortiz Nuevo, que tanto me emociona en la voz de Carmen Linares:

“La vida que conocemos/ la vida que tanto amamos/ con sus horitas de dulce/y sus finales amargos”

Cada píldora tiene su posología, como es natural. Ésta, titulada Los duelistas, es ideal para ser leída minutos después de sufrir un mal poema. Puede funcionar como antídoto, incluso…

LOS DUELISTAS

Espalda contra espalda, Julio Herrera y Roberto Velaz se disponen a dirimir sus diferencias en un duelo a muerte. El motivo de su disputa no es una mujer, una porción de tierra o el demasiado habitual dinero, sino una metáfora. Me explico: los protagonistas de esta historia, poetas ambos, reclaman para sí la autoría de un verso que más o menos dice: “…el relámpago luz perla que decora su sonrisa”. Lo que empezó como una típica discusión de café entre literatos ansiosos de notoriedad terminará ahora en un bosque anónimo cuya calma se verá pronto sacudida por el ruido de las pistolas. Uno de los testigos del duelo, el también poeta Pablo Carmassi, sabe que el verso en cuestión es original de Petrarca, pero ha decidido callar y asistir en directo al fallecimiento de uno de sus rivales en la carrera hacia el Parnaso, ya que Herrera y Velaz son tan jóvenes, y han escrito tan pocos versos, que apenas existe riesgo de mitificación por muerte prematura. Un adversario menos, pues. Carmassi lleva años diciendo a sus discípulos que deben leer con detenimiento a Dante y a Petrarca, y ellos ni caso. Les está bien empleado por no obedecer.

 

 

2 Responses to PRIMER RELATO

  1. roverto says:

    Este duelo es algo desproporcionado. Además, creo haber leido algo similar a Miguel Cipriano, joven escritor alicantino ganador del último certamen de la peineta de la costa blanca.

    No obstante, no me parece una píldora indigesta. Ánimos.

    • alfredo says:

      Puede parecer desproporcionado, pero el duelo fue real. Por otra parte, no he leído a Miguel Cipriano (ahora que le conozco, intentaré hacerlo), pero mis duelistas nacieron hace ya ocho años.

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