SULLY

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SULLY. 2016. 96´. Color.

Dirección: Clint Eastwood; Guión: Todd Kimarnicki, basado en el libro Highest duty, de Chesley Sullenberger y Jeffrey Zaslow; Dirección de fotografía: Tom Stern;  Montaje: Blu Murray; Música: Christian Jacob y la Tierney Sutton Band; Diseño de producción: James J. Murakami; Dirección artística: Kevin Ishioka; Producción: Frank Mrshall, Clint Eastwood, Tim Moore y Allyn Stewart, para Malpaso Productions-The Kennedy Marshall Company-RatPac Dune Entertainment-Orange Corp-Flashlight Films-Village Roadshow Pictures-Warner Bros. (EE.UU).

Intérpretes: Tom Hanks (Chesley Sully Sullenberger); Aaron Ekhardt (Jeff Skiles); Laura Linney (Lorrie Sullenberger); Mike O´Malley (Charles Porter); Jamey Sheridan (Ben Edwards); Anna Gunn (Elizabeth Davis); Holt McCallany (Mike Cleary); Chris Bauer (Larry Rooney); Jane Gabbert (Sheila Dail); Ann Cusack (Donna Dent); Molly Hagan (Doreen Welsh); Jeff Kober, Max Adley, Michael Rapaport, Sam Huntington, Christopher Curry, Ashley Austin Morris, Patch Darragh, Brett Rice.

Sinopsis: En 2009, el veterano piloto Chesley Sully Sullenberger hizo aterrizar un avión con 155 pasajeros a bordo sobre el río Hudson, a causa de una avería en los motores.

En su línea de dedicar su filmografía postrera a distintos héroes norteamericanos, Clint Eastwood retrató en Sully una de las más significativas hazañas aeronáuticas recientes, la que logró un veterano piloto comercial estadounidense haciendo aterrizar un Airbus A320, con los motores averiados a causa de un choque con una bandada de aves, sobre las aguas del río Hudson. Todos los pasajeros y tripulantes de la aeronave fueron rescatados con vida. La visión de Eastwood de esta historia obtuvo críticas diversas, lejos de la práctica unanimidad que suscitan sus obras más recordadas. Por lo que a mí respecta, Sully no es un Eastwood mayor… por poco, y sin duda es su película más distinguida desde Gran Torino.

No hay que obviar las dificultades que entraña hacer esta película: en la parte técnica, por tener que rodar de forma convincente un accidente aéreo; en la narrativa, porque se ha de explicar una historia que sucedió en apenas unos minutos, y cuyo final todo el mundo conoce. Eastwood acredita que, a sus años, filmar tiene pocos secretos para él y cumple con nota en las escenas más espectaculares; en lo narrativo, opta por centrarse en lo primordial: la crónica del accidente y de la investigación posterior sobre el mismo. Como espectador, agradezco que la narración vaya al grano y nos ahorre no sólo casi todos los detalles sobre la vida y milagros de los pasajeros de la aeronave, que sería un truco muy fácil para llenar metraje, sino incluso del propio protagonista, del que sólo sabemos que es un veterano piloto de historial inmaculado y un buen padre de familia. Eastwood regresa a uno de los temas clásicos de su filmografía, el del hombre solo enfrentado al sistema, personificado aquí en una burocracia que trata de ensuciar lo que todo el mundo, en un primer momento, consideró una verdadera heroicidad. En esta época dura e irreflexiva que nos ha tocado vivir, tan dada a fabricar héroes con materiales harto discutibles como a destruirlos por cualquier medio legal o ilegal, mantener la integridad es algo muy difícil, y a la vez muy poco valorado. En especial, cuando alguien acomete una acción contraria a los rígidos esquemas de la burocracia (y qué puede ser más opuesto a la cuadrícula que conseguir aterrizar un avión sobre un río sin que nadie fallezca después de tan arriesgada maniobra), y cuando además esa acción resulta exitosa, el heterodoxo debe afrontar que todos sus actos se cuestionen. Chesley Sullenberger soportó una investigación insidiosa, protagonizada por gentes sin alma que, como es natural, sólo obedecen a los fríos números sin tener en cuenta el factor humano, y que son incapaces de encontrar en los demás los valores de los que ellos carecen. Eastwood explica todo esto con maestría, jugando hábilmente con los saltos en el tiempo narrativo y reflejando las dudas que en el propio héroe despiertan los en apariencia indiscutibles resultados de los análisis y simulaciones. Lo que debe ser espectacular (el accidente, el rescate de los pasajeros en las frías aguas del Hudson) lo es; lo que debe ser épico (la vista final de la investigación), también; flojea, por ñoña, la subtrama familiar del piloto, lo que no deja de ser un lastre, pero el guión está bien construido y destaca por su capacidad de síntesis, la fotografía, el montaje y los efectos especiales son de mucho nivel, y a Clint Eastwood no se le ha olvidado hacer buenas películas.

No es que Tom Hanks sea uno de mis actores preferidos, pero en su carrera ha hecho los suficientes méritos como para conseguir que un servidor se haya comido sus prejuicios más de cuatro veces. Y con esta película, Hanks lo ha vuelto a lograr. Su interpretación, sobria y poderosa, es uno de los grandes puntos de apoyo de Sully. El resto del reparto cumple, pero no está a su altura: Aaron Ekhardt ejerce, con su habitual corrección carente de brillantez, de fiel escudero del protagonista, Laura Linney me vuelve a demostrar que es una versión gris de Julianne Moore, y el plantel de secundarios aprueba sin llegar al notable. Se diría que el hecho, en principio perjudicial para los intérpretes, de que Sully sea fundamentalmente una película para un solo actor, casi acaba por beneficiar al resto, pues ni siquiera los que interpretan a los malvados burócratas de la función consiguen destacar en exceso.

De Clint Eastwood pueden decirse muchas cosas, pero es un tipo coherente con sus principios, y un gran cineasta. La prueba de ello es que en Sully hace la mejor película posible, sin ser una de las mejores de entre las que ha dirigido.

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