ITALY, TWELVE POINTS

Aunque sea con la boca pequeña, porque nuestras propias miserias no nos permiten otra cosa, hay que felicitar a Italia por habernos adelantado (por la derecha) en el pelotón de los eurotorpes. Ya se escucha el graznido de los buitres al ver acercarse el premio gordo. Lo malo es que, si en un lado está Mario (Monti) y en el otro Mariano (ya saben) seremos nosotros…

LA TRISTE VERDAD

Frase del filósofo alemán Immanuel Kant, a mi entender tan desagradable como indiscutible:

“A PARTIR DE UNA MADERA TAN RETORCIDA COMO AQUELLA DE LA QUE ESTÁ HECHO EL HOMBRE, NO PUEDE TALLARSE NADA ENTERAMENTE DERECHO”.

LOS SIGUIENTES DE LA LISTA

Que el simple rumor de la dimisión de Silvio Berlusconi como primer ministro italiano haya invertido la tendencia bajista de las bolsas en el día de hoy, sobre todo en su propio país, indica que, o los mercados también tienen su corazoncito, o la patética momia que tan bien retrata al país que la (re)eligió, ha dejado de ser útil incluso para los suyos.

EL DEBATE

Pese a tanto documental musical y a tanto mirar de reojo a Grecia y sus temibles efectos colaterales, no se me olvida que esta noche se celebra el debate electoral más innecesario desde que la democracia y la televisión existen en España. Servidor pensaba que la presencia de Rubalcaba y la impericia de Mariano iban a servir para que el PP no gobernara con mayoría absoluta, pero no va a ser así. Por si quedaba alguna duda al respecto, las últimas cifras de desempleo muestran bien a las claras cuál va a ser el resultado de las próximas elecciones. Ya puestos, podrían haberse ahorrado tanto la campaña como este debate de hoy, tan milimetrado, cronometrado y desnaturalizado que pierde cualquier interés que (no es mi caso) pudiera despertar. Seguro que a la hora del debate hay algo mejor en la tele.

MESSAGE TO LOVE: THE ISLE OF WIGHT FESTIVAL

MESSAGE TO LOVE: THE ISLE OF WIGHT FESTIVAL. 1995. 121´. Color.

Dirección : Murray Lerner; Guión: Murray Lerner; Dirección de fotografía : Andy Carchrae, Jack Hazan, Nic Knowland, Norman Langley, Murray Lerner, Richard Stanley, Charles Stewart, Mike Whittaker; Montaje : Greg Sheldon, Stan Warnow, Einar Westerlund, Howard Alk; Música: Jimi Hendrix, Joan Baez, Donovan, Ten Years After, Kris Kristofferson, Joni Mitchell, Tiny Tim, Miles Davis, Jehtro Tull, Free, Leonard Cohen, The Moody Blues, The Doors, The Who, Emerson, Lake & Palmer, John Sebastian, Bob Dylan.  Producción: Murray Lerner para Pulsar Productions (EE.UU).

Intérpretes: Ricki Farr, Jimi Hendrix, Joan Baez, Donovan, Ten Years After, Kris Kristofferson, Joni Mitchell, Tiny Tim, Miles Davis, Jethro Tull, Free, Leonard Cohen, The Moody Blues, The Doors, The Who, Emerson, Lake & Palmer, John Sebastian.

Sinopsis: Crónica del festival celebrado en la isla de Wight en 1970.

