LA VIDA Y LA OBRA

JAIME GIL DE BIEDMA. Antología poética. Selección de Shirley Mangini González. 137 páginas. Alianza Editorial.

MIGUEL DALMAU. Jaime Gil de Biedma. 510 páginas. Circe Ediciones.

Uno de los temas de discusión favoritos de los aficionados al arte es si resulta necesario conocer los avatares vitales del artista para juzgar mejor su obra o si, por el contrario, este conocimiento, la simpatía o antipatía que el artista-persona despierte en nosotros, sólo sirve para enturbiar nuestro criterio a la hora de juzgar lo único realmente importante: la calidad de su arte. En ocasiones, la vinculación absoluta entre vida y obra hace que esta discusión carezca de sentido: buen ejemplo de ello es el poeta barcelonés Jaime Gil de Biedma, autor de una obra tan breve (“Pero después de todo, no sabemos/si las cosas no son mejor así/escasas a propósito… Quizá/quizá tienen razón los días laborables”) como influyente.

Jaime Gil de Biedma fue un hombre que, muchos años antes de su muerte, dejó de escribir poesía. Fue otros muchos hombres: el niño de buena familia que vivió toda su vida entre el apego a la nobleza de su cuna y el sentimiento de culpabilidad (muchas veces traducido en resentimiento contra su clase social) frente a los vencidos, los humillados, los machacados por la fortuna; el joven dandy de vasta cultura que podría haber triunfado en cualquier cosa que se propusiera; el hombre de empresa que cada mañana acudía a su despacho en las Ramblas para lidiar con ejecutivos y hombres de negocios; el homosexual a quien siempre le pesó su condición; el hedonista incurable, capaz de buscar sin descanso los placeres más refinados y los más sórdidos; y, por supuesto, el chico que empezó a escribir versos a raíz de un desengaño amoroso. Algunos de esos versos, de estilo siempre pulido, de inusual profundidad, figuran entre los mejores de la poesía española posterior a la Guerra Civil, y también entre los más recordados. De la antología de Alianza hay que decir que no olvida uno solo de los poemas fundamentales de Gil de Biedma.

Compañeros de viaje es su primer libro importante, fruto de una época de militancia y de esperanza. Ya entonces, decididamente autobiográfico. Poesía de la experiencia, la llamaron. Pocos la llevaron tan lejos, y a la vez, pocos ocultaron tanto. Moralidades, su siguiente libro, es la muestra de que el poeta ha encontrado su auténtica voz: Barcelona ja no és bona o Años triunfales expresan sin tapujos su desprecio a los vencedores, que es lo mismo que decir a sus propios orígenes; Apología y petición recupera el espíritu de la Generación del 98 (“De todas las historias de la Historia/sin duda la más triste es la de España/porque termina mal…”); el amor, perdido y encontrado, deseado y disfrutado, se halla muy presente en todo el libro, hasta desembocar en uno de los mejores poemas del autor, Pandémica y celeste. Hay militancia, y nostalgia de la juventud perdida, y una lucha entre la mano que quiere destapar el velo y la mano que lo sostiene que alcanzará su plenitud en Poemas póstumos, el libro en el que se encuentran varios de los poemas más conocidos de Jaime Gil de Biedma y donde su calidad artística llega a su máxima expresión. Se recuerda a los amigos fallecidos (Gabriel Ferrater, Gustavo Durán) lo mismo que se escriben versos sobre la propia muerte o se vuelca en un papel toda la frustración hacia uno mismo (Contra Jaime Gil de Biedma). Se habla de lo terrible de envejecer (“De la vida me acuerdo, pero dónde está”) y se llega, por fin, al silencio. Hasta aquí, la obra.

