¿POR QUÉ NO TE CALLAS?

Hoy la cosa iba más o menos bien, dentro del desastre, pero ha sido acabar la rueda de prensa del gobernador del BCE, Jean Claude Trichet, y empezar a hundirse los indicadores económicos. En atención a la salud mental de los europeos, en especial la de los ciudadanos de los países de segunda, me atrevo a pedirle a este señor que en adelante no vuelva a abrir la boca en público salvo para beber agua, porque como hable dos veces más este año y el efecto de sus palabras sea el mismo qu el de hoy, ya sólo tendremos que buscar a los otros tres jinetes.

LA CLAVE DEL ENIGMA

Ser lo bastante listo para saber que nada tiene sentido, y lo bastante estúpido para seguir viviendo sin que eso te afecte. ¿O era al revés?

 

2011: ¿ESCAPE FROM SPAIN?

Las cifras de paro son alarmantes, incluso estando en plena temporada turística, pero parece que el problema es que aquellos que todavía conservamos el empleo sobramos, al menos mientras sigamos teniendo la costumbre de querer cobrar lo que nos corresponde cada fin de mes. Ah, quienes trabajamos en la Administración sobramos el doble, aunque el número de funcionarios aquí no es superior al de los países europeos  más avanzados. Sí lo son la incompetencia, la desidia, la bajísima productividad y el absentismo presencial, de muchos de los funcionarios públicos, y de bastantes de los que no lo son.

La prima de riesgo está por las nubes, como era de prever. ¿O acaso alguien creía que para esa especie de monstruo desconocido al que llaman los mercados, el premio gordo eran Grecia, Portugal o Irlanda? Se trata, o mucho me equivoco, de cargarse el euro, o la propia UE si me apuran, así que mejor dejamos de quejarnos de lo malos que estaban los entremeses, porque ya están sirviendo el primer plato. Ah, como sucedió al principio de este embrollo, el chef que lo ha preparado es yanqui, pero los primeros en catarlo seremos los europeos de segunda.

Iba a cambiar el modelo económico y no sé qué leches, pero la educación sigue siendo un desastre, la inversión en I+D+I ha descendido desde que nos petó la burbujita, y lo lógico será que muchos de los jóvenes con estudios y dominio de idiomas extranjeros que quedan por aquí acaben largándose a trabajar a otros países. Como ocurre desde los años 60: ladrillo (olvidémonos de él, quizá hasta dentro de algunas décadas), turismo, chanchullo, choriceo, enchufe y chapuza. Spain is different. Catalonia, no gaire.

Tenemos familia real parásita, más coches oficiales que EE.UU., 17 televisiones autonómicas públicas, una estatal y mil locales altamente deficitarias, una cultura que vive en gran parte de la subvención, varios gobiernos por cabeza (todos ellos ineficaces; alguno sobrará, supongo), somos líderes en Europa en siniestralidad laboral (lo cual tiene mérito con la poca gente que trabaja), consumo de drogas ilegales y fracaso escolar, quienes no cobran por nómina pagan impuestos irrisorios (y eso si lo hacen) y las únicas empresas potentes del país a escala internacional son bancos o antiguos monopolios estatales, cuyos ejecutivos, por cierto, están notando tanto la crisis como los sobrepagados deportistas de élite que nos encanta traer de todas partes (ni que fuéramos un país rico), sólo para poder hablar de algo en el bar y en la oficina durante el año. ¿Qué sobra?  Pues camas en los hospitales, coño. ¿Qué vamos a hacer, o ya hemos hecho en algunos virreinatos? Echar a la seudoizquierda del poder para volver a poner a la derecha de siempre. Eso sí, hacemos unos trenes de alta velocidad que no coge nadie, y unos aeropuertos sin aviones de la hostia. Tendrían que rescatarnos, sí. De nosotros mismos.