El título de este documental bien podría haber sido Cómo organizar un megafestival musical y casi morir en el intento, o quizás Cuando la mentira de paz y amor se fue a la mierda. En todo caso, se trata de una película absolutamente imprescindible, tanto por la cantidad y calidad de los músicos que desfilan por el escenario interpretando sus canciones, como por lo que supone de retrato del final del hippismo como mentira, es decir, por su intrínseco valor documental. Lo que empezó como una megafiesta de paz, amor libre, música de muchos kilates y drogas a mogollón estilo Woodstock, acabó como el rosario de la Aurora, entre otras cosas por la negativa de gran parte de los 600.000 asistentes a pagar las tres libras que costaba la entrada al recinto. Por la pantalla desfilan los organizadores explicando sus tribulaciones para hacer cuadrar los números y contentar a artistas, managers y público, y un sinfín de pintorescos hippies tan fanáticos de la libertad absoluta como incapaces de elaborar un discurso inteligente. A veces, ni mínimamente articulado. Lerner, autor de esta pieza magistral, otorga también la palabra a un muy conservador ex-combatiente británico que a fuerza de ver y oír los desvaríos de la juventud libre acaba cayéndote hasta simpático. Porque esta película retrata, en vivo y en directo, algo tan humano como la degeneración de los grandes ideales, tal vez del carácter esencialmente miserable de una especie capaz, eso sí, de crear cosas maravillosas, como buena parte de esa música que artistas de la talla de Jimi Hendrix, The Doors, Miles Davis o Leonard Cohen interpretan ante la mirada insobornable de las cámaras. Sobre el escenario también sucedieron cosas muy interesantes, como alguna proclama libertaria hecha con el muy noble fin de no pagar tres libras, la irónica reacción de Kris Kristofferson ante la insultante acogida que le dedicó el público, o la valentía de Joni Mitchell pidiendo respeto a ese mismo público, enfervorizado a causa de unos incidentes completamente ajenos a ella. Al final, todo se descontrola y, como dice el maestro de ceremonias Rick Farr, te topas con la cruda realidad: que un festival musical de esas características no volverá a celebrarse jamás. Y así ha sido.  El final, con el paisaje vacío y tan sucio como si en él se hubiera celebrado una batalla medieval, mientras suenan la voz y la música de Bob Dylan interpretando Desolation Row, es perfecto. Como la película.

RAY DAVIES: IMAGINARY MAN

RAY DAVIES. IMAGINARY MAN. 2010. 78´. Color-B/N.

Dirección : Julien Temple; Guión: Julien Temple; Dirección de fotografía : Stephen Organ. Montaje : Caroline Richards, Alan Yentob; Diseño musical: Billy Young; Música: The Kinks. Producción: Stephen Malit y Julien Temple, para Nitrate Films (Reino Unido).

Intérpretes: Ray Davies.

Sinopsis: Documental en el que el líder de The Kinks, Ray Davies, repasa sus más de 40 años de carrera musical.

Un paseo por la trayectoria de la banda más profundamente inglesa de todas las que formaron parte de lo que en los años 60 se llamó la invasión británica, The Kinks, narrada en exclusiva por su cantante y líder, Ray Davies. Eso es lo que nos propone esta película, en la que, con el pretexto de un lanzamiento discográfico en el que grandes estrellas del rock como Bruce Springsteen o Metallica versionan temas de éxito de The Kinks, Davies pasea por Londres y repasa su vida a través de sus canciones, tan ligadas a esa ciudad y a esos paisajes. El hogar familiar, la vida con sus hermanas, la fundación del grupo junto a su hermano Dave y el estrellato alcanzado con sólo 18 años gracias al éxito del single You really got me dan paso a la ya conocida narración de los vaivenes de la fama y su efecto distorsionador de la realidad. Davies tiene el mérito de contar lo que cuenta sin dejar de lado la ironía, si bien hay muchas cosas que no se explican: el porqué de la prohibición de tocar en los Estados Unidos que afectó a The Kinks durante gran parte de la década de los 60 (aunque Davies sale bien del paso diciendo que no puede explicar un motivo que aún hoy él desconoce), o los largos años de decadencia de la banda hasta su disolución en 1996. Una decadencia que abarca más de dos décadas, desde el éxito de Lola hasta la separación, con un único período de renacimiento (en América) entre finales de los 70 y principios de los 80, provocado en gran parte por el impacto que provocaron las versiones de The Kinks que llevaron al éxito bandas como Van Halen, The Jam o The Pretenders. Pues bien, todos esos años son directamente ignorados en la película, circunstancia que la convierte en demasiado autocomplaciente. No obstante, el muy buen trabajo de Julien Temple, y sobre todo el hecho de acercarnos a un excelente compositor y a una de las bandas más importantes surgidas en la Gran Bretaña de los 60 ya justifica sobradamente el visionado del film.

 

CRACKED ACTOR: DAVID BOWIE

CRACKED ACTOR. 1974. 54´. Color.