El libro de Miguel Dalmau está hecho a base de centenares de entrevistas con amigos, familiares, conocidos, colegas y amantes (algunos con nombre falso) del poeta, desde la infancia a la enfermedad y la muerte. Por el libro pasan figuras anónimas y personajes conocidos, como Alberto Oliart, Juan Marsé (que criticó el excesivo énfasis que Dalmau pone en la vida sexual del poeta, aunque sin llegar ni de lejos a la extrema crudeza con la que habló de la película El cónsul de Sodoma), Carlos Barral, Ana Maria Moix, Luis García Montero y un larguísimo etcétera. El libro se inspira en un tríptico de Bacon para hablar, por separado, de las tres vidas de Gil de Biedma (la de la familia y la empresa, la de la poesía y lo que podríamos llamar el lado oscuro), y es justo reconocer que el trabajo de documentación es admirable. Bien es  verdad que hay algún error puntual (se dice que el Boliche estaba en Paseo de Gracia, por ejemplo), pero el libro es imprescindible para conocer al biografiado y sortea bien, en general, el peligro de contar tres veces las mismas cosas que un enfoque así llevaba implícito.

Para concluir, reproduzco unos versos que, en palabras del propio Jaime Gil de Biedma, componen “el mejor poema que he escrito en mi vida”:

NO VOLVERÉ A SER JOVEN

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

EL BUSCAVIDAS

THE HUSTLER. 1961. 130´. B/N.

Dirección : Robert Rossen; Guión: Sidney Carroll y Robert Rossen, basado en la novela de Walter Tevis; Director de fotografía : Eugene Shuftan;  Montaje : Dede Allen; Diseño de producción: Harry Horner; Música: Kenyon Hopkins. Producción: Robert Rossen, para 20th Century Fox (USA).

Intérpretes: Paul Newman (Fast Eddie Felson); Piper Laurie (Sarah Packard);  Jackie Gleason (Minnesota Fats); George C. Scott  (Bert Gordon); Myron McCormick (Charlie Burns); Murray Hamilton (Findley); Michael Constantine, Stefan Gierasch, Jake LaMotta, Vincent Gardenia.

Sinopsis: Eddie Felson es un joven y arrogante jugador de billar. Decidido a ser proclamado el mejor, busca al Gordo de Minnesota, un legendario campeón, para enfrentarse a él. Su vida transcurre entre bares y mesas de billar. El amor de una solitaria y alcohólica mujer podría ayudarlo a abandonar esa clase de vida, pero Eddie no descansará hasta vencer al campeón.

Hay películas excelentes, buenas, malas y regulares. También hay películas redondas, perfectas, en las que todo encaja. El buscavidas es una de ellas. El film significó el triunfal retorno a Hollywood del director Robert Rossen, represaliado por el Comité de Actividades Antiamericanas del senador McCarthy, y fue asimismo el lanzamiento de Paul Newman como estrella cinematográfica a escala mundial. Más allá de todo eso, The Hustler es un film que atrapa desde la primera escena y que constituye una de las mejores reflexiones sobre la filosofía americana del éxito que se hayan visto en una pantalla. Eddie es un jugador de billar talentoso y apasionado. Fuera de su hábitat, es un perdedor nihilista y autodestructivo que, por ello, fracasará en su primer intento de destronar al Gordo de Minnesota de su oficioso título de campeón. Tras la cura de humildad, Eddie vivirá una odisea tras la cual tendrá lo necesario para conseguir el éxito, aunque para ello haya tenido que dejar lo mejor de sí mismo por el camino. ¿Ganar el mundo o perder el alma? La vieja pregunta tiene en este film una de las mejores respuestas que jamás se le hayan dado. Y es, además, una respuesta cinematográficamente magnífica, con una fotografía que captura a la perfección el ambiente de humo y oscuridad de las salas de billar, una música excelente que muchas veces deja paso a la otra música de la película, la del golpeo del taco contra las bolas de billar y el correr de éstas sobre el tapete, unos actores en estado de gracia entre los que resulta difícil destacar el carisma de Newman, la fragilidad de Piper Laurie, la dureza absoluta de George C. Scott o las expresivas miradas y la presencia escénica de Jackie Gleason, un guión de hierro plagado de  diálogos potentes pero nada recargados ni prescindibles y un director capaz, como los mejores, de convertir un material ajeno en una obra maestra totalmente personal y llena de estilo. En resumen, una película para disfrutar (a ser posible, con una copa y un paquete de cigarrillos al alcance de la mano) y que, medio siglo después de su estreno, no ha perdido ni un ápice de su valor.

