DON MIGUEL

Dejo aquí una frase escrita por Miguel de Unamuno, incluida en un libro lleno de frases para recordar: Del sentimiento trágico de la vida.

“Y ACASO LA ENFERMEDAD MISMA SEA LA CONDICIÓN DE LO QUE LLAMAMOS PROGRESO, Y EL PROGRESO MISMO UNA ENFERMEDAD”.

CUARTA PÍLDORA

Nueva pastilla de colores, escrita hace más de un lustro. Antes de su lectura, se recomienda hacer lo que hay que hacer con todos los remakes (esta historia lo es de un cuento de Aldecoa titulado Los bisoñés de don Ramón):  leer el original.

 

RUBÉN LAMERÓN, SUBSECRETARIO

Juan Lamerón estaba orgulloso de su hijo, tanto, que le molestaba que no llevara su nombre. Él lo intentó, bien lo sabe el diablo, pero la madre de la criatura, doña Teresa de Jesús López del Valle, se empeñó en que se llamara Rubén, como su jefe, y no hubo manera de bajarla del burro. El pequeño Rubén demostró pronto maneras: las primeras palabras que aprendió a decir, después de “mamá” y antes que “papá”, fueron “sí, jefe” y “póngame a los pies de su señora”. Aquello era talento innato, y no lo de la hija de los Vázquez, que tocaba el piano como lo haría Mozart (pero con ocho dedos vendados) y se las daba de gran artista.

Otros niños dicen querer ser pintores, astronautas, futbolistas, bomberos o pilotos de carreras, pero Rubén Lamerón siempre lo tuvo claro: ”Yo seré subsecretario”, decía cada vez que le preguntaban lo que quería ser de mayor. “Sí, pero… ¿de qué?”, insistían sólo para chincharle. “De lo que sea”, respondía orgulloso. En el fondo, tanto le daba ser subsecretario de Comercio y Turismo, de Relaciones con las Cortes o de la Matanza del Cerdo. Lo importante era llegar a ser subsecretario, y a fe que lo conseguiría.

Lo consiguió. Un año antes de jubilarse, pero lo consiguió. Tardó tanto en cumplir su sueño porque, cuando lo tuvo al alcance de la mano, su mente se llenó de dudas. Entre tantas posibles subsecretarías, ¿por cuál decidirse?; ¿cuál sería la de más rápido acceso?; ¿en cuál se trabajaría menos? Rubén Lamerón pasó muchas noches en vela dedicado a estas cuestiones mientras sus compañeros de Facultad (Derecho, no podía ser otra) visitaban los cines, bares y whisky-clubs de la provincia, y sufrió el disgusto de su vida cuando supo, años más tarde, que el más calavera de aquellos futuros letrados, Francisco Alegre, conocido como Paquito el Chocolatero por ser el suministrador oficial de cannabis en la Universidad, fue nombrado subsecretario de Pesca y, para más inri, por un gobierno conservador. Un golpe duro, pero insuficiente para hacer claudicar a Rubén Lamerón, que acabó haciendo carrera en el Ministerio de Cultura, primero como celoso guardián de las buenas costumbres y más tarde como mano derecha de don Jaime Arévalo, subsecretario de Cinematografía y primo segundo del insigne humorista. Al morir don Jaime, hombre de gran talento echado a perder por su afición al coñac y a los poetas surrealistas, Rubén Lamerón vio cumplido el sueño de su vida justo el día en que hizo sesenta y cuatro años. Alcanzada su meta, murió un mes después con la sensación de tener los deberes hechos. A su entierro asistieron el Secretario de Estado, a quien apenas conocía, y cuatro o cinco subordinados, entre ellos su futuro sustituto, Gregorio Linares, un tipo que creía que Pasolini era un violinista y Tarkovski un ministro de Stalin. Saliendo del cementerio, Linares le dijo al Secretario de Estado:

–         ¿Nos vemos esta noche en la zarzuela, don Luis Antonio?

