BICHOS: UNA AVENTURA EN MINIATURA

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A BUG´S LIFE. 1998. 89´. Color.

Dirección: John Lasseter y Andrew Stanton; Guión: Andrew Stanton, Bob Shaw y Don McEnery,  basado en un argumento de John Lasseter, Andrew Stanton y Joe Ranft; Dirección de fotografía: Sharon Calahan; Montaje: Lee Unkrich; Música: Randy Newman; Diseño de producción: William Cone; Dirección artística: Bob Pauley y Tia W. Kratter; Producción: Kevin Reher y Darla K. Anderson, para Pixar Studios-Walt Disney Pictures (EE.UU.).

Intérpretes: Dave Foley (Voz de Flick); Kevin Spacey (Voz de Hopper); Julia-Louis Dreyfus (Voz de la Princesa Atta); Hayden Panettiere (Voz de Dot); Phyllis Diller (Voz de la reina); Richard Kind (Voz de Molt); David Hyde Pierce (Voz de Slim); Joe Ranft (Voz de Heimlich); Denis Leary (Voz de Francis); Jonathan Harris (Voz de Manny); Madeline Kahn (Voz de Gypsy Moth); Bonnie Hunt (Voz de Rosie); Roddy McDowall (Voz de Mr. Soil); Michael McShane, John Ratzenberger, Brad Garrett, Edie McClurg, Alex Rocco.

Sinopsis: Harta de que los saltamontes se queden con la comida que tanto trabajo cuesta recoger, Flick, una hormiga joven y con iniciativa, va a la ciudad para encontrar guerreros que les ayuden a combatir a los saltamontes. Por error, contrata a una compañía de circo.

1998 fue, cinematográficamente hablando, el año de las hormigas, pues en esa cosecha coincidieron dos proyectos de animación que tenían a estos laboriosos insectos como protagonistas. Uno de esos proyectos fue Bichos, película que contribuyó a ratificar el poderío de la factoría Pixar.

La película se inicia con un ejército de hormigas en plena captación de víveres. El problema es que buena parte de esos alimentos va a parar a los saltamontes, que aprovechan su poder intimidatorio para no dar un palo al agua. Flick, una joven hormiga cuyos inventos e ideas nunca son bien recibidas en la muy conservadora colonia a la que pertenece, provoca sin querer que los frutos acumulados se pierdan, y con ello la airada reacción de los saltamontes, cuyo jefe, Hopper, es un matón en toda regla. Dispuesto a repara su error, Flick se ofrece voluntario para ir a la ciudad y contratar guerreros que expulsen para siempre a los saltamontes de la colonia. Los mandamases de ésta aceptan la solicitud, más para quitarse de encima a Flick que por otra cosa. Contra todo pronóstico, la hormiga llega a la ciudad y vuelve con un puñado de acompañantes. El problema es que no son guerreros, sino una troupe circense de escaso éxito.

En Pixar han leído a los clásicos. Es obvio que el argumento de Bichos es casi calcado al de Los siete samurais; el circo hace que a cualquier cinéfilo le vengan a la cabeza grandes nombres como los de Federico Fellini e Ingmar Bergman, por no hablar de La parada de los monstruos. Con todo esto, las cabezas pensantes de Pixar crearon… un film de animación socialista, en el que hasta la princesa arrima el hombro cuando es menester y las hormigas toman conciencia de que ellas son las que trabajan y las que tienen el derecho sobre la comida que recogen; sin ellas, los saltamontes no son nada. Es más, tendrían que ponerse a trabajar para sobrevivir. En el mundo real, las hormigas votan a tipos como Donald Trump y/o abrazan el nacionalismo, que es justo lo que quieren los saltamontes de dos patas y corbatas de seda. Por eso, entre otras cosas, Bichos es un soplo de aire fresco en estos tiempos de memez epidémica.

Una vez más, Pixar consiguió crear una película infantil fantástica para su público objetivo y perfectamente disfrutable por cualquier adulto (saltamontes al margen, por supuesto) con un mínimo de inteligencia y sentido de la estética. Porque de eso, cómo no, Bichos va sobrada: las numerosas escenas de masas, así como la parte de la película que muestra la estancia en la ciudad de Flick, están resueltas en ese modo maravilla frecuente que es patrimonio exclusivo de los grandes artistas o, como en este caso, de los grandes colectivos de artistas. Sumen a esto un ritmo frenético, un sinfín de divertidos guiños al espectador crecidito (el hartazgo de la mariquita macho, por poner un ejemplo) y un gran número de personajes entrañables cuyas líneas de diálogo muestran que los buenos sentimientos no tienen por qué ser sinónimos de la estupidez. Dicho quede: aunque la magnífica idea de construir un pájaro artificial que ahuyente a los saltamontes sale bien sólo a medias, al final el tirano recibe su merecido. Y los niños ríen, y los adultos enemigos de los ogros y de la mediocridad damos palmas con las orejas. La magia del cine, se le llama a esto.

Como ya es marca de la casa, el mimo a la hora de escoger a los actores que dan voz a los personajes principales es extremo. Grandes nombres de la interpretación de nuestro tiempo, como Kevin Spacey o Julia-Louis Dreyfus, superan con nota el reto de no poder recurrir a su presencia física en la pantalla para brillar. Dave Foley, rostro omnipresente en la televisión de este siglo, consigue también destacar dando voz a un protagonista que, además de buenas intenciones, posee la iniciativa y la capacidad para llevarlas a cabo. Veteranos de lujo como Madeline Kahn o Roddy McDowall completan un reparto que, como dije antes, no puede estar mejor elegido.

Existe una práctica unanimidad crítica en cuanto a que Bichos no está entre las mejores obras salidas de la factoría Pixar. El listón está muy alto, qué duda cabe, pero nunca está de más revisar ciertas unanimidades, en especial si hablamos de una película que ha ganado con el tiempo.

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