CERVEZA

Frase sobre uno de mis hobbies favoritos, escrita por todo un experto en la materia, Charles Bukowski, en su poema Cómo ser un gran escritor:

“LA CERVEZA ES UNA PROLONGACIÓN DE LA SANGRE”.

EUROBASKET 2011: EL DÍA DESPUÉS

Finalizó el Eurobasket de Lituania con el triunfo de la mejor selección del continente: España. En general, ha sido un torneo en el que el nivel baloncestístico no ha sido especialmente destacable, pero en el que los resultados han hecho justicia al juego desarrollado por cada uno de los participantes: liderada por Juan Carlos Navarro, merecedísimo MVP del campeonato, España ha hecho valer su gran talento y su extenso arsenal de recursos ofensivos para vencer sin agobios en los encuentros decisivos, practicando además un baloncesto rápido, alegre y ofensivo que incluso contagió a Macedonia y Francia, sus dos últimos rivales por el título. Junto a Navarro, es justo destacar la superioridad en el juego interior de los hermanos Gasol, la dirección de José Manuel Calderón, el poder intimidatorio de Serge Ibaka y lo bien que ha aprovechado Víctor Sada los escasos minutos de que ha dispuesto. De cara a futuros campeonatos, sería de desear que los más jóvenes (Rudy -impresentable falta antideportiva la suya en la final, por cierto-, Llull y en especial un muy decepcionante Ricky Rubio) dieran el paso adelante que ya ha dado Marc Gasol, único de los estandartes de la selección española que no pertenece a la generación, ya treintañera, de los juniors de oro, y asumieran mayores niveles de protagonismo de cara al ya cercano relevo generacional, aunque de cara al próximo gran reto, las Olimpiadas de Londres, España tiene poco que cambiar para ser segura medallista, sin descartar el oro.

Francia, liderada por Tony Parker, ha hecho un buen campeonato. La clase de Batum y el poderío de Noah han hecho crecer a una selección que ha superado mis expectativas previas al torneo. En la final optaron por jugarle a España de tú a tú, cosa que los aficionados al baloncesto han de agradecer, y dieron siempre la cara, quizá para hacer olvidar el penoso espectáculo de su autoderrota de la semana anterior, frente al mismo rival, para asegurarse mejores cruces. Con todo, exitosa participación gala y merecido billete para los Juegos Olímpicos en los que, jugando al mismo nivel, tienen buenas opciones de medalla.

Rusia, con un gran Kirilenko, mucha polivalencia y poderío físico y un gran entrenador como David Blatt, ha sabido aprovechar sus cualidades, así como el hecho de haber jugado las dos primeras fases en la parte más sencilla del cuadro, y se ha llevado con todo merecimiento la medalla de bronce. Se trata de un equipo joven, sólido y difícil de batir, que sin embargo carece de la mentalidad ganadora imprescindible para ser una primera potencia baloncestística a nivel mundial. No obstante, su actuación ha sido casi impecable.