Dirección : Alan Yentob; Guión: Alan Yentob; Dirección de fotografía : Michael Murphy, David Myers;  Montaje : Tony Woollard; Diseño musical: Pat Darrin; Música: David Bowie. Producción: Alan Yentob, para BBC (Reino Unido).

Intérpretes: David Bowie.

Sinopsis: Documental sobre la estancia estadounidense de David Bowie en 1974.

Ejemplo de documental sobre lo que las drogas y la fama pueden hacer en un individuo, Cracked actor nos muestra a un David Bowie en la cúspide de su fama y a la conquista de América, mientras su cuerpo esquelético y sus palabras nos dejan ver que el músico británico se halla al límite de su resistencia física y mental. Años después, el propio Bowie hablaba de su estado allá por 1974, en plena gira americana de presentación de su exitoso disco Diamond dogs, y mostraba su extrañeza por haber sobrevivido a aquel caótico período. La película alterna las declaraciones del cantante, siempre entre la lucidez y el puro desvarío, con la interpretación en directo de varios de sus éxitos, y en menos de una hora retrata las dos inseparables caras del rock & roll en su época de máximo apogeo, la de la fama, el dinero y la idolatría ciega de la gente, y la de la megalomanía, el alejamiento de la realidad y la autodestrucción que todo lo anterior conlleva y la cocaína potencia. Bowie, sin embargo, sobrevivió a todo aquello y supo reinventarse en diversas ocasiones y mantenerse en la cresta de la ola del negocio musical durante décadas sin dejar de hacer cosas artísticamente interesantes. El mérito del documental de Yentob es, sin duda, mostrar lo que casi siempre se esconde sobre las estrellas del rock de un modo totalmente neutral, dejando que el espectador juzgue por sí mismo lo que ve y oye. Si además de todo eso, la música es buena, sólo se puede decir que la película es de visionado altamente recomendable (que no agradable).

TÚ SÍ TIENES RITMO

Nueva escapada de viernes noche al Jamboree, donde tocaba uno de los mejores baterías del jazz actual, el mexicano Antonio Sánchez, liderando a su propia banda.

El primer tema, El Minotauro, constituyó una portentosa demostración de talento colectivo. El listón estaba alto, pero la banda consiguió que el concierto no decayera. Y ello porque los virtuosos músicos que acompañaban a Sánchez en esta aventura solista (Dave Binney al saxo alto, John Escreet al piano y Matt Brewer al contrabajo, todos ellos jóvenes muy bien considerados en la escena neoyorquina) le ayudan a dar forma a un jazz moderno, sugerente y alejado del tópico, y también (digámoslo ya) porque lo de este hombre a los tambores es increíble. Desde que hace nueve años descubrí a Antonio Sánchez el escuchar el disco del Pat Metheny Group Speaking of now, tuve claro que nos encontrábamos ante un batería de muy alto nivel, pero una cosa es saber eso, o verlo tocar a las órdenes del genio de Missouri, y otra es verlo y oírlo a escasos metros de distancia, y como líder. Si cierro los ojos durante el concierto y me dicen que ha resucitado Tony Willliams, lo hubiera creído, y eso son palabras muy mayores. Sencillamente tremendo, no sólo por su energía, sino por su precisión y variedad con las baquetas y escobillas. Me temo, eso sí, que tendré que escoger bien al próximo batería al que vaya a ver en concierto porque de lo contrario, y después de lo visto anoche, el infortunado intérprete me parecerá malo y manco.

Uno de los temas del disco Migration:

En una master class, interpretando un tema que le dedicó Chick Corea, One for Antonio:

 

 

JAIME URRUTIA: LA FUERZA DE LA COSTUMBRE

JAIME URRUTIA: LA FUERZA DE LA COSTUMBRE. 122´. Color.

Dirección : Carlos Duarte-Quin; Guión y supervisión musical: Carlos Duarte-Quin, Esteban Hirschfeld, Jaime Urrutia; Dirección de fotografía : Kike Hernández, Luis Castro;  Montaje : Jorge Flames; Diseño musical: Soundub; Música: Jaime Urrutia, Gabinete Caligari. Producción: Juan Carlos Duarte-Quin, para Desolatría Films (España).