–         Hoy no puedo, he de ir al homenaje a Juanito Navarro.

–         ¿Ha muerto?

–         No, aún no.

–         Buen hombre, Lamerón. Sin ningún vicio.

–         Sí, eso dicen. Tome ejemplo de él, Linares.

 

 

TODO ES RELATIVO

Siguiendo con el post de ayer, no todo va a ser Lorca y columnas de cieno. Por ejemplo, cuando estoy de vacaciones y me cruzo con gente que va a trabajar con ese rictus que tiene uno cuando se dirige al tajo, son otros versos los que me vienen a la cabeza. Ahí van, con videoclip incorporado.

TRABAJO

Por las mañanas, en el metro, muchas personas que van hacia su trabajo leen libros, o el periódico, o escuchan canciones, o simplemente tratan de mantenerse despiertas. Yo suelo recurrir a la lectura de un libro para hacer más llevadero el trayecto, pero muchas veces, mientras camino por los pasillos, lo que mi cerebro me recita es un poema de Federico García Lorca:

LA AURORA (de Poeta en Nueva York)

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.
La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.
La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.
Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraíso ni amores deshojados:
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.
La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

MERCENARIOS E HIJOS PRÓDIGOS

Mi más sincera felicitación a Cesc Fàbregas, futbolista catalán más conocido como Ces o Sex allá en las Españas. Un tipo que se larga de una empresa a otra de menor nivel para promocionar mejor y más rápido (y ganar más dinero a corto plazo) y que al cabo de unos años consigue que la empresa de la que se fue voluntariamente (y que no le necesita) se gaste una millonada en volverlo a incorporar, tiene sin duda alguna habilidad que a mí se me esconde. El chico ha comentado que entiende que haya personas a quienes molestó que se fuera. No es mi caso: a mí lo que me molesta es que haya vuelto, y por un pastón (lo cual le diferencia de Gerard Piqué), cuando, especialmente tras la eclosión de un talentazo como Thiago Alcántara, su destino natural tendría que ser el banquillo, al menos en los partidos de cierta trascendencia, en los que Xavi e Iniesta (como interior, no como extremo) son indiscutibles -con el hijo de Mazinho en la recámara-, y la plaza de medio centro defensivo tendrían que disputársela Mascherano y Busquets. No oculto mis simpatías hacia los imagino que muy pocos socios culés que silbarán a Cesc cuando salga a jugar al Camp Nou; le han fichado con su dinero y entiendo que puedan sentirse estafados, como también entiendo a quienes se avergüenzan del patrocinador escogido por el club, el cual ensucia la camiseta (de diseño horroroso este año, por otra parte). Acabo: Cesc es un jugador de mucha calidad, aunque estancado en las dos últimas temporadas y demasiado propenso a lesionarse. Ficharle mientras Xavi tenga cuerda sólo tiene una explicación lógica: se le trae para que no se vaya a otro club y no sea fichable cuando, de aquí a unos años, de verdad se le necesite. Lo dicho: un culé de pro, pero muy pro(fesional).

LA LEYENDA DEL INDOMABLE

COOL HAND LUKE. 1967. 126´. Color.

Dirección : Stuart Rosenberg; Guión: Frank Pierson y Donn Pearce, basado en la novela de este último;  Música : Lalo Schifrin; Director de fotografía : Conrad Hall;  Montaje : Sam O´Steen; Dirección artística: Cary Odell; Producción: Gordon Carroll y Carter de Haven, Jr., para Warner Bros (USA).

Intérpretes: Paul Newman (Luke); George Kennedy (Dragline); J.D. Cannon (Society Red); Jo Van Fleet (Arletta); Lou Antonio  (Koko); Strother Martin (Capitán); Clifton James (Carr); Luke Askew (Jefe Paul); Robert Drivas (Loudmouth Steve); Harry Dean Stanton (Tramp); Dennis Hopper (Babalugats); Morgan Woodward (Jefe Godfrey); Joy Harmon (La chica).