El cuarto semifinalista fue el invitado sorpresa, Macedonia, una selección que, con muy poco (el maravilloso McCalebb, buena defensa, ninguna presión y una confianza a prueba de bomba en su juego) ha conseguido ser el equipo revelación y dejar fuera de las medallas a la anfitriona Lituania, selección que encabeza una lista de decepciones en la que han de figurar necesariamente Serbia, Croacia y Turquía. A la anfitriona, falta de carácter y liderazgo, le pudo la presión y cayó estrepitosamente en cuartos de final, ronda en la que suele verse de qué pasta está hecho un equipo. Serbia ha ido de más a menos, y su ausencia en las Olimpiadas de Londres tendría que provocar un replanteamiento, tanto en la composición del equipo como en la figura del seleccionador. Croacia, sin más, ha hecho el ridículo y Turquía… bueno, ha actuado como suele hacerlo cuando un campeonato se disputa fuera de su país.

En conclusión, triunfo merecido de España, nivel baloncestístico mejorable, mucho de que hablar para los buenos aficionados y ganas de que empiece la temporada oficial, con la sombra del lockout en la NBA planeando sobre todo lo demás.

EL SÁBADO, BLUES

A veces ocurren en Barcelona sucesos paranormales. Por ejemplo, que se celebre un evento musical gratuito y de calidad. Pues eso es el Festival de Blues de Barcelona, que ya va por la novena edición. Anoche fui a la sede del distrito de Nou Barris a empaparme de esa música de la que surge casi todo lo que ha venido después, musicalmente hablando.

El lugar es fantástico para disfrutar de la música al aire libre, y eso hice. Ocupé un asiento y asistí, en primer lugar, a la actuación de The Suitcase Brothers, la banda de blues catalana más exportable a decir de los entendidos. Nos ofrecieron un concierto casi enteramente acústico y lleno del blues más rural y descarnado. Sólo al final, con la aparición de invitados como Fred Kaplan o Nathan James, los hermanos Puertas ofrecieron un par de temas enchufados, poniendo punto final a un interesante espectáculo, muy indicado para quienes quieran entrar en el blues más tradicional.

El segundo concierto de la noche fue sencillamente espectacular. Desde el primer tema pude comprobar que la banda formada por el cantante de Tennessee Earl Thomas, el teclista escocés Paddy Milner y un puñado de excelentes músicos agrupados bajo el nombre de The Big Sounds tiene todo lo que hay que tener para brillar sobre un escenario: buenas canciones, un sonido realmente potente, presencia escénica y mucho, mucho talento. Cierto es que hubo mucho más soul y rhythm & blues que auténtico blues del Delta, pero  dio absolutamente igual. Los puristas pudieron disfrutar con una extensa y excelente versión de un clásico de Muddy Waters (interpretada justo después de una muy aplaudida incursión en el gospel a voz y piano), y buena parte del público acabó abandonando sus asientos y llenando las zonas más cercanas a un escenario del que a ratos salía pura magia. Si a esto añadimos que el sonido fue muy bueno, y que el final del concierto no tuvo lugar sobre el escenario, sino en la zona de merchandising, con el grupo finalizando su último tema rodeado de un público entregado, resulta fácil comprender que salí de Nou Barris convencido de que la idea de pasar la noche del sábado en el Festival de Blues fue todo un acierto.

Una de las canciones más aplaudidas de cuantas interpretaron anoche Thomas y compañía, aquí en una actuación de 2009.

Versión en estudio de otro de los temas que sonaron anoche:

 

7

Séptima píldora al canto. Antes de su lectura, introdúzcanse en una bolsa de basura una pandereta, un disco de villancicos y algo de turrón, láncese la bolsa por la ventana y el relato ya estará listo para ser leído.

Y MAÑANA ES NAVIDAD

Lunes 24 de diciembre.- En alguna parte he oído que hoy es Nochebuena, la noche del piadoso hipócrita feliz. Me he despertado deseando que Ana no estuviese ahí, acurrucada bajo las sábanas, pero estaba. Conozco a muchos hombres amargados porque sus mujeres se hartaron de ellos, y yo estoy amargado porque ya no sé qué hacer para que la mía me abandone de una vez y para siempre (tal vez por eso no se larga, la muy puta, porque sabe que me haría un favor). Me visto y me dirijo al maravilloso sí, bwana de cada día. No me he lavado, adoro que en la oficina digan que huelo mal mientras hablan del partido de ayer y piensan en ese polvazo que nunca echarán. Pues sí, huelo mal, como el café de la máquina y como lo que queda de sus cerebros- entregados- a- la- empresa- de- ocho- a- cinco.

