EL DESAFÍO: FROST CONTRA NIXON

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FROST/NIXON. 2008. 123´. Color.

Dirección: Ron Howard; Guión: Peter Morgan, basado en su obra de teatro; Director de fotografía: Salvatore Totino;  Montaje: Dan Hanley, Mike Hill y Robert Komatsu; Música: Hans Zimmer; Diseño de producción: Michael Corenblith; Dirección artística: Greg Van Horn y Brian O´Hara; Vestuario: Daniel Orlandi; Producción: Brian Grazer, Tim Bevan, Eric Fellner y Ron Howard, para Imagine Entertainment-Working Title Films- Universal Pictures (EE.UU.).

Intérpretes: Frank Langella (Richard Nixon); Michael Sheen (David Frost); Sam Rockwell (James Reston, Jr.); Kevin Bacon (Jack Brennan); Matthew Macfadyen (John Birt); Oliver Platt (Bob Zelnick); Rebecca Hall (Caroline Cushing); Toby Jones (Swifty Lazar); Andy Milder (Frank Gannon); Kate Jennings Grant (Diane Sawyer); Patty McCormack (Pat Nixon); Gabriel Jarret, Jim Meskimen, Geoffrey Blake, Clint Howard, Eloy Casados.

Sinopsis: Un periodista británico, conocido por conducir programas de entretenimiento, se propone hacer una de las entrevistas políticas más relevantes de su tiempo: obtener el testimonio del único presidente de los Estados Unidos que fue obligado a dimitir de su cargo, Richard Nixon.

Buena parte de las películas dirigidas por Ron Howard me parecen material de desecho. Cineasta comercial en el peor, y más acomodaticio, sentido de la palabra, Howard se ha especializado en bodrios que funcionan muy bien en taquilla, lo que le convierte en un individuo con mucho poder dentro de la industria y le faculta para, en ocasiones, salirse de su línea característica y encargarse de proyectos de prestigio. Uno de ellos fue El desafío: Frost contra Nixon, sin duda su obra maestra como director.

Es indudable que no poco mérito del éxito del conjunto le corresponde a Peter Morgan, guionista y autor de la obra de teatro en la que se basa la película. Respecto a las inevitables licencias respecto a los acontecimientos históricos narrados, lo verdaderamente importante es si éstas funcionan a nivel artístico, y he de decir que lo hacen de manera soberbia. El material literario de El desafío: Frost contra Nixon es oro puro, ya sea en lo que se refiere a la construcción de los personajes, a su evolución dramática, a la labor de documentación y a los diálogos. La historia del encuentro entre el playboy estrella de la televisión y del presidente indigno podría haberse convertido en un pesado pseudo-documental político que sólo interesara a los conocedores de cómo se manejan los hilos del poder, pero Morgan, con una inteligencia e ingenio envidiables, lo enfoca como una lucha en varios frentes (en lo fundamental, la de Frost por llevar adelante su empresa y la de Nixon contra sí mismo) resuelta en un duelo ante las cámaras que reduce el pestañeo del espectador a lo imprescindible. Hay otro punto álgido: la conversación telefónica de viernes noche, en la que un Nixon envuelto en la sinceridad que da el alcohol hace un verdadero tratado de lo que significa llegar al ático del ascensor social después de haberlo cogido muchas plantas más abajo. Tricky Dicky nunca fue juzgado por los delitos que cometió durante su etapa presidencial; Frost le brindó la posibilidad de exponer sus grandezas (desde un punto de vista artístico, los malvados son mucho más interesantes, y Nixon fue un magnífico malvado, lleno de ricos recovecos, como había dejado claro Oliver Stone a mediados de los 90) y sus miserias ante el pueblo al que dirigió y engañó.

Y ahora toca hablar bien de Ron Howard, porque su labor de dirección es impecable: utiliza con lucidez la acumulación de planos y los movimientos de cámara para alejar el fantasma del teatro filmado y dotar a su película de un ritmo frenético: un film que narra el génesis y el desarrollo de una entrevista política televisada puede, en contra de lo que cabría esperar, resultar hipnótico para el espectador, y ahí los parabienes han de ser para Howard y para los técnicos encargados del montaje. Es obvio que un guión excelente ayuda lo suyo, pero la calidad de la puesta en escena es en última instancia responsabilidad del director, y dudo que otros cineastas, a quienes tengo en mucha mejor consideración que a Ron Howard, hubieran mejorado su trabajo. El clímax de la película, que se centra en la parte de la entrevista que habla del caso Watergate, es espléndido en lo literario, pero la parte técnica no le va a la zaga.

Anthony Hopkins había puesto el listón muy alto, pero los estadounidenses pueden presumir de tener a un Nixon de su talla. Impresionante Frank Langella: por presencia, por carisma, por voz, por matices, por su proximidad al personaje sin caer en lo fácil y por mostrar en toda su dimensión a un ser humano lleno de claroscuros. Michael Sheen no llega a tanto, pero da credibilidad a la evolución de su personaje a lo largo de la película y aguanta bien el tipo frente a Langella, lo cual no es nada fácil. Del elenco de secundarios, mucho bueno que decir: Kevin Bacon es un servidor duro y eficaz, pero no idiota, Sam Rockwell es la perfecta imagen del intelectual izquierdista yanqui, que odia a Nixon de forma visceral desde la distancia, pero al que la proximidad le proporciona nuevos ángulos que, paradójicamente, le serán mucho más eficaces para obtener su objetivo primero, y Oliver Platt proporciona algunos de los puntos de ironía más acertados. Toby Jones también merece buena nota, y quizá la nota discordante sea Rebecca Hall, una actriz que no me dice gran cosa y cuyo personaje aporta poco al conjunto.

El desafío: Frost contra Nixon es una excelente película, que merece estar en todas las videotecas y que debería ser vista con mucha atención por quienes creen que en la política, como en la vida, todo es blanco o negro, y también por quienes, por miopía o por interés, legitiman a los Nixon de hoy y les dan la posibilidad de empeorar nuestras vidas. También se trata de una obra que habrá hecho estallar el cerebro a más de un cinéfilo talibán, cortocircuitado después de ver una película magistral dirigida por Ron Howard. Véanla, quienes no lo hayan hecho: todo son ventajas.

 

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