Sinopsis: Luke ha sido condenado a dos años de trabajos forzados por romper en plena borrachera unos postes de aparcamiento. Una vez en prisión, se gana el respeto de los presidiarios y la ira de los carceleros por su tenacidad y sus constantes intentos de fuga.

Los que hablan siempre del cine de autor tienen aquí un hueso duro de roer, porque La leyenda del indomable es, ante todo y sobre todo, una película de Paul Newman, que brinda aquí una de sus mejores y más recordadas interpretaciones cinematográficas incorporando a Luke el rebelde, el ateo, el testarudo, el involuntario líder y más voluntario mártir, el principio y final de la película. Newman ríe, corre, canta, llora, desafía a la autoridad, habla con Dios y se zampa cincuenta huevos duros en este drama carcelario sobre la juventud rebelde y la brutalidad de la vida en prisión. Además del show de Newman (actúa tan bien que hasta se hace perdonar el narcisismo) son de destacar la fotografía de Conrad Hall y otras dos interpretaciones, las de Jo van Fleet y George Kennedy, que se llevó por su papel el Oscar que una vez más se le negó al protagonista. El trabajo de Rosenberg es excelente, siendo ésta sin duda la mejor película de su corta y harto irregular filmografía.

Película muy de su tiempo, ha envejecido sin embargo mucho mejor que otros films que marcaron aquella época como El Graduado, Dos hombres y un destino o Easy Rider, y ello porque la rebeldía no ha perdido encanto pero sigue siendo cosa de unos pocos, porque las cárceles siguen siendo un infierno, porque nunca se ha lavado un coche con tanta gracia en la historia del cine, porque ahora como entonces sigue siendo jodido ser uno mismo y porque, en fin, pocas veces Paul Newman brilló tanto (y eso es decir mucho). Algunas escenas se dilatan demasiado para lo que la historia exige, se copian elementos de otras películas como Al este del Edén o La gran evasión, más de un personaje secundario está construido de forma pelín arquetípica pero, con todo, La leyenda del indomable es una muy buena y muy entretenida obra cinematográfica.

TEATRO

Dos versos que Calderón de la Barca incluyó en El gran teatro del mundo, y que no necesitan mayor comentario:

“QUE TODA LA VIDA HUMANA/REPRESENTACIONES ES”.

NOLE, EL NÚMERO 1

Lo de Novak Djokovic en este 2011 agota los adjetivos. Anoche, el tenista serbio consiguió algo que nadie había hecho con anterioridad: ganar cinco torneos Masters 1000 en la misma temporada. Lo hizo en Montreal, derrotando en la final al estadounidense Mardy Fish en un duelo en el que el de Belgrado, al parecer aquejado de algunos problemas físicos, estuvo lejos de la brillantez absoluta que mostró en anteriores rondas. No obstante, Nole supo aprovechar sus ocasiones, tuvo mucha más fortaleza mental que su adversario y consiguió una victoria sufrida, demostrando que también es capaz de ganar resistiendo, y no sólo arrollando. A Djokovic, tenista de enorme clase, se le suponía llamado a las más altas cimas del tenis pero, por unas cosas u otras, ha habido que esperar hasta este año para que su rendimiento estuviera a la altura de su potencial. Su temporada lo dice todo: 55 victorias y una sola derrota (contra Federer en París) desde enero, nueve títulos en nueve finales disputadas y la sensación de que, cuando está a su mejor nivel, no hay un solo tenista en el circuito capaz de derrotarle. Ahora llega otro Masters 1000, el de Cincinatti, donde en mi opinión Nole haría bien en reservar fuerzas para el que puede ser su tercer Grand Slam de la temporada y cuarto de su carrera, todo ello con 24 años. Habrá que ver si el serbio logra reinar en Nueva York. Parece, eso sí, que el trono del tenista con más clase que he visto en mi vida, Roger Federer, está en buenas manos.