Al salir a la calle veo el paisaje habitual: manadas de vendedores disputándose los restos del cadáver de una anciana, adolescentes fusilados junto al muro de la iglesia, madres de familia mendigando alegría para sus coños en la puerta del supermercado y portavoces de los desposeídos buscando desposeídos a quienes poseer. Sin novedad en el frente. Sí, por qué no, podría ser Nochebuena.

De vuelta al trabajo, he notado que algunos de mis compañeros se esforzaban en parecer contentos. Que yo sepa, a ninguno de ellos le tocó la lotería, ni una mujer que no sea su mujer, ni les faltan menos lustros para acabar de pagar la hipoteca del piso, pero es Nochebuena, ya saben, cava, turrón, suegra, mazapanes, besugo al horno, pequeños besugos asustando al perro… ¿quién osaría no estar alegre ante semejante perspectiva?

Las cinco. Por fin. Entro en un restaurante que promete buena comida, pero me encuentro con un letrero que dice: “Completo los días 24, 25, 26 y 31 de diciembre”. Lo intento en otros tres, cada uno un poco peor que el anterior, con el mismo resultado. Por lo que veo, los infelices lo tenemos casi tan difícil como los perros a la hora de cenar en un restaurante. Da igual, creo que en casa queda alguna lata de callos y si no, bajaré a comprar una.

LO QUE PUDO HABER SIDO

Más que por lo que hizo, lamento la muerte de Amy Winehouse por las cosas que podría haber hecho y ya no será posible escuchar. Su dueto con uno de los mejores crooners de la historia, Tony Bennett, deja claro que nos hemos perdido una voz capaz de dejarnos un ramillete de grandes canciones en un futuro ya imposible.

DRY MARTINI

Anoche estuve por primera vez en una de las coctelerías con más pedigrí de Barcelona, el Dry Martini. Es sabido que, fuera de las zonas eternamente canallas (en su mayoría colonizadas por los guiris) el ambiente nocturno de la ciudad en días laborables está entre lo desierto y lo deprimente, y el día de ayer no fue una excepción. El trayecto desde mi casa hasta el número 162 de la calle Aribau es de unos veinte minutos caminando, y durante el mismo apenas me crucé con una docena de personas. Una de ellas muy simpática, eso sí: se trataba de un anciano que captaba clientes para un club de alterne situado a unas dos calles de mi lugar de destino. Joder con la crisis.

El Dry Martini tiene clase, en los dos sentidos del término. Es uno de esos lugares en los que, si te caes al suelo, al levantarte estarás más limpio que antes del costalazo. Confieso que, en general, eso me hace sentir incómodo, me pasa siempre con el exceso de finura, también con las personas. Abrevio: los taburetes son cómodos, el gin fizz muy bueno ( a doce euritos; la clase, ya se sabe) y la clientela, al menos la de ayer, abominable. Viejos que juegan a ser jóvenes, que dicen estupideces y que no pueden disimular la pinta de haber trabajado en la vida lo mismo que yo trabajé ayer. En fin, búsquenme en el Boadas.

ESTUPIDEZ

Frase justamente célebre dicha por el prestigioso científico Albert Einstein:

“HAY DOS COSAS INFINITAS: EL UNIVERSO Y LA ESTUPIDEZ HUMANA. RESPECTO AL UNIVERSO, TENGO DUDAS”.

 

LO QUE SE HIZO, Y CÓMO SE HIZO

En pocas ocasiones he visto y oído una explicación tan clara sobre cómo funciona eso del proceso creativo como en este vídeo que adjunto.