Intérpretes: Jaime Urrutia, Enrique Bunbury, Andrés Calamaro, Ariel Rot, Luis Eduardo Aute, Alaska, Eva Amaral, Loquillo, Ana Belén, Alberto García Alix, Pereza, Carlos Goñi, Aurora Beltrán, Dr. Explosion, Andy Chango, Esteban Hirschfeld, Paloma Urrutia.

Sinopsis: Documental que explica la trayectoria musical y vital del cantante y compositor madrileño Jaime Urrutia.

Pienso desde hace años que Jaime Urrutia, el que fuera durante 18 años voz y líder de Gabinete Caligari, es un personaje a reivindicar. Y a eso precisamente se dedica este documental, a la reivindicación de un músico auténtico, de la vieja escuela, que no tiene nada que ver con ciertos niñatos prefabricados que en estos tiempos se dedican a pontificar sobre todo y sobre todos.

Es curioso, pero a mí empezó a gustarme Gabinete Caligari justo cuando su fama declinó. Un compañero de universidad me dejó Cien mil vueltas, disco que me gustó por las mismas razones que años antes hicieron que me gustaran los discos de Radio Futura: letras pulidas, precisas y con contenido, envueltas en un traje musical sencillo, pero nada desdeñable. Lamentablemente, el propio documental olvida ese disco, al que apenas se menciona, y que aún hoy me parece muy bueno, pues contiene temas excelentes, como Viaje al Averno, Lo mejor de ti, Queridos camaradas y el propio tema-título, notable muestra de filosofía pura con lenguaje torero (dos de las más interesantes características del biografiado) en poco más de tres minutos. A partir de ahí, seguí investigando, y me he encontrado con que Urrutia es responsable de al menos una docena de canciones que sobrepasan en bastante el nivel medio del rock español desde la famosa movida hasta el día de hoy.

Se trata de un film narrado en primera persona, en el que Urrutia explica, se explica y deja grandes frases, dedicadas por ejemplo a su propia chulería o a los rockeros de vida sana y alergia al exceso. Además, desfilan por la pantalla amigos y compañeros de viaje, con especial protagonismo para un trío de personalidades carismáticas del rock en español, como son Loquillo (muy acertada su reflexión sobre el vocabulario taurino), Enrique Bunbury y Andrés Calamaro. Se echa en falta la presencia de los otros miembros de Gabinete Caligari, Ferni Presas y Edy Clavo, pero es obvio que la separación del grupo no fue nada amistosa y las heridas aún no han cicatrizado. Igualmente, considero que sus palabras hubieran aportado mucho a un documental interesante, pero que a mi entender tiene un problema: a la hora de sincronizar la música con las voces de los protagonistas, cuando éstas coinciden, a veces aquélla suena demasiada alta y cuesta entender las palabras de los que intervienen. Pese a ello, las dos horas de metraje no se hacen largas, y la película nos ofrece una rara posibilidad de entender un poco mejor el rock español, visto desde dentro por una de sus figuras señeras.

AMADEUS

AMADEUS. 1984. 160´. Color.

Dirección : Milos Forman; Guión: Peter Shaffer, basado en su propia obra de teatro; Director de fotografía : Miroslav Ondricek;  Montaje : Michael Chandler, Nena Danevic; Diseño de producción: Patrizia Von Brandenstein; Música: Wolfgang Amadeus Mozart. Dirección artística: Karel Cerny; Diseño de vestuario: Theodor Pistek; Producción: Saul Zaentz, para Orion Pictures (EE.UU).

Intérpretes: F. Murray Abraham  (Antonio Salieri); Tom Hulce (Wolfgang Amadeus Mozart); Elizabeth Berridge (Constanze Mozart); Simon Callow (Schikaneder); Roy Dotrice (Leopold Mozart); Christine Ebersole (Katerina Cavalieri); Jeffrey Jones (Emperador José II); Charles Kay (Conde Orsini-Rosenberg); Kenny Baker, Lisabeth Bartlett, Vincent Schiavelli, Richard Frank.

Sinopsis: Recluido en un psiquiátrico, el anciano compositor Antonio Salieri explica a un sacerdote su historia, que es también la del genial compositor Mozart, a quien envidió, admiró y, según confesión propia, asesinó.