 

 

LA DACIÓN EN PAGO, O YA PARA QUÉ

Seamos sinceros: si se aprobara una norma admitiendo (con efectos retroactivos) que la entrega de la vivienda es suficiente para saldar la deuda hipotecaria, el país saltaría en pedazos. Y aprobar la norma sin los mencionados efectos retroactivos tiene poco sentido, pues actualmente no se le concede una hipoteca ni a Dios, y es muy dudoso que esto vaya a cambiar a corto o medio plazo. Así que… se agradecen las buenas intenciones, pero quizá haya que empezar por cambiar otras cosas.

ESPAÑA Y OLÉ

Mi más sincera felicitación para el seleccionador español de fútbol sub-19, don Ginés Meléndez, no sólo por el título europeo conseguido por sus muchachos, sino sobre todo por haber sido la alegría de la fiesta. Una vez conseguido el campeonato, el hombre, que sin duda atesora dos de los principales atributos que ha de tener un español de pro (mucho fervor patriótico y poco seso) se abalanzó literalmente sobre uno de sus jugadores para arrebatarle la bandera asturiana que con tanto orgullo portaba el mozo sobre sus hombros. Y todo porque, según dijo don Ginés al explicar el incidente, había recibido instrucciones de la Federación de que ningún jugador subiera a recoger el trofeo llevando una bandera distinta de la española. Con ello se demuestra que al simpático seleccionador le adorna otra virtud hispánica muy típica: ser un perfecto lameculos.

RELATO Nº2

Segunda píldora al canto. Se recomienda su lectura tras una atenta audición de la versión de My Way, interpretada por Sid Vicious.

A MI MANERA

–         Lo siento, agente, le juro que intenté controlarme, pero no pude. Aquel tipo estaba allí, ante mis ojos, destrozando sin piedad algunos de mis recuerdos más queridos, y no fui capaz de soportarlo… ¿Cree que se salvará?

–   Los médicos creen que sí, pero aún no es seguro. Si ese hombre no sobrevive va usted a pasarse una buena temporada en prisión.

–   Tal vez, pero volvería a hacerlo una y cien veces… Mejor no ponga eso en mi declaración, agente.

–     Esto no es una declaración, al menos hasta que su abogado aparezca por aquí de una vez. De todas formas, cuénteme cómo ocurrió todo, así la espera será menos aburrida.

–   Verá, agente: un amigo mío de la oficina, Gutiérrez, acaba de ser ascendido a subdirector de márketing después de ocho intentos, por lo que el hombre, presa de un entusiasmo más que comprensible, decidió pagarse una cenita para celebrarlo. La cena ha sido esta noche, y los invitados éramos: la secretaria de Gutiérrez; Albanell, el eterno jefe de personal de la empresa; aquel tipo, Osorio creo que se apellida, y un servidor. Yo apenas conozco al tal Osorio, sólo sé que había coincidido en otra empresa con Gutiérrez, nada más. Usted sabe, agente, cómo son esas cenas. Al principio todo el mundo trata de guardar las apariencias, pero en cuanto empieza a correr el vino hasta los mudos cuentan chistes.

–      Para chiste el que le contó usted a Osorio.

–    Íbamos algo borrachos, agente, y todos queríamos seguir la fiesta. Gutiérrez estaba deseando follarse a su secretaria, pero como ella no parecía estar por la labor, decidimos por unanimidad seguir castigando el hígado en algún local de moda. Después de una breve discusión, Albanell tuvo la genial idea de decir que yo había sido vocalista en varias orquestas de baile durante mi juventud, y, como era de temer, acabamos en un karaoke. Allí Osorio no paró de repetir que él también era un gran cantante,  y los demás estaban encantados ante la posibilidad de asistir a un duelo estilo spaghetti-western. Yo empezaba a estar de mal humor y no tenía ganas de cantar, sólo de beber gin tonics y de admirar a un grupo de cuarentonas, algunas de bastante buen ver, que cantaban a coro un tema de Julio Iglesias – La vida sigue igual, creo-; pero todos insistían y al final subí al escenario con el único objetivo de que me dejaran en paz. Me negué a cantar My Way, que es mi canción favorita, porque es una blasfemia cantar una canción como esa en las condiciones en que me encontraba, y opté por interpretar Y cómo es él porque aún en coma podría hacerlo mejor que Perales. Lo hice, y todo el mundo me aplaudió, como en los viejos tiempos… Bueno, Osorio no participó de la ovación, más bien me miraba con envidia.

