TRES TEJANOS

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STREETS OF LAREDO. 1949. 90´. Color.

Dirección: Leslie Fenton; Guión: Charles Marquis Warren, basado en una historia de Louis Stevens y Elizabeth Hill; Director de fotografía: Ray Rennahan;  Montaje: Archie Marshek; Música: Victor Young; Dirección artística: Henry Bumstead y Hans Dreier; Producción: Robert Fellows, para Paramount Pictures (EE.UU).

Intérpretes: William Holden (Jim Dawkins); Macdonald Carey (Lorn Reming); Mona Freeman (Rannie); William Bendix (Wahoo); Stanley Ridges (Mayor Bailey); Alfonso Bedoya (Calico); Ray Teal, Clem Bevans, James Bell, Dick Foote, Joe Domínguez, Grandon Rhodes, Hank Worden.

Sinopsis: Jim, Lorn y Wahoo forman una banda de ladrones especializada en el asalto a diligencias. Con el tiempo, dos de ellos se alistan en los rangers de Texas.

Una de las películas más reivindicadas dentro de la escasa, y muy poco conocida, filmografía como director de Leslie Fenton es su penúltima obra, Tres tejanos, un western de serie B que posee diversos valores que lo distinguen de las docenas de productos similares que facturó Hollywood en la época dorada del género, aunque no puede decirse que su repercusión fuera excesiva en el momento de su estreno.

El gran punto fuerte de la película es su guión, en cuya escritura dicen que colaboró King Vidor y viene firmado por un especialista en el género como Charles Marquis Warren, pues el libreto se salta no pocos tópicos del western: aunque hay una reivindicación expresa de los rangers de Texas, al final el film casi termina por ser una apología de la figura del bandido. Sus tres protagonistas masculinos, entre los cuales reina una gran amistad, se dedican a asaltar diligencias, aunque no dudan en ponerse del lado de los granjeros frente a los abusos de los ricos terratenientes. Luego de uno de sus robos, el trío acaba separándose, forzado por las circunstancias: dos de sus miembros resuelven suspender sus actividades delictivas, si bien acaban prácticamente cayendo en la indigencia y, después de diversos avatares, alistándose en los rangers de Texas. Lorn, el otro miembro del trío, continúa asaltando diligencias por su cuenta, y le va muy bien. El reencuentro entre los tres, situados ya a ambos lados de la ley, es el factor desencadenante del conflicto.

Hasta aquí, lo más o menos usual. Pasemos a lo otro: la profunda nobleza que rige la relación entre los tres bandoleros, que sólo desaparece cuando se la salta, no el que se siente muy a gusto en la delincuencia, sino uno de los que se han pasado al lado de los buenos; la importancia del principal personaje femenino, muy alejado del rol habitual de mujer-florero (y cuyo objeto de amor es el bandido irredento); el hecho de que en Jim Dawkins prime la lealtad hacia Lorn frente a su compromiso con los rangers, o que, desencadenado el enfrentamiento entre ambos, la placa no convierta a Dawkins en un hombre más valeroso, o en un tirador más rápido, como queda claro en otra de las peculiaridades del film: su duelo final. Además, sobre Lorn Reming brilla un aura de distinguido perdedor que le aleja del asesino sin escrúpulos que los westerns nos suelen mostrar.

Leslie Fenton se dedica a ilustrar esta historia con vigor, buen aprovechamiento de los exteriores (particularmente apreciable en el primer asalto a una diligencia perpetrado por el trío protagonista) y un indudable sentido del ritmo. Tres tejanos destaca por su concisión narrativa y por la brillante banda sonora, firmada por todo un clásico como Victor Young.

Si bien el protagonista del film (y el principal motivo de su recuperación) es William Holden, magnífico en un papel que dista mucho de ser el de un héroe sin mácula, quien se lleva de verdad los laureles es un impecable Macdonald Carey, que encontró en Lorn Reming a uno de los grandes personajes de su carrera, y lo bordó. El siempre correcto William Bendix completa el trío de bandidos, y he de decir que a Mona Freeman le viene grande un papel más rico que los que el western tradicional suele ofrecer a las féminas. Destacar al siempre sonriente, y muy malvado, Alfonso Bedoya, y a un rostro omnipresente en el cine del Oeste, Ray Teal.

Tres tejanos es mejor película de lo que aparenta, pues tiene verdadero poso, y creo que no desmerece en absoluto a otros westerns de la época mucho más recordados. Diría que Robert Aldrich bebió de ella para su magnífica El último atardecer, y eso significa algo.

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