YO SOY ALFRED HITCHCOCK

I AM ALFRED HITCHCOCK. 2021. 84´. Color-B/N.

Dirección: Joel Ashton McCarthy; Guión: Joel Ashton McCarthy, Eric Maran y Jesse James Miller; Dirección de fotografía: Shaun Lawless; Montaje: Eric MacDonald; Música: Taylor Swindells y David Menzel; Producción: Eric MacDonald, Derik Murray y John Barbisan, para Network Entertainment (Canadá).

Intérpretes: Alfred Hitchcock, Edgar Wright, Eli Roth, Mary Stone, Tere Carrubba, John Landis, Ben Mankiewicz, Alexandre O. Philippe, Mark Ramsey, Christina Lane, Adam Roche, Thom Mount, Alma Reville, Patricia Hitchcock, Joan Harrison, François Truffaut, Grace Kelly, Ingrid Bergman, James Stewart, Farley Granger, Kim Novak, Tippi Hedren, Janet Leigh, Evan Hunter, Steven Spielberg, William Friedkin, Martin Scorsese, Arthur Laurents.

Sinopsis: Repaso a la obra cinematográfica de Alfred Hitchcock, desde sus comienzos en el cine mudo hasta su retirada a finales de los años 70.

Con una carrera centrada hasta el momento en los cortometrajes y la televisión, el joven Joel Ashton McCarthy hizo su segunda incursión en el documental abordando la figura de uno de los directores más importantes de la historia del cine, el londinense Alfred Hitchcock. El resultado es un film did´áctico y entretenido, creo que muy útil para que las nuevas generaciones de cinéfilos sepan a quién deben no poco de lo que les apasiona de este arte.

Con todo lo que se ha escrito (y filmado) respecto al Mago del Suspense, resulta difícil para cualquiera aportar demasiadas novedades al respecto. Quiz´a por ello, Joel Ashton McCarthy y sus más cercanos colaboradores no entran en ese juego, sino que se limitan a ofrecer un plano general de la obra de un cineasta imprescindible. Condensar el legado cinematográfico de Hitchcock en menos de hora y media es igualmente una tarea hercúlea, por lo que el director toma como eje central Psicosis, que no siendo la mejor película de Hitchcock sí es la más recordada, tal vez porque con ella el concepto del cine como espectáculo de masas dio un giro decisivo, para dar forma a un retrato por fuerza superficial, pero bastante completo en su conjunto. McCarthy recurre al testimonio de algunos cineastas contemporáneos para que expongan los rasgos más influyentes del modo de filmar de Sir Alfred, aunque opta por incluir sólo sus voces: las imágenes que se ofrecen son todas ellas de Hitchcock y de sus pel´ículas, con lo que el relato gana en agilidad y permite que esos testimonios actúen como complemento, nunca como tema. De igual forma, se recurre también al material de archivo para aportar a la narración declaraciones antiguas de actores que trabajaron para Hitchcock, así como de luminarias del cine que subrayan la relevancia de su obra; como no podía ser de otra forma, dado el título del film, se otorga mucha importancia a las propias palabras del biografiado, con especial énfasis en las pronunciadas durante su decisiva entrevista con François Truffaut, el hombre gracias al que Hitchcock pasó a ser considerado un autor. Después del prólogo centrado en Psicosis, el relato avanza de manera cronológica, ilustrando los comienzos, más bien difíciles, de Hitchcock en el cine mudo. A partir de ahí, no falta casi nada de lo esencial: su traslado a los Estados Unidos, donde multiplicó sus éxitos anteriores y demostró la personalidad suficiente para que su obra mantuviera un sello propio y distintivo, apuntes sobre la concepción y el desarrollo de algunas de sus obras maestras, la popularidad masiva que le aportó la televisión y, también, las muchas veces turbias relaciones de Hitchcock con sus actrices, cuyo episodio más polémico tuvo como protagonista a Tippi Hedren y, como marco, el set de rodaje de Marnie, la ladrona. Con todo, McCarthy no cede ante la facción necrófaga del Santo Oficio cibernético, siempre tan dispuesto a remover mierda pasada de aquellas celebridades que ya no pueden defenderse: muestra, pero no juzga, que en estos tiempos ya es algo digno de aplauso. Además, se resalta, como así hizo el propio Sir Alfred hasta el último momento, la importancia decisiva que tuvieron dos mujeres en la vida y la obra de ese gran maestro del cine: la que fue su mano derecha durante buena parte de su carrera, Joan Harrison, y obviamente su esposa, Alma Reville, cuyo criterio era uno de los pocos, por no decir el único, que Hitchcock ponía como mínimo al nivel del suyo propio.

Es cierto que el material sobre el que trabaja es apasionante para cualquiera que sienta un mínimo interés en el cine, pero hay que concederle a Joel Ashton McCarthy la habilidad para hacer que su película se vea en un suspiro y se disfrute, sin que la acumulación de imágenes y palabras llegue a atosigar al espectador. Ahí hay un notable trabajo de montaje que es necesario loar. Quien quiera más información, o incidir en algunos detalles concretos de una trayectoria tan extensa y meritoria, dispone de mucho material fílmico y bibliográfico al que acudir, pero McCarthy ofrece una obra muy adecuada para no iniciados, y a la vez atrayente para quienes tienen un conocimiento más profundo de la obra de un cineasta que rodó más de medio centenar de largometrajes, cuyo nivel medio de calidad impresiona aún hoy. Sólo nombrando las películas en las que se centra Joel Ashton McCarthy (El enemigo de las rubias, 39 escalones, Rebeca, La sombra de una duda, La soga, La ventana indiscreta, Vértigo, Psicosis, Los pájaros y Frenesí) ya sería más que suficiente para hablar de un cineasta prodigioso, pero Hitchcock es mucho más. Como defecto de esta panorámica sobre su obra, echo en falta alusiones al hecho de que el londinense fuese uno de los primeros en filmar la barbarie nazi de los campos de concentración, pero justo es decir que se alude al espíritu antifascista que planea sobre toda su obra, y que se concretó en diversos films de carácter antinazi rodados durante la Segunda Guerra Mundial. Por todo lo expuesto, Yo soy Alfred Hitchcock es un trabajo notable que merece la pena ver y recomendar. .

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