–      No muy sana, deduzco…

–     La envidia sana no existe, agente, igual que la sangre azul y el reino de los cielos.

–      Déjese de filosofías, que llegará su abogado y me perderé lo mejor.

–      Como usted quiera, agente. Osorio dijo que iba a cantar My Way. Yo intenté hacerle cambiar de idea, porque me conozco, pero el tipo seguía en sus trece y los demás encontraban muy divertida la escena. Tenía que haberlo oído, agente. Cualquiera que tenga un mínimo gusto musical habría hecho lo mismo que yo hice… ¡Qué gallos, qué dicción tan estropajosa, qué absoluta desfachatez, reírse de Sinatra de esa forma cuando no han pasado ni dos meses desde el día de su muerte!. Porque el tipo se reía, agente, tuvo los santísimos cojones de reírse, y eso no pude soportarlo. Saqué del bolsillo el revólver que llevo desde que me atracaron el verano pasado y le pegué dos tiros.

–      Por suerte, sólo acertó uno.

–     ¿Por suerte?… Mejor no ponga eso en mi declaración, agente.

 

JUDAS PRIEST: ÚLTIMA GIRA… O NO

Mañana pasa por Barcelona la presunta gira de despedida de Judas Priest. Digo presunta porque se oye por ahí que Halford y los suyos están preparando nuevo material, y a los rockeros, ya se sabe, les cuesta morir.

Aunque el grupo británico inició su andadura discográfica a mediados de la década de los 70, y discos de esa época como Stained class o Killing Machine tuvieron bastante repercusión, el ingreso de Judas Priest en la primera división del negocio musical en calidad de grupo abanderado de la New Wave of British Heavy Metal se produjo en 1980 con la publicación del álbum British Steel, que contenía clásicos de la banda (y del género) como Breaking the law, Living after midnight o Metal Gods (sí, para entonces ya iban cortos de modestia). Con el gran éxito de este disco, y la eclosión de otras bandas británicas como Iron Maiden, Motörhead o Saxon (las dos últimas, por cierto, acompañan a los Judas en esta gira), se inició la década prodigiosa del heavy metal. Con una estética que bebía directamente del mundo gay y del sadomasoquismo, que ellos impusieron como canónica en un género tan poco valorado por la crítica musical como amado por sus muchos y fidelísimos fans, Judas Priest tenía todos los argumentos (la potente voz de Rob Halford, los riffs y largos solos de Glenn Tipton y K.K. Downing, gran habilidad en la creación y recreación de la épica metálica) para ser una de las piedras angulares del heavy metal, y a fe que lo consiguieron.

Tras publicar en 1981 el irregular Point of entry, al año siguiente la banda británica lanza al mercado Screaming for vengeance, sin duda uno de sus mejores álbums, imprescindible en la discoteca de cualquier heavy que se precie. Dos años después el grupo demuestra que sigue en un gran momento con Defenders of the faith, que por cierto fue la primera cassette original que se compró quien esto escribe. Estos álbumes contienen varios de los mejores y más conocidos temas de la banda, como You´ve got another thing comin´, Electric eye, Freewheel burning o The sentinel.

