EL ASESINATO DE LA HERMANA GEORGE

THE KILLING OF SISTER GEORGE. 1968. 138´. Color.

Dirección: Robert Aldrich; Guión: Lukas Heller, basado en la obra de teatro de Frank Marcus; Dirección de fotografía: Joseph Biroc;  Montaje: Michael Luciano; Música: Gerald Fried;  Dirección artística: William Glasgow; Producción: Robert Aldrich, para Palomar Pictures International- The Associates & Aldrich Company-Metro Goldwyn Mayer (EE.UU.-Gran Bretaña).

Intérpretes: Beryl Reid (June Buckridge/Hermana George); Susannah York (Alice Childie McNaught); Coral Browne (Mercy Croft); Ronald Fraser (Leo Lockhart); Patricia Medina (Betty Thaxter); Hugh Paddick (Freddie); Cyril Deleventi (Ted Baker); Sivi Aberg (Diana); Elaine Church (Marlene); William Beckley, Brendan Dillon, Mike Freeman, Maggie Paige, Jack Raine.

Sinopsis: June Buckridge es una veterana actriz que interpreta a la hermana George, uno de los personajes más emblemáticos de una exitosa comedia de la BBC. En la vida real, June es muy distinta al personaje que interpreta: lesbiana, iracunda y alcohólica. Cuando sospecha que los rectores de la Corporación, hartos de ella y de sus escándalos, planean asesinar a su personaje en la serie, inicia una cuesta abajo en la que la principal víctima es su joven amante, Childie.

Nada más finalizar el rodaje de La leyenda de Lylah Clare, Robert Aldrich marchó a Inglaterra a trabajar en un nuevo proyecto, la adaptación de una polémica obra teatral de Frank Marcus. En El asesinato de la hermana George, Aldrich regresó a uno de sus terrenos predilectos: los dramas teatrales (casi siempre femeninos) cargados de tensión. En esta oportunidad, las muy explícitas alusiones al lesbianismo, tema ya insinuado en la anterior obra del director, hacían prever que la película generaría opiniones controvertidas. Así fue, hasta el punto de que el film fue clasificado X en una Norteamérica en la que la reciente derogación del Código Hays no supuso el fin del puritanismo, sino sólo su puntual retroceso. Aldrich recurrió, sin éxito, la calificación otorgada a su película, y este cúmulo de circunstancias afectó de forma muy negativa la carrera comercial del film.

A Robert Aldrich siempre le interesó captar los rincones ocultos del universo femenino, así como mostrar el lado oscuro de la industria del espectáculo. Con esta película, pudo hacer ambas cosas. Recurrió a su guionista favorito, Lukas Heller, para la adaptación a la gran pantalla de la pieza dramática original, e hizo una película valiente, provocadora y de mucho nivel, sin duda merecedora de una acogida superior a la que obtuvo.

La gente tiende a confundir a los actores, en especial a los televisivos, con los personajes que interpretan. En el caso de June Buckridge, el contraste entre actriz y personaje no puede ser mayor. Pese a su lengua afilada, su descarado lesbianismo y su gran afición a la ginebra, el éxito le sonríe: la hermana George, su personaje en la serie, es uno de los más antiguos y populares, y además tiene una amante joven y bella con la que vive. Todo cambia cuando descubre que los productores de la serie, deseosos de modernizarla y hartos del carácter de June, deciden asesinar a su personaje. La veterana estrella, que se creía imprescindible, se sumerge en una espiral de paranoia, celos compulsivos y mucha ginebra.

En mi opinión, el único defecto relevante que puede achacarse a la película es la presencia de algunas escenas reiterativas en la casa que comparten June y Alice, que dilatan innecesariamente un metraje ya de por sí generoso. Por lo demás, Aldrich sigue en muy buena forma, su pulso narrativo es aquí tan firme como en sus mejores obras, su dirección de actrices es brillante, y la cámara se mueve con precisión no exenta de virtuosismo, aprovechando de forma espléndida las posibilidades fílmicas de los escenarios en que se desarrolla la acción. Siendo una película valiente por lo explícito de su exposición de las relaciones lésbicas, quizá lo que más llame la atención sea una elipsis: en ningún momento vemos nada de lo que ocurre en el asiento trasero del taxi al que se sube una embriagada June, pese a estar ya ocupado por dos jóvenes novicias: las miradas del taxista y el posterior accidente dicen más que cualquier otra cosa que hubiera podido mostrarse. Esta escena, así como la de la fiesta en la que la compañía se despide de la actriz, permite a Aldrich (como casi siempre, apoyado en lo técnico por su eficaz equipo de confianza) mostrar el lado salvajemente divertido de un personaje presa en muchas ocasiones de la histeria. La película, como casi todos los dramas femeninos del director, da muy poca relevancia a los personajes secundarios, pero es magnífica en la caracterización de los principales. Éstos poseen una vida y una riqueza de matices muy por encima de la media. Y sí, habla del lesbianismo, pero también de un personaje complejo y brillante que se derrumba, que sufre y disfruta haciendo sufrir y que, a las puertas de la vejez, se da cuenta de un modo terrible de que el mundo no sólo puede seguir andando perfectamente sin ella, sino que además está deseando hacerlo. Que no puede dejar de ser lo que es, pese a saber que no habrá nadie que detenga su caída. Las dos últimas escenas de la película son magistrales, y nos dejan ver que la hermana George no sólo ha sido asesinada en la ficción, sino que con ella se lleva a la persona real que le dio vida, pues June ha visto cómo se hunde el pilar que sostenía su existencia.

Con todo, lo mejor de la película son las interpretaciones de sus protagonistas, que son superlativas. Beryl Reid, una actriz televisiva y teatral, hace el papel de su vida. Dado su historial como actriz, su elección para incorporar al personaje de June no sólo era del todo punto lógica, sino también un acierto absoluto. Lo que esta mujer hizo a las órdenes de Robert Aldrich debería mostrarse en las escuelas de interpretación. Y no se queda atrás una brillantísima (y muy bella) Susannah York, excelente actriz a la que el cine desaprovechó de manera lamentable. También es digno de verse cómo ella es capaz de pasar, en la misma escena (véase la de la colilla) de ratón a gato, de sumisa a ama. Completa el trío protagonista Coral Browne, actriz de carrera intermitente que repetía con Aldrich y es capaz de hacerse sitio en la película hasta ser una pieza clave en su desenlace.

Dicho queda: El asesinato de la hermana George es una película de alto nivel, a la que quizá le sobren diez minutos, pero que aún así figura entre las obras distinguidas de un gran director cinematográfico. Teatro filmado, sí, pero del bueno. Y muy bien filmado.

 

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