EN ESTE RINCÓN DEL MUNDO

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KONO SEKAI NO KATASUMI NI. 2016. 129´. Color.

Dirección: Sunao Katabuchi; Guión: Sunao Katabuchi y Chie Uratani, basado en el manga de Fumiyo Kono; Dirección de fotografía: Yuya Kumazawa; Montaje: Kashiko Kimura; Música: Kotringo; Dirección artística: Kosuke Hayashi; Producción: Taro Maki y Masao Maruyama, para Mappa-Genco (Japón).

Intérpretes: Rena Nounen (Voz de Suzu); Yoshimasa Hosoya (Voz de Shusaku); Daisuke Hara (Voz de Tetsu); Natsuki Hinaba (Voz de Harumi); Minori Omi (Voz de Keiko); Megumi Han (Voz de Sumi); Hisako Kyouda (Voz de la abuela); Shigeru Ushiyama (Voz de Entaro); Mayumi Shintani (Voz de la madre de Shusaku); Nanase Iwai (Voz de Lin); Masumi Tsuda (Voz de la madre de Suzu); Tsuyoshi Koyama (Voz del padre de Suzu).

Sinopsis: Suzu es una joven de 18 años, soñadora y amante del dibujo, que vive en Hiroshima. Siguiendo las costumbres locales, es casada con un joven funcionario del Ejército japonés cuya familia vive en la misma provincia. Con el estallido de guerra, profundos cambios sucederán en la vida de la joven.

En este rincón del mundo, tercer largometraje dirigido por Sunao Katabuchi, fue todo un éxito en Japón y, aunque no ha logrado la repercusión internacional de las películas de animación niponas que llevan el sello de calidad del Studio Ghibli, sí ha cosechado diversos premios y un importante reconocimiento crítico. Se trata de la adaptación a la gran pantalla del conocido cómic de Fumiyo Kono, que recrea la vida de una joven centrándose en los sucesos ocurridos en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.

Katabuchi insiste en darle todo el protagonismo a un personaje femenino, al igual que hizo en sus dos películas anteriores, y el resultado es francamente satisfactorio, pues vemos cómo paulatinamente el paso a la edad adulta y la aparición de la tragedia dejan su huella en el temperamento de una joven que, al llegar a la mayoría de edad, es mentalmente una niña, a la que su familia casa cuando a ella, inocente y optimista, sólo le interesan la naturaleza, el dibujo y, en menor medida, Tetsu, un joven de la zona. Con su bondad natural, su carácter humilde y su espíritu trabajador, Suzu logra superar el trauma de verse convertida en la esposa de un desconocido en un lugar extraño para ella, pero la guerra, que en sus primeros años fue casi un paseo triunfal para las tropas imperiales japonesas, da un vuelco y, poco a poco, llegan el racionamiento, las restricciones de todo tipo y los aviones enemigos, uno de los cuales arrojó en Hiroshima la bomba más destructiva creada hasta entonces por la inteligencia humana. Suzu y sus dos familias, la biológica y la política, sufrirán los desastres de la guerra en carne propia.

El principal defecto que se achaca a En este rincón del mundo es el de tener un metraje dilatado en exceso. Discrepo a medias: más que la duración del film, el problema es que le cuesta arrancar: la primera parte de la película es un cuadro costumbrista de notable belleza (esas pequeñas olas que son como conejos blancos saltando sobre el agua), pero algo reiterativo y en el que algunos de los diversos saltos en el tiempo se me antojan prescindibles. La razón de ser de esta obra es que el espectador conozca lo que es vivir en directo el horror de la guerra, y tal vez se dé algún rodeo de más para llegar hasta allí. No obstante, cuando la película emerge, lo hace con un notable poderío que no desaparece hasta el último fotograma. El tono se va haciendo progresivamente más negro, como no podía ser de otra forma, vistos los hechos narrados, hasta acabar situando a la película casi a la altura de la mejor obra que el cine japonés ha producido sobre el lanzamiento de las bombas atómicas, Lluvia negra, de Shoei Imamura. Aquí, sin embargo,, mi entusiasmo ante lo que se muestra en la pantalla disminuye por una cuestión ética: ni el pueblo japonés, ni desde luego sus cineastas, a quienes admiro en muchos aspectos, deben ignorar que su desgracia fue consecuencia de los desmanes provocados por la agresiva (y cruel en extremo) política imperialista de su país en el Sudeste asiático (otra cosa es que Alemania mereciera todavía más que Japón que le cayeran dos bombas atómicas encima). Poco se dice en el film de esto, salvo en la aparición de la joven esclava sexual que ayuda a Suzu a encontrar el camino de regreso desde la ciudad. Las guerras son malas, y pero aún es perderlas.

En los apartados técnicos la calidad de la película es notable, y debería satisfacer a los espectadores más exigentes. Se intenta respetar no sólo el espíritu, sino también las imágenes del cómic original, y la sobria delicadeza de los planos y los movimientos de cámara lo consiguen de sobras. La banda sonora, más allá de las canciones que ilustran el prólogo y el epílogo de la película, tiene la virtud de no enfatizar más de la cuenta las escenas más dramáticas. En cuanto a las voces he de decir que me parecen mejores, más expresivas y dotadas de mayores recursos las de las actrices que doblan a las protagonistas femeninas; el lado masculino me parece, en comparación, más plano y monocorde.

Muy buena película, que vuelve a demostrar que hay vida inteligente más allá de Ghibli. En muchos aspectos, me parece un film más destinado al público adulto que al infantil, y más disfrutable para personas de cierta edad y bagaje cultural. El mensaje es que hay que vivir, a pesar de todo, y que en paz se vive mejor. Como parece que muchos seres en apariencia inteligentes no acaban de comprender estas obviedades, he aquí una razón más para recomendar esta película.

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