Cambiando de tema, nuevo paseo de Casey Stoner en Moto GP, ayer en el circuito checo de Brno. Con Lorenzo fuera del podio y Pedrosa (el único piloto que en circunstancias normales podría haberle disputado la victoria) fuera de carrera por una absurda caída a las primeras de cambio, el australiano está cada vez más cerca de su segundo título mundial en la categoría reina.

Sí, ya sé que anoche se enfrentaron dos superequipos de fútbol, todopoderosas escuadras patrocinadas por una monarquía despótica y una casa de apuestas, respectivamente, pero no vi el partido y no hablaré de él. Cuando empiecen los torneos serios, hablaré de fútbol.

 

DE NUEVO KRUGMAN

Nueva perla del Nobel de Economía Paul Krugman para The New York Times, publicada en España en la edición de hoy de El País. De todos los economistas que hablan y escriben sin cesar sobre la crisis, ninguno me parece tan realista e inteligible para los profanos como él, que, aunque habla básicamente de EE.UU., explica cosas que en la periferia europea nos resultan muy familiares:

La crisis secuestrada

Les ha dejado la agitación de los mercados con una sensación de miedo? Bueno, pues debería. Está claro que la crisis económica que empezó en 2008 no ha terminado ni mucho menos.

Pero hay otra emoción que deberían sentir: ira. Porque lo que estamos viendo ahora es lo que pasa cuando la gente influyente se aprovecha de una crisis en vez de tratar de resolverla.

Durante más de un año y medio -desde que el presidente Obama decidió convertir los déficits, y no los puestos de trabajo, en el tema central de su discurso sobre el Estado de la Unión de 2010- hemos mantenido un debate público que ha estado dominado por las preocupaciones presupuestarias, mientras que prácticamente se ha hecho caso omiso del empleo. La supuestamente urgente necesidad de reducir los déficits ha dominado hasta tal punto la retórica que, el lunes, en medio de todo el pánico en las Bolsas, Obama dedicaba la mayoría de sus comentarios al déficit en vez de al peligro claro y presente de una nueva recesión.

Lo que hacía que todo esto resultase tan grotesco era el hecho de que los mercados estaban indicando, tan claramente como cualquiera podría desear, que nuestro mayor problema es el paro y no los déficits. Tengan en cuenta que los halcones del déficit llevan años advirtiendo de que los tipos de interés de la deuda soberana de EE UU se pondrían por las nubes en cualquier momento; se suponía que la amenaza del mercado de los bonos era la razón por la cual debíamos reducir drásticamente el déficit. Pero esa amenaza sigue sin materializarse. Y esta semana, justo después de una rebaja de calificación que se suponía que debía asustar a los inversores en bonos, esos tipos de interés en realidad se han hundido hasta mínimos históricos.

Lo que el mercado estaba diciendo -casi a voces- era: “¡No nos preocupa el déficit! ¡Nos preocupa la debilidad de la economía!”. Porque una economía débil se traduce tanto en unos tipos de interés bajos como en una falta de oportunidades empresariales, lo que, a su vez, se traduce en que los bonos del Tesoro se convierten en una inversión atractiva aunque la rentabilidad sea baja. Si la rebaja de la deuda de EE UU ha tenido algún efecto, ha sido el de acrecentar los temores a unas políticas de austeridad que debilitarán aún más la economía.

¿Y cómo llegó el discurso de Washington a estar dominado por el problema equivocado?

Los republicanos radicales, cómo no, han tenido algo que ver. Aunque no parece que los déficits les importen demasiado (prueben a proponer cualquier subida de los impuestos a los ricos), han descubierto que insistir en los déficits es una forma útil de atacar los programas del Gobierno.

Pero nuestro debate no habría llegado a estar tan descaminado si otras personas influyentes no hubiesen estado tan ansiosas por eludir el asunto del empleo, incluso ante una tasa de paro del 9%, y secuestrar la crisis en defensa de sus planes previos.