El éxito de bandas rockeras americanas que utilizaban sintetizadores en sus discos, como Van Halen o ZZ Top, así como el deseo de ampliar horizontes musicales (y quizá de diferenciarse de los grupos de thrash metal, que empezaban a preparar el cambio de guardia en el heavy) llevó a Judas Priest a componer Turbo, su disco más arriesgado. Concebido al principio como un álbum doble que iba a llamarse Twin Turbo y finalmente publicado como álbum sencillo en 1986, Turbo une a la ortodoxia metálica propia del grupo sintetizadores, estribillos comerciales y mucho trabajo de estudio para crear un sonido casi perfecto, en el que la batería de Dave Holland también tenía mucho que ver. El álbum fue un éxito, pero generó la suficiente controversia entre los musicalmente muy conservadores seguidores del heavy metal como para que el grupo no reincidiera en la propuesta y volviera en sus siguientes discos al sonido de los anteriores. Sin olvidar temas tan potentes como Turbo Lover y Locked in, o tan pegadizos como Private property o Parental guidance, Turbo contiene el que para mí es el mejor tema creado por Judas Priest en toda su trayectoria, Out in the cold.

Con temas no publicados en su anterior álbum y otros nuevos, el grupo publica en 1988 Ram it down, que supone una vuelta a su sonido más característico pero que en cambio no logra el éxito de sus tres discos anteriores. Sí lo hace el siguiente disco, Painkiller, uno de los más alabados del grupo y, artísticamente, su canto del cisne. Después, la marcha de Rob Halford, siete años sin publicar nuevo material de estudio y la decadencia del heavy metal clásico en la década de los 90 colocaron al grupo en un segundo plano al que no estaba acostumbrado. Halford regresó en 2003, y el grupo ha publicado nuevo material de estudio y hecho nuevas giras, ayudado por el viento a favor de esta década de revival ochentero, pero lo que había que hacer, para lo bueno y para lo malo, ya estaba hecho. La lástima, para los fans del grupo que acudirán sin duda al concierto de mañana, es que no podrán ver a K.K. Downing, que recientemente ha dejado la banda, con lo cual ya sólo Tipton y el bajista Ian Hill han participado en todos los discos y giras hechos por este grupo fundamental para entender el heavy metal.

 

EMANCIPACIÓN NACIONAL

El president Artur Mas, en una de las típicas arengas veraniegas con que los líderes políticos obsequian a ese embrión de futuros vividores que los partidos llaman Juventudes, ha dicho que, ante las elecciones españolas del 20-N, lo que ha de hacer Catalunya es avanzar hacia su emancipación nacional (se conoce que alguno de sus asesores de imagen le ha sugerido evitar la palabra independencia, que provoca sofocos entre la gente de orden). Mucho confía Arturito en Rubalcaba, porque si el PP gana las elecciones con mayoría absoluta el único avance, de Catalunya y de España, será hacia el precipicio. Lo de la “emancipación” me parece un término poco afortunado: a ver si va a resultar que, después de mil años de historia, Catalunya sigue siendo una adolescente… que, dicho sea de paso, si se deja gobernar por esa tropa, es que tampoco anda muy sobrada de hormonas.

LLUEVE SOBRE MOJADO

Cierto es que en la tarde de ayer un tremendo chaparrón, de los más violentos que recuerdo, dejó más de 30 litros de agua por metro cuadrado en Barcelona, y en apenas media hora. Aún así, es inaceptable que en el Passeig de Colom las palmeras fueran cayendo como fichas de dominó, que en la madrugada todavía hubiera líneas de metro sin funcionar, y sobre todo que hasta bien entrado el día de hoy multitud de sufridos usuarios  hayan estado sin suministro eléctrico. Barcelona deja claro una vez más que es un gigante con pies de barro, además de una ciudad que sólo funciona cuando la climatología acompaña.

AL FINAL DE LA ESCAPADA

À BOUT DE SOUFFLE. 1960. 86´. B/N.

Dirección : Jean-Luc Godard; Guión : Jean-Luc Godard, sobre un argumento original de François Truffaut; Música : Martial Solal; Director de fotografía : Raoul Coutard; Montaje : Cécile Decugis; Consejero técnico y artístico : Claude Chabrol; Productor : Georges de Beauregard; Distribución : SNC (Société Nouvelle de Cinématographie, Imperia Films (Francia).