Pocas veces, en especial en los últimos treinta años, la película vencedora en la ceremonia de los Oscars es efectivamente, una gran película. Amadeus lo es, desde la primera escena a la última, que por cierto son dos de las mejores escenas del film. El dramaturgo Peter Shaffer hizo la adaptación de su propia obra teatral, el checo Milos Forman dirigió el complicado asunto, y el resultado de todo ello es una obra cinematográfica importante, quizá la definitiva sobre el genio, la envidia y (agárrense) la relación del ser humano con Dios. La elección de ambos artistas no pudo ser más acertada: nadie como Shaffer podía adaptar mejor un texto que, como una cebolla, sugiere cosas nuevas a medida que se desmenuza. Forman, prestigioso cineasta que venía de dirigir su mejor película hasta entonces (Ragtime) no sólo es un director de gran calidad, capaz de llevar a buen puerto una gran producción, sino que su origen centroeuropeo y su cultura musical le hacían idóneo para el proyecto.

Música de Mozart, buen director, gran texto adaptado por el propio autor… ¿qué podía fallar? Muchas cosas, como siempre ocurre tratándose de una producción importante. Para evitarlo, el productor gastó su dinero en contratar a profesionales de reconocida valía en los apartados técnicos, como Miroslav Ondricek o Patrizia Von Brandenstein, cuyo trabajo es sencillamente espectacular, para darle credibilidad a una historia de época en la que la ópera y las escenas palaciegas ocupan un lugar destacadísimo. A la hora de escoger el reparto, los responsables del film tuvieron el valor de elegir actores poco o nada conocidos y, en general, dieron en el clavo. La interpretación que realiza F. Murray Abraham del mediocre compositor Salieri ha pasado con justicia a la historia de la actuación cinematográfica, pues enriquece y llena de matices un personaje de por sí riquísimo. Decía Hitchcock que cuanto mejor es el malo, mejor es la película, y en este caso, como en muchos otros, acierta de lleno. Tom Hulce realizó el papel de su vida incorporando al genial, excesivo e histriónico Mozart, cuya risa histérica permanece como uno de los aspectos más recordados del film. Excelentes actores como Simon Callow o Jeffrey Jones recrean con acierto a personajes episódicos pero muy importantes. En cambio, la interpretación de Elizabeth Berridge como la esposa de Mozart es muy pobre en comparación con las anteriores, aunque su trayectoria tiene un significativo punto en común con la del dúo de protagonistas: todos ellos quedaron identificados de por vida con los personajes que interpretaron en esta película, y sus carreras cinematográficas nunca volvieron a asomarse a cimas tan altas.

Repito: nunca en el cine se han tratado con mayor brillantez la envidia, el genio y la absoluta arbitrariedad con la que vaya usted a saber quién reparte estos atributos. El rostro del respetado compositor imperial Salieri cuando descubre que el excelso músico al que admira es un adolescente de gustos y gestos vulgares, hormonas hiperactivas y excesiva afición por el alcohol y el humor escatológico, lo dice todo. “¿Por qué él, Señor, y no yo, que siempre te fui leal?”. La escena en la que Salieri arroja un crucifijo al fuego nos dice que ya ha dado con la respuesta. Su verdadero drama no es tanto la genialidad de Mozart enfrentada a su mediocridad, sino el hecho de ser, a causa de su inmenso amor por la música y sus grandes conocimientos en la materia, el único de sus contemporáneos realmente capacitado para apreciar ambas cosas. Ése es el auténtico castigo de Dios, y por eso Salieri decide luchar contra Él en la persona de Mozart, trazando un retorcido pero exitoso plan para destruir al genio más aún de lo que los propios defectos y vicios de éste, y su actitud libre en un mundo absolutamente encorsetado y opresivo, hagan al respecto y precipiten su caída en desgracia. Es preciso mencionar que la fidelidad a los hechos históricos es escasa, pero pocas veces esta circunstancia me ha importado menos a la hora de valorar un film. ¿Qué importa que Salieri no encargara a Mozart que compusiera el Réquiem, si la escena en la que lo coescriben es fantástica? Otros muchos detalles de la película son históricamente discutibles, cuando no directamente falsos, pero, como decía Miles Davis, otro músico incomparable, So what?