Repasen la página de opinión de cualquier periódico importante, o escuchen cualquier programa de debate, y es probable que se topen con algún autoproclamado centrista afirmando que no hay remedios a corto plazo para nuestras dificultades económicas, que lo responsable es centrarse en las soluciones a largo plazo y, en concreto, en la “reforma de las prestaciones”, o sea, recortes en la Seguridad Social y Medicare. Y cuando se topen con alguien así, sean conscientes de que esa clase de gente es uno de los principales motivos por los que tenemos tantos problemas.

Porque el hecho es que, en estos momentos, la economía necesita desesperadamente un remedio a corto plazo. Cuando uno sangra profusamente por una herida, quiere un médico que le vende esa herida, no un doctor que le dé lecciones sobre la importancia de mantener un estilo de vida saludable a medida que uno se hace mayor. Cuando millones de trabajadores dispuestos y capaces están en paro, y se desperdicia el potencial económico al ritmo de casi un billón de dólares al año, uno quiere políticos que busquen una recuperación rápida en vez de gente que le sermonee sobre la necesidad de la sostenibilidad fiscal a largo plazo.

Por desgracia, lo de dar lecciones sobre la sostenibilidad fiscal es un pasatiempo de moda en Washington; es lo que hacen las personas que quieren parecer serias para demostrar su seriedad. Así que, cuando la crisis estalló y nos arrastró a unos grandes déficits presupuestarios (porque eso es lo que pasa cuando la economía se contrae y los ingresos caen en picado), muchos miembros de nuestra élite política tenían muchas ganas de utilizar esos déficits como excusa para cambiar de tema y pasar del empleo a su cantinela favorita. Y la economía seguía desangrándose.

¿Qué conllevaría una respuesta real a nuestros problemas? Ante todo, por el momento conllevaría más gasto gubernamental, no menos; con un paro masivo y unos costes de financiación increíblemente bajos, deberíamos estar reconstruyendo nuestras escuelas, carreteras, redes de distribución de agua y demás. Conllevaría unas medidas agresivas para reducir la deuda familiar mediante la condonación y la refinanciación de las hipotecas. Y conllevaría un esfuerzo por parte de la Reserva Federal para tratar por todos los medios de poner la economía en movimiento, con el objetivo intencionado de generar más inflación a fin de aliviar los problemas de endeudamiento.

Lógicamente, los sospechosos habituales tacharán esas ideas de irresponsables. Pero ¿saben lo que es de verdad irresponsable? Secuestrar el debate sobre la crisis para conseguir las mismas cosas que uno defendía antes de la crisis, y dejar que la economía siga desangrándose.

Paul Krugman © 2011. New York Times Service. Traducción de News Clips.

 

MALEDICTUM

Al parecer, un jefe de Estado y líder religioso extranjero, de vasta cultura y mucho gancho mediático, va a aterrizar en España para dirigir un espectáculo que se ha dado en llamar Jornadas Mundiales de la Juventud. Se trata de un antiguo Inquisidor Mayor, retrógrado a más no poder, que predica una moral hipócrita y caduca y que, por acción u omisión, ha protegido durante décadas a personas que han cometido terribles delitos, cuyas víctimas han precisamente los más jóvenes. Representa a la organización que probablemente ha hecho más daño al género humano a lo largo de la Historia, organización que, por suerte, se halla hoy en franco, aunque todavía insuficiente, retroceso en el mundo civilizado. Hace unas horas me he cruzado con muchos jóvenes que asistirán al evento, que se celebra en Madrid, y han pasado antes por mi ciudad. Espero que gasten mucho dinero en Barcelona, que se vayan por donde han venido y se guarden su doctrina para la más estricta intimidad. Siento lástima por ellos, porque una cosa es creer en Dios, cosa que yo no he hecho nunca pero que es tan respetable como lo sean los creyentes con quienes no lo somos, y otra muy distinta idolatrar a semejante personaje y a la organización que lidera.