Intérpretes: Jean-Paul Belmondo (Michel Poiccard, Laszlo Kovacs); Jean Seberg (Patricia Franchini); Daniel Boulanger (Inspector Vital); Michel Fabre (Ayudante de Vital); Henri-Jacques Huet (Antonio Berutti); Antoine Flachot (Carl Zubert); Liliane David (Liliane); Jean-Pierre Melville (Parvulesco); Roger Hanin (Carl Zombach); Richard Balducci (Luis Tolmatchoff); Philippe de Broca, Jacques Rivette, Jean-Luc Godard.

Sinopsis: Michel es un delincuente de poca monta. Tras robar un coche en Marsella, emprende viaje a París para cobrar un dinero que se le adeuda y volver a ver a su amiga estadounidense, Patricia (Jean Seberg). En el camino, perseguido por la policía de tráfico, mata a un agente. Llega a París, pero no tiene dinero, por lo que recurre a varios amigos. Pasa su tiempo con Patricia, intentando convencerla de volver a acostarse con él, y de acompañarle a Roma. Los dos van de un lugar a otro, mientras Michel trata de recuperar su dinero y se oculta de la policía.

La ópera prima de Godard fue, y sigue siendo, un filme controvertido. Que eso sea así más de medio siglo después de su estreno ya significa algo, aunque ese algo hay que circunscribirlo al pequeño colectivo de cinéfilos interesado en una película europea, en blanco y negro y anterior a los Beatles.

Empezaré por decir que no he visto más de cinco películas dirigidas por Godard, y que esta es la única que he visionado en más de una ocasión. Respecto a su valoración, me sitúo a medio camino de entre quienes dicen que se trata de una obra maestra que supone un antes y un después en la historia del cine, y los que piensan que la película no es más que una tomadura de pelo pedante y vacua, porque creo que el film tiene algo de ambas cosas. Visto ahora, es decir, totalmente fuera del contexto en y para el que fue creado, y vistas docenas de películas que copian elementos de ésta, es imposible juzgar lo que significó en su época más que por suposiciones y juicios interesados. Al final de la escapada es básicamente, un policíaco sin pretensiones (la dedicatoria inicial a la Monogram dice mucho al respecto) filmado por un puñado de jóvenes críticos metidos a cineastas y llenos de pretensiones. En esta aparente paradoja se hallan la grandeza y la miseria de esta pieza central de la Nouvelle Vague. Se le agradece la libertad, el descuido (aunque se dice que el famoso montaje a saltos fue más fruto de la casualidad que de la voluntad), la arrogancia, las ganas de epatar, el aire fresco, la química Belmondo-Seberg (encantadora como nunca en ese papel de femme fatale existencialista y peinada a lo garçon), algunas frases para el recuerdo (“Si no le gusta el mar, si no le gusta la montaña, si no le gusta la ciudad… entonces… ¡Que le jodan!”; “Entre el dolor y la nada,  elijo el dolor.”; “No sé si estoy triste porque no soy libre, o no soy libre porque estoy triste.”), el ser todavía hoy en muchos aspectos una película joven y la música de Martial Solal. Resulta irritante por su artificiosidad (todo en la película parece arbitrario y más bien ajeno a la lógica: muchos de los planos, la duración de las escenas, el comportamiento de los personajes, la propia inserción de la música), por la sensación de que el guión importaba un pimiento y porque la escena final me parece tan mal resuelta que resulta más ridícula que conmovedora. Lo que ha quedado de À bout de souffle son fundamentalmente, dos cosas: el poder icónico del personaje del que Belmondo ha vivido durante toda su carrera (sus muecas, su eterno cigarrillo, esa mezcla de elegancia y desaliño, ese híbrido entre Bogart y un macarra barriobajero, esa -hay que decirlo- creación del Chico Martini), y el haber significado el verdadero pistoletazo de salida a uno de los movimientos cinematográficos más influyentes de la segunda mitad del siglo pasado.